Hoy, 29 de agosto, se cumple un nuevo aniversario del femicidio de la abrapampeña, Cesia Nicol Reynaga, un crimen que marcó para siempre a la localidad puneña, donde desapareció el 2020. Tras días de angustiosa búsqueda, su cuerpo fue hallado el 8 de septiembre en un pozo de agua servida, en el predio del ex matadero. La autopsia confirmó lo que nadie quería escuchar: Cesia había sido víctima de abuso sexual y murió por asfixia mecánica.
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Hoy, 29 de agosto, se cumple un nuevo aniversario del femicidio de la abrapampeña, Cesia Nicol Reynaga, un crimen que marcó para siempre a la localidad puneña, donde desapareció el 2020. Tras días de angustiosa búsqueda, su cuerpo fue hallado el 8 de septiembre en un pozo de agua servida, en el predio del ex matadero. La autopsia confirmó lo que nadie quería escuchar: Cesia había sido víctima de abuso sexual y murió por asfixia mecánica.
Desde entonces, su historia se convirtió en símbolo de lucha, memoria y reclamo. La comunidad no dejó de exigir justicia. Su familia, especialmente su madre, Elisabeth, ha sostenido una batalla incansable contra el olvido.
En diálogo exclusivo con este medio, Elisabeth compartió el peso de estos cinco años sin su hija: “Han sido años muy duros. Vivimos con una herida abierta. No es fácil seguir adelante sabiendo que no hubo justicia. Pero tengo fé en la justicia divina.”
Con la voz quebrada por la emoción, pero con una convicción que conmueve, envió un mensaje a los jóvenes: “Les pido que no se callen. Que hablen, que cuenten lo que les pasó o lo que están viviendo. Que confíen en alguien cercano. Que nunca guarden silencio.”
Elisabeth también apeló a quienes tienen el poder de cambiar las cosas: “Que el caso de Cesia sea el impulso para que se trabaje con más celeridad. Que se instalen más cámaras, que se investigue con compromiso.”
Para sobrellevar el dolor, Elisabeth encontró en las palabras un bálsamo. “Escribo para ella. Me ayuda a calmar esta pena inmensa. Sé que algún día estaremos juntas.” Nos compartió uno de esos textos íntimos que refleja el amor inquebrantable y la resiliencia de una madre que no se rinde:
”A 5 años del asesinato de mi hijita Cesia. Un día como hoy salió y no regresó a casa. El culpable, Lautaro Agüero y familia, creyeron que nunca la encontraríamos, pero olvidaron que hay un Dios que todo lo ve, que no existe lugar donde no nos vea. Hoy es un día muy triste, el más fuerte de todos. A Cesia nunca se le olvidará, daremos lo mejor de nuestras vidas en honor a ella y mi esposo, quien murió creyendo que un día, un día veremos justicia. Hoy seguimos con más fuerzas que nunca creyendo que así será. Nada de lo que pasó quedará en el olvido... al tiempo de Dios se hará justicia. Dios es fiel y creemos en cada promesa que prometió, el la cumplirá. Nuestro gran consuelo, alegría es que volveremos a vernos en una dimensión extraordinaria donde ya no habrá llanto, ni dolor. Que como aquellos días no quedaban lágrimas, ni fuerzas para seguir. Solo queríamos estar con Cesia, hasta comprender que ella no volverá más, sino que nosotros vamos a su encuentro.
Hoy 29 de agosto de 2025 agradecida a Dios por haberme permitido disfrutar de mi hijita 20 años. Hoy Cesia y su papá, mi compañero de la vida, están juntos y de seguro esperando ese encuentro que no tendrá fin. Los amamos, los extrañamos siempre, siempre.
Imposible olvidarlos mis valientes guerreros! Ustedes nunca se fueron, no están muertos, siguen vivos. La manera de partir nunca será olvidada.
¡Cesia y Samuel siempre, siempre presentes!
Nunca me cansaré de agradecer a todos el apoyo brindado a toda mi familia hasta el día de hoy. Gracias...! Dios es bueno al darme tanto, en el momento que nunca imaginamos vivir. Gracias a tí Jesús, si no sería por ti no estaríamos aquí. SE HARÁ JUSTICIA”.
Hace casi dos años, Elisabeth retomó su vocación como docente. En sus alumnos encontró “la mejor terapia”, una forma de reconectar con la vida y de sembrar conciencia.
A cinco años de su partida, el nombre de Cesia Nicol no se borra. Su historia interpela a una sociedad que se niega a olvidar y a un sistema judicial que aún tiene deudas pendientes. Su memoria vive en cada reclamo, en cada marcha, en cada palabra que exige justicia. Porque Cesia no fue solo una víctima. Fue hija, amiga, estudiante, soñadora. Y hoy, su ausencia sigue gritando por todas las que ya no están.