En julio de 1812, la guerra revolucionaria había llegado nuevamente al norte, las fuerzas realistas avanzaban desde el Alto Perú hacia las provincias del Río de la Plata y el Ejército del Norte, bajo el mando de Manuel Belgrano, se encontraba en una situación compleja.
Belgrano había asumido la conducción de las fuerzas patriotas en mayo de ese año y estableció su comando en Jujuy. Desde allí debía organizar la defensa frente a un ejército enemigo que avanzaba hacia el sur. La situación militar llevó al jefe patriota a disponer el repliegue de sus tropas y a preparar una retirada que involucraría también a la población.
La orden del 29 de julio
El 29 de julio de 1812, desde el Cuartel General de Jujuy, Belgrano emitió un bando dirigido a los habitantes de la provincia. El documento establecía las condiciones de la retirada y buscaba impedir que las fuerzas realistas pudieran aprovechar los recursos existentes en el territorio.
La decisión era de enorme gravedad. No se trataba solamente de movilizar un ejército: la población debía abandonar sus hogares y trasladarse hacia el sur junto con las fuerzas patriotas.
El Archivo General de la Nación conserva el documento y lo identifica como el exhorto mediante el cual Belgrano ordenó el éxodo de la población jujeña.
Sin recursos para el enemigo
La estrategia implicaba privar a las tropas realistas de todo aquello que pudiera facilitar su avance. La orden contemplaba el traslado de bienes y recursos que pudieran ser aprovechados por el enemigo y, cuando no fuera posible transportarlos, su inutilización. La lógica militar era clara: si los realistas ocupaban Jujuy, no debían encontrar allí alimentos, animales, mercaderías u otros elementos que permitieran sostener su campaña.
Pero detrás de esa estrategia había un enorme costo para los habitantes. Abandonar la ciudad significaba dejar casas, campos, comercios y pertenencias. Para muchas familias, la retirada suponía desprenderse de prácticamente todo lo que habían construido.
Preparar la partida
El Bando fue emitido el 29 de julio, pero la partida definitiva se produjo el 23 de agosto. Durante esas semanas se organizaron los preparativos para la retirada y el Ejército del Norte continuó su repliegue hacia el sur. Finalmente, el 23 de agosto, la población jujeña emprendió el camino junto con las fuerzas patriotas. El destino era Tucumán, donde Belgrano buscaría reorganizar su ejército y enfrentar nuevamente a los realistas. El Éxodo, por lo tanto, no fue un episodio aislado. Formó parte de una estrategia militar que buscaba ganar tiempo, preservar las fuerzas patriotas y evitar que el enemigo pudiera abastecerse durante su avance.
Del Éxodo a Tucumán
La retirada permitió que Belgrano reorganizara sus fuerzas en Tucumán. El 24 de septiembre de 1812, poco más de un mes después de la partida de Jujuy, el Ejército del Norte enfrentó a las tropas realistas en la Batalla de Tucumán.