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La guitarra en el origen y evolución de la canción criolla

Miércoles, 29 de abril de 2026 21:00

Sabido es que hasta la llegada de los españoles a este continente, la guitarra era desconocida en Amé‑ rica y aún más la gran familia de los cordófonos, eran desconocidos en nuestro continente. Eran los percusivos (tambores, cajas, etc) y los aerófonos (quenas, erkes, er‑ quenchos, flautas, etc. fabricados con hueso y o piedras moldeadas y/o, cañas).

Bien, La Orden Misional de los Jesuitas, fundada en Europa por el luego, San Ignacio de Loyola, lle‑ garon a América, hacia mediados del s. XVI. Ellos con su labor Do‑ cente - Misional, expresada a tra‑ vés de la enseñanza y fabricación de instrumentos musicales, junto al el canto coral Barroco, de carác‑ ter divino, cobró especial prepon‑ derancia entre sus objetivos.

Al respecto y si bien también fueron difusores de la guitarra, le otorgaron gran preponderancia a la presencia de otros instrumen‑ tos de cuerdas: arpa, violín, cello (en sus variantes), etc. A punto tal que, llegaron a fabricarlos los mis‑ mos nativos, en las distintas Mi‑ siones, bajo la atenta enseñanza y supervisión de expertos sacerdo‑ tes luthiers. Un aspecto impor‑ tante que ellos supieron aprove‑ char para entonces, fue la presen‑ cia las valiosas maderas que, existían en los extensos bosques y regiones selváticas, logrando de tal amalgama, una acabada per‑ fección que los mismos -es im‑ portante decir- exportaban a Eu‑ ropa al tiempo que también, los introducían en los dominios del Virreinato del Perú.

En Europa y a su tiempo, la ac‑ tual guitarra fue resultado del laud luego, la vihuela (de cinco cuer‑ das) y con el agregado de una sexta cuerda esta, pasó a convertirse en: guitarra. Hasta aquí, una breve síntesis de la guitarra. Se dice que fue el Marqués de Castell DosRius, quien originalmente llevó la guitarra al Perú, para ser con el tiempo, el instrumento popular por antonomasia y aquí es impor‑ tante significar que por popular no debe entenderse a todas las clases sociales, ya que la guitarra para en‑ tonces era privilegio de las clases encumbradas. Si bien los nativos de condición inferior quedaron embelesados al escuchar buena‑ mente, el tañido de sus cuerdas la misma para ellos, era un sueño inalcanzable.

En este punto hay que destacar el talento natural de nuestros pue‑ blos originarios ya que ellos se en‑ cargaron, según las palabras del In‑ digenista, Antropólogo y Escritor Peruano José María Arguedas, de dar forma al, “Proceso de Indigeni‑ zación de las Cuerdas”. Esto dio lu‑ gar a la aparición a partir del tiple español, de otros instrumentos cordófonos: El Cuatro, en la actual Venezuela, el Cavaquinho en Bra‑ sil y el charango en la América an‑ dina. Eso tal vez, hasta la aparición de talleres dedicados casi específi‑ camente a la fabricación de guita‑ rra en Brasil y más tarde, en Sal‑ dán, Provincia de Córdoba. Inde‑ fectiblemente y más temprano que tarde, la guitarra debía hacer acto de presencia en las primitivas pos‑ tas, pulperías y chicherías del con‑ tinente y por consiguiente, llegar a las manos de los Llaneros venezo‑ lanos, los Caboclos del Brasil, los Huasos Chilenos y a los primitivos Gauderios, hombres de a caballo según una voz portuguesa, origen de la palabra Gaucho. Desde el ac‑ tual sur del Brasil, pasando por Uruguay hasta aquerenciarse defi‑ nitivamente en nuestras pampas, selvas y montañas de la actual Ar‑ gentina. A su vez las guitarras me‑ jicanas en el norte del continente tuvieron algo o, mucho que decir en las manos de sus Mariachis dando así bellas músicas para de‑ leite de melómanos de toda condi‑ ción.

