Sabido es que hasta la llegada de los españoles a este continente, la guitarra era desconocida en América y aún más la gran familia de los cordófonos, eran desconocidos en nuestro continente. Eran los percusivos (tambores, cajas, etc) y los aerófonos (quenas, erkes, erquenchos, flautas, etc. fabricados con hueso y o piedras moldeadas y/o, cañas).
Bien, La Orden Misional de los Jesuitas, fundada en Europa por el luego, San Ignacio de Loyola, llegaron a América, hacia mediados del s. XVI. Ellos con su labor Docente - Misional, expresada a través de la enseñanza y fabricación de instrumentos musicales, junto al el canto coral Barroco, de carácter divino, cobró especial preponderancia entre sus objetivos.
Al respecto y si bien también fueron difusores de la guitarra, le otorgaron gran preponderancia a la presencia de otros instrumentos de cuerdas: arpa, violín, cello (en sus variantes), etc. A punto tal que, llegaron a fabricarlos los mismos nativos, en las distintas Misiones, bajo la atenta enseñanza y supervisión de expertos sacerdotes luthiers. Un aspecto importante que ellos supieron aprovechar para entonces, fue la presencia las valiosas maderas que, existían en los extensos bosques y regiones selváticas, logrando de tal amalgama, una acabada perfección que los mismos -es importante decir- exportaban a Europa al tiempo que también, los introducían en los dominios del Virreinato del Perú.
En Europa y a su tiempo, la actual guitarra fue resultado del laud luego, la vihuela (de cinco cuerdas) y con el agregado de una sexta cuerda esta, pasó a convertirse en: guitarra. Hasta aquí, una breve síntesis de la guitarra. Se dice que fue el Marqués de Castell DosRius, quien originalmente llevó la guitarra al Perú, para ser con el tiempo, el instrumento popular por antonomasia y aquí es importante significar que por popular no debe entenderse a todas las clases sociales, ya que la guitarra para entonces era privilegio de las clases encumbradas. Si bien los nativos de condición inferior quedaron embelesados al escuchar buenamente, el tañido de sus cuerdas la misma para ellos, era un sueño inalcanzable.
En este punto hay que destacar el talento natural de nuestros pueblos originarios ya que ellos se encargaron, según las palabras del Indigenista, Antropólogo y Escritor Peruano José María Arguedas, de dar forma al, “Proceso de Indigenización de las Cuerdas”. Esto dio lugar a la aparición a partir del tiple español, de otros instrumentos cordófonos: El Cuatro, en la actual Venezuela, el Cavaquinho en Brasil y el charango en la América andina. Eso tal vez, hasta la aparición de talleres dedicados casi específicamente a la fabricación de guitarra en Brasil y más tarde, en Saldán, Provincia de Córdoba. Indefectiblemente y más temprano que tarde, la guitarra debía hacer acto de presencia en las primitivas postas, pulperías y chicherías del continente y por consiguiente, llegar a las manos de los Llaneros venezolanos, los Caboclos del Brasil, los Huasos Chilenos y a los primitivos Gauderios, hombres de a caballo según una voz portuguesa, origen de la palabra Gaucho. Desde el actual sur del Brasil, pasando por Uruguay hasta aquerenciarse definitivamente en nuestras pampas, selvas y montañas de la actual Argentina. A su vez las guitarras mejicanas en el norte del continente tuvieron algo o, mucho que decir en las manos de sus Mariachis dando así bellas músicas para deleite de melómanos de toda condición.
Mientras tanto en Europa España sobre todo, la guitarra en Europa alcanzó un grado tal de perfeccionamiento musical de la mano de instrumentistas entre otros: Vicente Espinel, Luis de Narvaez, Fernando Sor de quien se dice, dio algunas clases a nuestro General José de San Martín, dándole como lección a aprender su luego famoso, “Estudio para la Gota de Agua”. Al respecto, que San Martín lo estudió, lo estudió si lo aprendió, no existen registros. La guitarra en América mientras tanto y en su derrame a la popularidad tuvo otras connotaciones que el destacado Musicólogo Uruguayo, Lauro Arestarán da cuenta en su libro “Músicos Argentinos en la Dominación Hispánica” y aquí, hacen sus apariciones las pulperías, chicherías y demás locales de frecuentación popular, la guitarra siendo esta testigo involuntario de harto grescas muchas, con características criminales, cargando con el injusto mote de ser instrumento de “borrachines, vagos y mal entretenidos”. Huelga decir que esto, no fue así en todos los casos.
