Inmerso en la Península Balcánica, se encuentra Montenegro; un atractivo país donde los paisajes resaltan la espectacular belleza de su geografía excepcional.
El mar mediterráneo combinado con montañas imponentes, cautivaron a Leandro Alfaro, un joven jujeño que, ocho meses atrás, eligió cambiar su destino a través de una alternativa; contemplar la posibilidad de oportunidades de trabajo en Europa para vivir mejor. "Llegué a Francia en junio y empecé a trabajar al toque. Mi francés es básico pero logré salir adelante. Como los argentinos tenemos convenios con otros países, como por ejemplo; Austria, Nueva Zelanda y Japón, es posible trabajar a poco tiempo de llegar. Uno tiene que estar enfocado y tener la voluntad de aprender a cada instante", expresó Alfaro al iniciar su relato sobre la experiencia que implicó cambiar de estilo de vida.
Si bien su presente está en Montenegro, la aventura viajera inició en el país galo donde comenzó prestando servicios en un grupo de voluntariado. "Es lindo, se presentan opciones sobre todo en los hostels en la parte de limpieza, recepción y, a cambio, te dan comida y alojamiento. Conocí la ciudad de Niza y ver que había mar y montañas en un mismo paisaje, fue perfecto", detalló. "Una forma de trabajar en Montenegro es como cuidador de perros en vacaciones ya que cuando la familia se va de casa y el perrito queda, alguien debe cuidarlo; o bien como house sitter que es ser cuidador de casas a cambio de hospedarse", reveló.
Es que integrar voluntariados implica tener otra perspectiva. "Personalmente, me considero muy abierto a la aventura. Tengo nuevas pasiones que son bucear con el snorkel - que es una máscara adecuada para el agua - e ir a castillos abandonados", indicó quien está de novio con una mujer austríaca que conoció el día de su cumpleaños en Francia. "Fue loco por cómo se fueron dando las cosas, pero yo estaba abierto a todo. Pude conocer Austria y lo que más me gustó es la arquitectura, las calles que tienen historia y parecen un museo a cielo abierto", contó. En los tres países, la seguridad y el respeto fue lo más notable porque se encontró con gente que tiene valores humanos y respeto por otras culturas.
En cuanto a la comida, para Leandro, la mejor en todos los sentidos es la argentina. Pero, valora la variedad que ofrecen otras naciones a través de la experiencia al disfrutarlas. "De Francia, me gusta el pain au chocolat que es una factura con barras de chocolate adentro; de Austria el gulash que es como un estofado de carne, el schnitzel que es nuestra milanesa; y de Montenegro, el burek que es una masa como el hojaldre en tarta rellena con ricota y carne", reveló este jujeño que, además, se maravilló con los castillos medievales de piedra en República Checa. No obstante, Hallstatt con sus bosques, fue encantador para sus retinas que vincularon al paisaje casi de manera instantánea con la naturaleza de Yala. "En Niza, hay un río como el Xibi Xibi con varios puentes que lo cruzan", aseguró el ex alumno del Colegio "Antonio María Gianelli" y del Colegio del Huerto.
Después de viajar y de recorrer diferentes lugares de Europa, para Leandro es cuestión de focalizarse en nuevos desafíos. "Si hay algo que puedo aconsejar es que se animen. Por experiencia propia, hay algún clic que resuena y que te llama a viajar. En mi caso, solo porque mi objetivo siempre fue progresar y ser feliz".
Buscando caminos por otros rumbos, se decidió por Montenegro para comenzar a escribir su historia y ser residente, aunque el entusiasmo de conocer el mundo se hace más fuerte por su inquietud de querer ir más allá, sin olvidar sus raíces jujeñas. "Uno tiene que ser feliz donde se encuentre, si no hay felicidad o un disfrute de la vida donde uno está, hay que mover piezas para llegar al bienestar. Esto me pasó y lo aplico en diferentes momentos que vivo", reflexionó anhelando descubrir Japón como futuro destino.