Durante el mes de agosto es común ver los puestos de las ferias o ambulantes con bandejas con polvos de todos los colores y diferentes preparados ya empaquetados para sahumar, uno para cada intensión. Con el paso del tiempo estos productos se popularizaron como parte de la ceremonia de la Pachamama ya que resultan prácticos por estar listos para usar pero, a diferencia de la tradición popular, existe otra manera de preparar los sahumerios con origen en lo ancestral e indígena y basada estrictamente en la cosmovisión andino-quechua.
La alternativa está explicada por el investigador y profesor de quechua, Wanka Willka en su libro Revelaciones de la Pachamama, donde propone recuperar elementos naturales y cotidianos para acompañar la ceremonia.
Para preparar el sahumerio menciona coa, una hierba aromática andina; hojas de coca; cortar unos cuantos cabellos de la mollera de las personas presentes y pelos de la punta del rabo de perros, gatos, conejos u otras mascotas de la casa. También hace referencia a plumas de gallinas y de cualquiera de los animales que formen parte de la familia.
La propuesta tiene una diferencia muy grande con los actuales preparados comerciales, en su visión no se trata de elegir un polvo determinado para lo que se desea conseguir. Por el contrario, en la concepción de Willka, la ceremonia de la Pachamama no consiste en hacer pedidos para obtener dinero, amor, trabajo o prosperidad.
El investigador en su obra explica que la Pachamama no es una diosa, una santa o una divinidad que premie, castigue o conceda deseos. La ceremonia es, en cambio, una práctica ancestral de respeto y principalmente de vinculación con la naturaleza y con los ciclos del espacio que habitamos.
Es que describe que etimológicamente y traducido al castellano Pachamama significa: madre espacio-tiempo (pacha: espacio - tiempo) y (mama: madre). El sustantivo tierra es Allpa o Jallpa y para ser Madre Tierra tendría que llamarse Mama Jallpa.
Antes de sahumar
Dentro de las recomendaciones que Willka realiza para el momento de la ceremonia aparece otro detalle poco conocido y es sobre los metales que portan las personas.
Según explica, antes de comenzar es conveniente despojarse o camuflar objetos metálicos como monedas, anillos y aros, porque se considera que el metal puede bloquear o desviar la irradiación y los efectos de las energías telúricas.
Sin embargo, hace una distinción con el oro y la plata que tienen un comportamiento diferente frente a esas energías.
También en su obra propone que, antes de iniciar la ceremonia, se anuncie la presencia a las montañas o cerros tutelares del lugar. Se trata de los cuatro cerros más altos de la zona, a los que se dirige la ofrenda como gesto de respeto y vinculación.
Otra de las prácticas que describe es la de masticar coca para observar el estado de armonía de quienes participan. En su interpretación, el sabor que adquiere la hoja puede funcionar como una señal sobre la disposición de los presentes, por ejemplo, agrio si existe disconformidad, agridulce si persisten dudas y dulce cuando existe una adecuada predisposición para la ceremonia.
Ceremonia, no un pedido
La diferencia entre ambas formas de entender el sahumerio también permite recuperar un concepto central del libro Revelaciones de la Pachamama que es que la ceremonia no debe confundirse con una práctica para obtener favores.
Para Willka, la Pachamama tampoco castiga ni genera maldiciones. Sus manifestaciones deben ser interpretadas como advertencias y anuncios vinculados con los ciclos naturales.
Por eso, frente a una oferta comercial que asigna a cada color un deseo diferente, su propuesta vuelve a lo elemental: una hierba aromática, hojas de coca y elementos provenientes de quienes habitan la casa.
Además, advierte que los sahumerios ya preparados y comerciales pueden contener componentes químicos que no resultan compatibles con la naturaleza. Así, su planteo es que el fuego utilizado durante la ceremonia debe ser natural y que, por lo tanto, resulta más apropiado recurrir a elementos de origen natural.