La problemática por el avance de los loros sobre los cultivos en Palma Sola genera creciente preocupación entre los productores, que advierten pérdidas cada vez más significativas y reclaman una intervención urgente de las autoridades. Un investigador del Conicet explicó que se debe tener una mirada integral y citó una experiencia anterior.
Desde el Consorcio de Riego de Palma Sola, Alejandro Portal describió un escenario crítico. "Esta es la situación del daño que sufrimos con los loros, son hectáreas de maíz perdidas, es grave", afirmó, y ejemplificó que "se deben haber perdido entre 4.000 y 5.000 choclos listos para la venta de Semana Santa. Es desolador".
El impacto no se limita a un solo cultivo ya que además del maíz, los daños alcanzan a la mandarina y a otras producciones regionales. "Encima que no tenemos precio en el producto, es tremendo el daño", lamentó. En total, estiman que más de 2.000 hectáreas, en su mayoría de cítricos, se ven afectadas cada año, con pérdidas que pueden alcanzar hasta el 40% de la producción.
A esta situación se suma el costo adicional que deben afrontar los productores para intentar mitigar el problema por lo que Portal explicó que muchos se ven obligados a contratar personas para ahuyentar a las aves durante toda la jornada. "Hay que pagar gente para hacer la actividad de 'lorero' todo el día para salvar la cosecha", explicó.
El fenómeno también alcanza a otros cultivos como zapallo, coreanitos y distintas verduras, ampliando el impacto económico en la zona. Frente a este escenario, los productores ya elevaron reclamos formales al Ministerio de Ambiente provincial y piden respuestas concretas. "Queremos que el organismo que corresponde trate urgente este problema", sostuvo.
Sin embargo, entienden que las herramientas disponibles son limitadas. "Nosotros no podemos usar métodos de eliminación porque la ley no lo permite", dijo Portal, quien además anticipó que se realizará un relevamiento para cuantificar con mayor precisión los daños, y pretenden que el Estado intervenga.
Mientras tanto, miran experiencias de otras provincias como posibles modelos a seguir. "Nos comentaron colegas de Río Negro que allí el gobierno trata el tema y se controla la plaga", agregó.
Consultado por El Tribuno de Jujuy, el doctor Román Alberto Ruggera, investigador del Inecoa, Conicet y Unju, y docente de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Unju, explicó que se trata de especies nativas con comportamientos complejos y adaptativos. "Especie de loros hay varias, claro, nativas de aquí, más allá de que puedan tener movimientos migratorios y estacionales", detalló, y explicó que estos desplazamientos responden a cambios en las condiciones ambientales.
En ese sentido, explicó que durante el invierno estas aves suelen descender hacia zonas más bajas como Palma Sola o incluso áreas urbanas, mientras que en primavera se trasladan hacia sectores más altos de selvas y bosques montanos.
En la zona de Palma Sola se pueden identificar al menos seis especies de loros, incluyendo aquellas que localmente se conocen como cotorras, catas y calancates. Su alimentación es variada e incluye frutos nativos, aunque también pueden incorporar cultivos introducidos. "Todo loro tiene una alimentación bastante variada y en esa variedad se incluyen, por ejemplo, algunos frutos, como cítricos", explicó.
El problema se acentúa en determinadas épocas del año, ya que la disminución de alimentos en el monte nativo durante la estación seca empuja a estas aves a buscar alternativas. "Cuando el alimento en el monte disminuye, lo más lógico es que busquen lo que tienen a mano, y si hay una plantación con muchos frutos disponibles, van a alimentarse ahí", afirmó.
Además, advirtió que no se trata de una invasión externa, sino de un cambio en el uso del territorio. "Ellos ya estaban en esos lugares. No es que vienen desde cientos de kilómetros; el recurso nuevo es el cultivo", sostuvo.
Otro factor que agrava el impacto es el comportamiento social de estas aves, fuera de la época reproductiva es que suelen movilizarse en grandes bandadas. "Cuando cae una bandada, no caen dos o tres individuos, sino muchos, y eso puede producir un daño importante en las plantaciones", explicó el investigador.
Respecto a su biología, Ruggera indicó que los loros son especies longevas, con una expectativa de vida superior a los 15 años. Se reproducen una vez al año, entre fines de primavera y verano, y cada pareja suele criar entre dos y tres pichones. También destacó que utilizan cavidades naturales en árboles para anidar, lo que refuerza su dependencia del ambiente forestal.
Frente a este escenario, el especialista subrayó que no existen soluciones simples. "Las soluciones de ninguna manera tienen que ser unilaterales", afirmó y planteó la necesidad de estrategias que integren a productores, Estado y comunidad científica.
Experiencia con eje social
En esa línea, Román Alberto Ruggera, investigador del Inecoa, Conicet y Unju, ante la misma problemática recordó experiencias pasadas de manejo sustentable, como un “proyecto ELE” implementado hace más de dos décadas que permitía la comercialización controlada de ciertas especies.
“Era una manera de integrar una problemática con rédito económico, sin afectar las poblaciones”, explicó y aseguró que este tipo de iniciativas, también contribuyeron a la conservación del monte y a mejorar las condiciones de las comunidades locales.
“Se llamó proyecto ELE que era relacionado a la comercialización del loro hablador, un proyecto en donde se comercializaba hasta cierto número de individuos en diferentes lugares del mundo, y que lo bueno que tenía es que con el dinero generado por la exportación se el proyecto se autosustentaba”, relató el experto. Este proyecto, que abarcaba el Gran Chaco, permitía un control técnico y reducía la tala ilegal de quebrachos, los cuales eran talados para extraer los pichones de las cavidades.
“Lo que hizo este proyecto fue disminuir la cadena de comercialización, y controlar el método de extracción y la cantidad de pichones extraídos.
El pago hacia estas comunidades originarias y criollas era fiscalizado y el rédito para ellos era mucho mayor, haciendo que represente un modo de subsistencia, y evitando que se usen otros recursos nativos en compensación. Y esto se hacía permitiendo al mismo tiempo que las poblaciones de esa especie de loro siga creciendo”, recordó Ruggera.
No obstante, reconoció que esta iniciativa tuvo detractores y no es una solución simple de aceptar para aquellos que trabajan en la conservación de la naturaleza.
Sucede que este tipo de programas generan debate, ya que implican la utilización de fauna nativa. Aun así, insistió en que cualquier enfoque debe contemplar las dimensiones productivas, sociales y ambientales. “En la conservación de la naturaleza nunca podemos dejar de tener en cuenta el eje social y económico”, concluyó.