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San Roque, el santo de las mascotas

Como cada 16 de agosto se recuerda el día de San Roque el santo de los perros, especialmente de los indefensos y de los que viven en las calles, sin casa, alimento y cuidado.

Miércoles, 16 de agosto de 2017 18:53

Protectoras de animales piden festejar esta fecha sin arrojar pirotecnia, ya que estos artefactos ocasionan graves daños en los perros, provocándoles miedo y desesperación. Numerosas mascotas se pierden de sus hogares al querer escaparse de esos estruendos.

San Roque nació en Montpellier, al sur de Francia, hijo de una familia sumamente rica. Muertos sus padres, cuando él tenía 20 años, vendió todas sus posesiones, repartió el dinero entre los pobres y se fue como peregrino hacia Roma a visitar santuarios. En ese tiempo estalló la peste del tifo en Italia y San Roque se dedicó a atender a los más abandonados.

Trabajando en uno de los hospitales, el santo contrajo la mortal enfermedad y decidió trasladarse a las afueras de la ciudad, instalándose en una caverna. Cuando cuerpo se llenó de manchas negras y de úlceras y ya sin fuerzas, un perro lo alimentó llevándole cada día un pan de la mesa de su amo. Después de varios días de repetirse el hecho, el dueño con curiosidad siguió los pasos del perro, hasta que encontró al pobre enfermo y se lo llevó a su casa ayudándolo a restablecerse.

Apenas se sintió curado dispuso el santo volver a su ciudad de Montpellier. Pero al llegar a la ciudad, que estaba en guerra, los militares lo confundieron con un espía y lo encarcelaron. Y así estuvo 5 años en la prisión, consolando a los demás prisioneros y ofreciendo sus penas y humillaciones por la salvación de las almas.

El 16 de agosto del año 1378 murió como un santo, encarcelado pagando una culpa injustamente. Al prepararlo en el ataúd descubrieron en su pecho una señal de la cruz que su padre le había trazado de pequeñito y se dieron cuenta de que era hijo del que había sido gobernador de la ciudad.

Toda la gente de Montpellier acudió entonces a sus funerales, y desde ese momento comenzó a conseguir de Dios admirables milagros y no ha dejado de conseguirlos por montones en tantos siglos.

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