Mientras tanto en Europa Espa‑ ña sobre todo, la guitarra en Euro‑ pa alcanzó un grado tal de perfec‑ cionamiento musical de la mano de instrumentistas entre otros: Vi‑ cente Espinel, Luis de Narvaez, Fernando Sor de quien se dice, dio algunas clases a nuestro General José de San Martín, dándole como lección a aprender su luego famo‑ so, “Estudio para la Gota de Agua”. Al respecto, que San Martín lo es‑ tudió, lo estudió si lo aprendió, no existen registros. La guitarra en América mientras tanto y en su de‑ rrame a la popularidad tuvo otras connotaciones que el destacado Musicólogo Uruguayo, Lauro Arestarán da cuenta en su libro “Músicos Argentinos en la Domi‑ nación Hispánica” y aquí, hacen sus apariciones las pulperías, chi‑ cherías y demás locales de frecuen‑ tación popular, la guitarra siendo esta testigo involuntario de harto grescas muchas, con características criminales, cargando con el injusto mote de ser instrumento de “bo‑ rrachines, vagos y mal entreteni‑ dos”. Huelga decir que esto, no fue así en todos los casos.

Ya se encarga‑ rían con el tiempo de desmentir tal categorización, gracias a nombres tales como: Eduardo Falú, Ata‑ hualpa Yupanqui, Abel Fleury, Er‑ nesto Bitetti, Walter Heinze, Abel Carlevaro, Baden Powell, Agustín Barrios, etc., quienes entre otros notables, llevaron a máximas altu‑ ras del mundo el nombre de la gui‑ tarra del sur de nuestro Continen‑ te. Y si hablamos de la Guitarra en el Canto Criollo y específicamente, de Argentina ella, ha sufrido sus influencias regionales allende, nuestros actuales límites, por ejemplo: desde el noroeste, la gui‑ tarra sirvió para acompañar for‑ mas musicales diversas en gran medida, provenientes del antiguo, Alto Perú (actual Bolivia): la Za‑ macueca Peruana, la cual derivó en nuestra forma musical por anto‑ nomasia: la Zamba, el Bailecito (“Bailecito de la Tierra”, según de‑ nominación del tradicionalista Pe‑ ruano, Ricardo Palma), La Cueca Boliviana y/o, Chilena, el Huaino y más atrás, la Cashua precolombi‑ na, padres a su vez, de nuestro Carnavalito.

Y hacia el centro-norte, Santiago del Estero con sus Chacareras y Vi‑ dalas que bien supo expandir, me refiero a sendas formas musicales hacia las provincias vecinas de nuestro noroeste. A su vez y al no‑ reste, Paraguay, jugo su influencia en el canto de nuestro litoral así, la Guarania y la Galopa (sucedánea de la polka europea) fueron la gé‑ nesis para el Chamamé, género musical por excelencia, en nuestra Mesopotamia. El Canto de la Pam‑ pa Bonaerense por su parte, si bien tuvo influencia desde el antiguo Alto Perú a través, del Yaraví el cual, fue la génesis del Estilo Pam‑ peano y luego derramado este ha‑ cia la región de Cuyo, a través de la Tonada Estilo, muy de San Luis y el Estilo Cuyano con más presen‑ cia en Mendoza. Por lo demás, hay que hablar del sur de Brasil y Uru‑ guay, como introductores de la milonga pampeana (Milonga, voz de raíz portuguesa que significa, melodía larga). La vidalita, es otra forma musical de nuestra llanura descendiente junto con la milonga, de la Habanera de Cádiz. Hay que decir que a la primitiva milonga brasilera, le dio su aporte la polirit‑ mia de los tambores, provenientes de las antiguas colonias portugue‑ sas en el continente africano. De ahí entonces, la milongacandombe del Uruguay, muy arri‑ mada a nuestra milonga ciudadana y su sucedánea, la Milonga Corra‑ lera.

Una acotación que considero importante es que el canto, va acompañado mayoritariamente de, un grupo de guitarras en nues‑ tro noreste y centro del país, más dados a los bailes de parejas suel‑ tas.

La guitarra de la pampa sirvió para acompañar el canto solista en la milonga, la Cifra y el estilo que no eran o son, bailables. No así, otras formas propias de la llanura como: La Media Caña, el Pericón y el Cielito, provenientes de la Con‑ tradanza Europea y que si, son de parejas sueltas. También y por últi‑ mo la guitarra en este caso Ciuda‑ dana, acompañó a grandes expo‑ nentes como Carlos Gardel, Ed‑ mundo Rivero, Agustín Magaldi e Ignacio Corsini, entre otros. Esto es, tanto en el Tango como el Vals por ejemplo, otra vertiente de las ya vistas que alcanza al Canto Criollo en la Guitarra. No sin an‑ tes, dejar para el final esto extraído de mis “Coplas Sanantoneñas”, de los tiempos que componía novillos en la zona de La Toma: “àVerano de San Antonio / se hacía duro tra‑ bajar /sudando bajo la parra /meta guitarra y cantar”.-

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