China, Irán y Corea del Norte conformaron este domingo un frente de rechazo internacional contra Estados Unidos tras el bombardeo en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, calificando la operación militar como un acto de "terrorismo internacional" y una violación flagrante a la soberanía.
Los cuestionamientos, que se sumaron a la posición de Rusia, exigieron la liberación inmediata del líder chavista y su esposa, Cilia Flores, mientras la ONU y la Unión Europea manifestaron su preocupación por el quiebre del derecho internacional en la región.
Desde Seúl, según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el gobierno de Kim Jong-un denunció el accionar de la administración de Donald Trump como una "grave violación de la soberanía" y un acto hegemónico. Según el comunicado difundido por la agencia oficial KCNA, el Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano afirmó que "el incidente es otro ejemplo que confirma una vez más la naturaleza deshonesta y brutal de Estados Unidos".
En sintonía, Pekín instó a Washington a garantizar la seguridad personal de los detenidos y a detener el derrocamiento del gobierno venezolano, calificando el ataque de "clara violación del derecho internacional".
Por su parte, el canciller iraní, Abbas Araghchi, tildó la captura de Maduro como un "claro ejemplo de terrorismo de Estado". Tras una comunicación telefónica con el par venezolano, Yvan Eduardo Gil Pinto, el funcionario persa ratificó su apoyo al "gobierno legítimo" frente a lo que describió como políticas autoritarias e ilegales. Pinto, a su vez, elogió la solidaridad de Teherán y aseguró que Caracas está decidida a defender su derecho a la autodeterminación.__IP__
El clima de tensión global se trasladó también a los organismos multilaterales. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la operación constituye un "precedente peligroso" y llamó a un diálogo inclusivo que respete el estado de derecho.
Si bien figuras como Ursula von der Leyen y el canciller francés Jean-Noël Barrot cuestionaron la legitimidad democrática de Maduro, coincidieron en que la solución política no puede ser impuesta desde el exterior, una postura que incluso fue respaldada por la líder derechista Marine Le Pen al sentenciar que "la soberanía de los Estados nunca es negociable".