La belleza exótica de un plumaje exuberante, resalta en todo su esplendor. Desde su cresta como una preciosa cascada de seda que en su andar se luce.
De porte elegante y presto a la observación atenta de su entorno, la gallina sedosa es original a primera vista, sorprendiendo a todos con una presencia distinguida que la hace única.
Con su naturaleza especial, no se parece a un ave convencional, ya que en su raza combina la suavidad con la esencia de un carácter tan dócil que puede convivir con otros ejemplares, en calma.
Adorable en sus rasgos, su piel oscura llama la atención al igual que la particularidad de tener cinco dedos en sus patitas que se perciben en su todo ornamental. Y en su gama de colores, puede tener variantes desde el blanco íntegro, el gris, el negro, el chocolate o el dorado.
Es, sin dudas, protagonista de la granja "'El Chasqui' Santos", donde se muestra íntegra ante las visitas guiadas, desplegando su singular figura dentro de un entorno acorde, en el que la maravilla -en sí- es verlas protegidas. Así, con una impronta propia, se da su lugar en el campo de Lozano desde el año 2019, donde habita en paz.
Cada ejemplar se encuentra bajo el cuidado de Manuel Jesús Santos, quien se dedica a criar esta raza tan hermosa como interesante.
"Son muy inteligentes y mansas, parecidas a las gallinas convencionales en cuanto a su conducta, sólo que son más llamativas por su pelaje", expresó Santos sobre los especímenes que admira y protege cada día.
De buen comer, las aves se nutren con alimento balanceado especial, algunas verduras y agua para hidratarse. "Tenemos alrededor de setenta sedosas que viven con otras variedades de gallinas. Es un lugar especial para ellas", indicó orgulloso el responsable del santuario de aves que las resguarda en todo momento.
Otra de las variedades que se puede apreciar en el campo, es la gallina Nagasaki -de raza japonesa- que se muestra con una elegancia sorprendente en tamaño miniatura; con una cola vistosa y las patitas pequeñas que en la granja se pueden observar en tonalidades moteadas y leonadas.
Este santuario natural, donde las aves son el alma del lugar, nació con la idea de criar, alimentar, cuidar y preservar diferentes especies.
Movilizado por el amor hacia los animales desde su niñez, Santos incentiva el valor hacia la vida plumífera, a la cercanía que implica conocer su naturaleza y a proteger las características tan magníficas que enseñan al mundo.
"Empecé esto porque soy hombre de campo, los animales me gustan desde que era chico y esta manera de convivir con ellos, me hace feliz porque los cuido y puedo mostrar a más personas que ellos existen", reveló el joven que, además, trabaja en el tambo de cabras con cría y ordeñe de leche. "El cuidado especial es que no se crucen con otras razas para que permanezcan puras las crías. Nosotros velamos por su genética; si es caoba, rizado o rojo", explicó Santos que adora a sus aves, a las que describió como tan dúctiles que no se "picotean" entre sí.
Al tener un pelaje distinto, precisan de un cuidado especial para su limpieza. "A los sedosos se los baña y se los seca con un secador de cabello, quedan todavía más pomposos". Como razas ornamentales están las Plymouth Rock Barrada, Brahma, Orpington, Fénix, Conchinchina y Sebright, cuyos gallitos cantan. "Pueden vivir hasta los nueve años y después mueren por edad avanzada", detalló.
Desde su labor en la granja, Santos compartió que se trata de respetar y revalorizar a las aves, porque son animales queribles, que sienten y que precisan amor. "Con tan solo verlos, yo soy feliz porque ellos aquí tienen su espacio, juegan y comen de la mano. Son seres vivos y bellos que los niños cuando vienen aprenden a tener conciencia de la existencia de estas aves", dijo Santos, con emoción.