"Al gran maestro de cirujanos. Su vocación no conoció límites, su recuerdo no conocerá olvido, su calidez y sabiduría curó más allá de la medicina. Su liderazgo deja huella imborrable en la historia del hospital 'Pablo Soria'". Esta frase, grabada en una placa de bronce, sintetiza la grandeza de Carlos Javier Sivila Soza, el médico quiaqueño que hizo de la medicina un sacerdocio. Su fallecimiento, el 10 de agosto pasado, generó una enorme tristeza en la comunidad médica jujeña y entre los cientos de pacientes que invadieron las redes sociales para expresar su agradecimiento al profesional para quien la salud no era un acto de comercio.
Su esposa, Silvia Salvatore, apeló a una metáfora al momento de hablar de la partida del eminente médico. Ese día "los quirófanos de Jujuy lloraron. Lloraron porque Carlos a la hora que lo llamaban" estaba dispuesto para atender una emergencia o asistir a algún colega y no le importaba si el paciente tenía obra social o no. Era un servidor público que "jamás se interesó por hacer dinero con la medicina" porque para él lo prioritario pasaba por salvar vidas. Es más, la mayor parte de su existencia no tuvo casa propia. Era común que llegara a su hogar con "un cajón de tomates o un lechonchito" que le regalaban sus pacientes agradecidos.
Gran parte de su carrera de médico cirujano la hizo en el hospital "Pablo Soria". La Sala 5 de Cirugía de Tórax lleva su nombre. La imposición -a pedido del personal- tuvo lugar recientemente en el marco del 66 aniversario del nosocomio. De esta manera se reconoció la trayectoria profesional, científica, académica y humanitaria de Sivila Soza, especialmente su invalorable aporte al desarrollo de la cirugía de tórax y a la formación de médicos del Soria. En ese ámbito impulsó la modernización de las técnicas quirúrgicas, liderando intervenciones de alta complejidad.
Su gran formación y creatividad lo llevaron a concebir técnicas para abordar cirugías e incluso llegó a inventar un aparato que, como era tan generoso, compartió con médicos tucumanos que terminaron patentándolo sin su consentimiento.
A la docencia la llevaba en el alma. Fue instructor en los servicios de Quirófano y Guardia, inculcando a las nuevas generaciones de médicos que la excelencia científica en el manejo del bisturí debe ir indefectiblemente unida a "una calidez empática y digna al pie de la cama del paciente". Además de formar residentes tuvo a su cargo el proceso de evaluación, designado especialmente por el Consejo de Médicos de Jujuy.
Socio fundador de la Asociación Jujeña de Cirugía, consagró más de cinco décadas de su vida al ejercicio de la medicina, siendo un incansable promotor de la actividad sanitaria. En febrero de 2015 fue declarado Ciudadano Ilustre en La Quiaca.
Sus amores
En lo personal, con Silvia Salvatore, vivió una historia de amor con la misma pasión que la medicina. Estuvieron casados por más de cincuenta años y tuvieron siete hijos: Jimena, Javier, Raquel, Carla, Alejandra, Lucía y Mateo.
Ella tenía 19 años cuando lo conoció en el entonces hospital "Juan F. Salaberry" de Buenos Aires. Se cruzaron en una escalera y comenzaron a conversar. El flechazo fue fulminante: "Ni llegamos a los 9 meses nos casamos", expresó Salvatore. En aquel momento él fue muy claro en cuanto a su profesión cuando le dijo "'te invito a compartir mis tiempos libres, porque lo otro se lo dedico a la medicina'. Eso marcó nuestra historia de vida, porque podía estar en un cumpleaños, una Navidad, lo que sea, pero lo llamaban por una cirugía complicada y se iba a meter al quirófano. El eje de su vida ha sido la salud. A mí me lo dijo el día que me conoció", reiteró su esposa.
Tras recibirse de médico en la Universidad Nacional de La Plata, Sivila Soza trabajó en la época de gloria del hospital Francés, en Buenos Aires, integrando la elite de los médicos argentinos de aquel entonces. Pero dejó todo para hacer medicina en su provincia "porque siempre quiso volver a Jujuy", sostuvo Salvatore.
Una vida muy linda
Hijo de José Sivila Soza y Rosario Flores, fue el cuarto de los cinco hijos del matrimonio. Nació en La Quiaca el 22 de junio de 1945 y falleció en San Salvador de Jujuy el 10 de agosto pasado. Su padre fue un sastre muy conocido en la Puna jujeña.
Realizó los estudios primarios en la escuela N° 86 "Hipólito Yrigoyen" de La Quiaca y como en la ciudad fronteriza no había secundarios tuvo que emigrar a la capital provincial para seguir su formación en el Colegio 1 "Teodoro Sánchez de Bustamante". Fue tal su sentido de pertenencia con el prestigioso establecimiento que sus siete hijos son egresados de la casa de estudios.
Gran lector y estudioso, tenía una importante biblioteca. Aprendió varios idiomas, sobre todo francés -por una cuestión económica- ya que los libros de medicina en ese idioma son más baratos que los escritos en inglés. "Mi papá leía mucho, tuve un padre muy culto que le encantaba saber", relató Jimena Sivila Soza, la hija mayor del reconocido cirujano. "Tengo un recuerdo de que descubre la medicina cuando de niño intentó salvar un conejo", contó, y ante la consulta de este diario, respondió que su padre pudo sanar al animalito en cuestión.
Amante de la naturaleza, compartía en familia el avistaje de aves en las Lagunas de Yala, le gustaba la pesca y disfrutaba mucho del mar. Recordó que cuando su padre vino a radicarse a la capital provincial para cursar la secundaria, lo primero que se propuso fue meterse en una pileta porque quería aprender a nadar. Ya en aquellos tiempos era un estudioso al punto que gracias a sus conocimientos de geografía se ganó su primera bicicleta en un concurso organizado por una radio local.
"Me sana un poco el alma saber que mi papá todos los días que no estaba con nosotros, que estaba metido en el hospital, en una clínica, había una cantidad de personas que le estaban diciendo gracias, que lo respetaban. Mi papá tuvo una vida muy linda. Qué grato saber que todos los días de su vida tenía una persona al lado que le agradecía, que lo reconocía", agregó emocionada la joven que compartió con nuestro diario las palabras que le dijo a su padre al momento de su partida: "Ponete el ambo blanco y volvé a tu querido hospital".