Ya se encargarían con el tiempo de desmentir tal categorización, gracias a nombres tales como: Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Abel Fleury, Ernesto Bitetti, Walter Heinze, Abel Carlevaro, Baden Powell, Agustín Barrios, etc., quienes entre otros notables, llevaron a máximas alturas del mundo el nombre de la guitarra del sur de nuestro Continente. Y si hablamos de la Guitarra en el Canto Criollo y específicamente, de Argentina ella, ha sufrido sus influencias regionales allende, nuestros actuales límites, por ejemplo: desde el noroeste, la guitarra sirvió para acompañar formas musicales diversas en gran medida, provenientes del antiguo, Alto Perú (actual Bolivia): la Zamacueca Peruana, la cual derivó en nuestra forma musical por antonomasia: la Zamba, el Bailecito (“Bailecito de la Tierra”, según denominación del tradicionalista Peruano, Ricardo Palma), La Cueca Boliviana y/o, Chilena, el Huaino y más atrás, la Cashua precolombina, padres a su vez, de nuestro Carnavalito.
Y hacia el centro-norte, Santiago del Estero con sus Chacareras y Vidalas que bien supo expandir, me refiero a sendas formas musicales hacia las provincias vecinas de nuestro noroeste. A su vez y al noreste, Paraguay, jugo su influencia en el canto de nuestro litoral así, la Guarania y la Galopa (sucedánea de la polka europea) fueron la génesis para el Chamamé, género musical por excelencia, en nuestra Mesopotamia. El Canto de la Pampa Bonaerense por su parte, si bien tuvo influencia desde el antiguo Alto Perú a través, del Yaraví el cual, fue la génesis del Estilo Pampeano y luego derramado este hacia la región de Cuyo, a través de la Tonada Estilo, muy de San Luis y el Estilo Cuyano con más presencia en Mendoza. Por lo demás, hay que hablar del sur de Brasil y Uruguay, como introductores de la milonga pampeana (Milonga, voz de raíz portuguesa que significa, melodía larga). La vidalita, es otra forma musical de nuestra llanura descendiente junto con la milonga, de la Habanera de Cádiz. Hay que decir que a la primitiva milonga brasilera, le dio su aporte la poliritmia de los tambores, provenientes de las antiguas colonias portuguesas en el continente africano. De ahí entonces, la milongacandombe del Uruguay, muy arrimada a nuestra milonga ciudadana y su sucedánea, la Milonga Corralera.
Una acotación que considero importante es que el canto, va acompañado mayoritariamente de, un grupo de guitarras en nuestro noreste y centro del país, más dados a los bailes de parejas sueltas.
La guitarra de la pampa sirvió para acompañar el canto solista en la milonga, la Cifra y el estilo que no eran o son, bailables. No así, otras formas propias de la llanura como: La Media Caña, el Pericón y el Cielito, provenientes de la Contradanza Europea y que si, son de parejas sueltas. También y por último la guitarra en este caso Ciudadana, acompañó a grandes exponentes como Carlos Gardel, Edmundo Rivero, Agustín Magaldi e Ignacio Corsini, entre otros. Esto es, tanto en el Tango como el Vals por ejemplo, otra vertiente de las ya vistas que alcanza al Canto Criollo en la Guitarra. No sin antes, dejar para el final esto extraído de mis “Coplas Sanantoneñas”, de los tiempos que componía novillos en la zona de La Toma: “àVerano de San Antonio / se hacía duro trabajar /sudando bajo la parra /meta guitarra y cantar”.-