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Personajes para reconocer

Dejaron testimonios de vida del Jujuy de antaño, siendo merecedores del cariño y respeto de la sociedad.

Lunes, 08 de junio de 2026 00:19
GLORIETA DE LA PLAZA BELGRANO | ESCENARIO DE ENCUENTROS MEMORABLES.

Con la idea que quede grabado aspectos del Jujuy de antaño, hoy se recuerda para los que conocieron o los que no saben por curiosidad es bueno volver a vivir tantos años compartidos con personas conocidas por alguna particularidad. Esta es la propuesta de nuestro columnista destacado Fernando Zurueta.

En esta ciudad, hombres trabajadores y respetados por ser buena gente merecen ser reconocidos en una sociedad pequeña y que dejaron testimonios de vida que merecen mantener cariño y respeto.

Raúl, serio, amable, quien trabajó aunque tuvo problemas de movilidad en su cuello debido a un accidente, siendo joven jugando al fútbol, terminó con un problema llamado cervicalgia Al no tener movimiento en su cuello se veía forzado a girar su cuerpo para conversar. De allí surge el apodo: "Caballito de ajedrez" que no le impedía compartir escritos y poemas con Domingo Zerpa y Leopoldo Abán entre tantos temas que les interesaba.

¿Y quién no conocía a Abdón? En su bicicleta se trasladaba diariamente a su trabajo en el Poder Judicial. Siempre vestido con traje, corbata y sombrero que "le daba distinción"´. Se esmeraba por tener limpia su "bici" que también llamada "cleta", que debía estar siempre en condiciones, evitando quedarse a pie y no llegar tarde a su trabajo. Era propietario de dos que celosamente cuidaba: de color negro y otra gris. Llegaba a Tribunales en calle Alvear entre Balcarce y Necochea (funciona en la actualidad la Facultad de Ciencias Económicas) y en su recorrido en bicicleta, al encontrar en su recorrido un pozo con agua que no podía esquivar, no dudaba en bajarse, cargarla en sus hombros y cruzar el charco evitando se le ensucie. Para él este medio de traslado era normal y por lógica debía ser protegida. De allí nació por ser conocido como "Charquito".

Cómo no recordar al inspector de tránsito de la Municipalidad haciendo honor a su apellido: Caballero. Siempre bien vestido con su ropa municipal y al llegar a cumplir sus funciones en su horario habitual subía a una pequeña tarima ubicada en la esquina de calle Lavalle esquina Belgrano. Con respeto dirige el tránsito con silbato mediante, y al advertir que una persona de edad o incapacitada, pretendía pasar de una vereda a la otra, con premura descendía de la tarima y con un gesto y silbato detenía el cruce de los pocos autos que circulaban. De ninguna manera aceptaba una propina a quien ayudaba. El agradecimiento de la gente era tal que más de una vez recibió aplausos y palabras de reconocimiento y fue premiado por las autoridades municipales por su conducta que no podía pasar desapercibida.

Y un italiano corpulento, recorriendo los barrios cerca de la estación vendiendo bollos que, en su español poco entendible, ofertaba pan agregando el nombre "icachero" que traducido significaba pan casero. Termino siguió conocido por "Panicachero" que se lo reconocía cargando sus productos en un canasto y a los gritos invitando a comprar.

O mi amigo Raúl, el barquillero que todos los días ofrecía barquillos transportados en un tacho de color rojo haciendo siempre el mismo recorrido. Su sitio preferido: la plaza Belgrano caminando hasta la Iglesia San Francisco donde continuaba con su oferta.

Y quien no conoció al que vendía diarios en Belgrano y Necochea. El muy querido diariero "Chorba" siempre dispuesto entregando el diario mañanero. No solo conocido por la venta de diarios, además pendiente ofreciendo nuevas revistas que llegaban a Jujuy como Rico tipo, Billiken, el coronel Cañones, Isidoro, Patoruzu, Isidoro, Gente, que eran los semanarios. Al no venderse en cantidad se reservaban que Chorba guardaba cada acercando la revista al domicilio del que le encargó evitando pérdidas en el camino.

