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Reflexión en tiempos de cuarentena

El padre Maccagno exhortó a descubrir los aprendizajes de esta experiencia que puso en jaque a la humanidad.
Jueves, 02 de abril de 2020 01:00

El padre Germán Maccagno reflexionó sobre las enseñanzas que tendría que dejar esta difícil situación que vive el mundo entero. En ese sentido, expresó que ese diminuto virus, invisible a la visión normal de todo hombre, ha puesto en jaque mate a toda la humanidad y vino a enseñarnos que no somos inmortales ni invencibles, que no somos dioses, que somos seres comunitarios, nos llama a revalorizar la familia, a valorar a los servidores públicos, nos invita al silencio, a elevar la una mirada hacia lo alto y a vivir con esperanza.

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El padre Germán Maccagno reflexionó sobre las enseñanzas que tendría que dejar esta difícil situación que vive el mundo entero. En ese sentido, expresó que ese diminuto virus, invisible a la visión normal de todo hombre, ha puesto en jaque mate a toda la humanidad y vino a enseñarnos que no somos inmortales ni invencibles, que no somos dioses, que somos seres comunitarios, nos llama a revalorizar la familia, a valorar a los servidores públicos, nos invita al silencio, a elevar la una mirada hacia lo alto y a vivir con esperanza.

"Estamos todos encerrados, mirando noticias, enviando WhatsApp, empleando las redes, haciendo algo de gimnasia, mirando televisión y un sinfín de estrategias para pasar el tiempo. Quisiera ofrecerles una pequeña reflexión que nos ayude en estos días inéditos que estamos viviendo. Digo inéditos, porque nunca nos ha tocado algo así. Por lo menos en mis años, que ya son varios y nutridos, no he visto ni vivido nunca una situación parecida y nos preguntamos si nos querrá decir algo. Creo que sí", dijo.

"No somos inmortales ni invencibles, el hombre contemporáneo, dueño de un progreso que se ha apoderado del mundo como un nuevo dios, se rinde ante un invisible que amenaza por todas partes, como un enemigo que uno no puede saber por dónde entra a la vida de cada uno. La muerte es una realidad insoslayable, que el hombre moderno no quiere mirar, porque la ha banalizado y es trágico perder el sentido sagrado de la muerte. Y la muerte nos ha venido a visitar de improviso, para que aprendamos que somos frágiles y que a la vida hay que mirarla desde el final, no sólo desde lo inmediato", dijo tras acotar que si después de la muerte no hay nada, la vida pierde sentido. "Si afirmamos como creyentes que después de la muerte viene la vida con mayúsculas, la vida cobra sentido como un viaje hacia el encuentro definitivo y gozoso con el Señor. ¿Nos hará aprender el virus que hay que vivir con sentido de trascendencia?".

En otro párrafo, se refirió al endiosamiento del ser humano. "No somos dioses. El hombre contemporáneo cree que puede fabricarse a sí mismo. Hay una ideología que plantea que el hombre puede autoconstruirse prescindiendo de la naturaleza dada. Y el virus nos ha venido a decir que no es así, porque ataca de manera diferente a diferentes personas, niños, jóvenes, adultos, varones y mujeres. Tenemos que aprender que si somos lo que somos es porque hay alguien que nos ha dado la existencia y que el regalo más grande que tenemos que es la vida, es un don de Dios y no una creación humana o una "construcción cultural". La felicidad del hombre está en construir con lo que ha recibido y habiendo aceptado ese don, desarrollarse en todas sus capacidades, pero no en contra de su propia naturaleza", prosiguió.

También indicó que otra premisa a tener en cuenta es la vida en comunidad. "Somos seres comunitarios. La realidad social, el hecho de vivir en comunidad no es tampoco una mera construcción social, o un pacto, sino una realidad humana insoslayable. Hoy se nos pide que seamos solidarios, que aprendamos a cuidarnos, que entre todos podemos salir de esto. Y está bien. El virus nos ha enseñado que la solidaridad triunfa y que el egoísmo mata. ¿Usaremos este criterio para vivir de ahora en adelante?".

Otro llamado que resuena en este tiempo, pone como protagonista a la familia que debe ser revalorizada y protegida. "Estos días nos exigen encontrarnos como familia. Hemos perdido el sentido de la relación cercana, del trato cariñoso, de la convivencia familiar, del diálogo intrafamiliar, de la gratitud y cercanía con los abuelos. En muchas familias el celular impide el diálogo, porque prefieren estar "conectados" y descuidan el estar "comunicados" entre sí. Tendremos que reaprender el diálogo familiar, el gusto de estar juntos, el valorarnos mutuamente, el saber compartir entre generaciones. ¿Haremos de estos días "de familia", días para el reencuentro, para los recuerdos, para el amor a los abuelos, la atención y escucha a los hijos y el culto de las tradiciones recibidas?".

Acotó que es menester valorar a quienes hacen de su trabajo un loable servicio a la comunidad, refiriéndose a los servidores públicos. "En estos días vemos cómo hay gente que a pesar de que debemos estar en casa, tiene que salir a trabajar. Son los médicos, los enfermeros, los funcionarios públicos, los policías, los investigadores, los que proveen de alimentos, los recolectores de residuos. Todos ellos son un ejemplo heroico de amor a la comunidad, de servicio a los demás. Hoy tenemos que aplaudir a tantos hermanos que a pesar de los peligros cumplen con su servicio", finalizó el padre Germán Maccagno.