El que le hacía la competencia en la venta estaba sentado en la otra esquina de Alvear y Necochea: "El Chato Paton". Al que se le acercaba le prometía la mejor propaganda porque su diario tenía más información que la de su compañero Chorba.

Y a estos recuerdos agrego al "Lalma". En Jujuy, se instaló posiblemente el primer portero eléctrico en casa. Fue un regalo de un paciente agradecido a su médico de confianza entregando un aparato "desconocido". Se colocaba un pulsador en la puerta con un botón que oprimiendo sonaba un timbre en la puerta de casa y se atendía por un teléfono intercomunicador desde el interior de la casa a la vereda. Muchos no tenían idea de lo que era y se sorprendieron con este adelanto. Así fue que un día, un vendedor de fiambres al pulsar el timbre ofreciendo su mercadería al preguntársele por el portero eléctrico quien es fue tal el susto que tuvo que, sin dudar tiró su mercadería y la bicicleta gritando "lalma - -lalma". Fue tal su temor que no salía de su asombro pensar que alguien desde "el más allá lo llamaban". Gracias a un vecino que se acercó y lo tranquilizo ayudándolo a recoger la bicicleta y la mercadería logró calmarse. En conclusión, nunca más apareció temeroso que, al apretar el timbre de la casa, tuviera alguna aparición. De allí le quedó para muchos su nombre "lalma".

El cariñosamente Turco "El perrito" en su almacén frente al cine Select en calle Alvear dedicado a la venta de mercadería al menudeo en general. Azúcar, arroz, garbanzos, fideos, harina, aceite, vinagre, quesos por kilo, pesados en las conocidas "romana" o balanzas de platillo siendo mecánicas. Lo divertido era la muestra de caramelos que ofrecía sueltos o en bolsas y a disposición de sus clientes. Para los chicos sacar unos cuantos si no se dan cuenta eran golosinas tentadoras. Siempre alguno se "avivaba" sacando unos cuantos al descuido y felices al no pagar. Pero advertido el Perrito que siempre observa estos "robos" al ver la acción inmediatamente reaccionaba reprendiendo al picarón con un tirón de orejas y el correspondiente reto. Luego, llegaba el consejo para que no cometa nuevamente esta acción terminando regalándole una golosina.

Vecino del perrito: el "bicicletero Ibarra" que arreglándolas las dejaba como nueva con un producto que él sólo usaba para que quede brillante y no permitía contar con ser el producto de su autoría.

El negocio de los hermanos Siufi era reconocido en sus ventas de productos alimenticios al mayor y menor en calle Alvear cerca de calle Sarmiento. En este negocio en una oportunidad vendían el álbum para llevar con figuritas como aun en la fecha se acostumbra. Y el premio era completar el álbum regalando una bicicleta.

Y muchos recordarán a un estimado colega que con su traje impecable recorría las calles de Jujuy con una característica particular en el uso de sus medias que nunca dejaron de ser blancas. Así se lo reconoció como el abogado de las medias blancas. No dejaba de ser respetado por todos, pero sus medias blancas no pasaban desapercibidas

La "retreta" en la plaza Belgrano no solo fue importante la música, y los coros. Además se realizaba la competencia de quien bailaba mejor. Y el consagrado era Pezzetta que buscaba como compañera a Charito. Bailaba muy lindo y por supuesto se premiaba al mejor.

Con el tiempo aparecieron los vendedores de empanadas (pasando por el puente Lavalle las empanadas de Brasilia (conocidas como bolivianas) con picante que eran extremadamente jugosas. Se agrega vendiendo tamales, humitas, quesillos, bollos.

Alberto Cruz comentó en Facebook que le quedó la imagen de doña Aurora llamada "la vieja de los perros" que no eran menos de seis, ofreciendo lavar ropa a los gritos caminando por el río Xibi Xibi. Ante los abusos de chicos traviesos amenazaba para cuidarse: Ojito que los animalitos son mordedores.

Y para finalizar cómo no recordar la época del secundario en ese entonces como "el Nacional, la Normal, la industrial, el Comercial, el Huerto" entre que así se los conocía y nace el recuerdo de los compañeros excelentes y como era costumbre en ese entonces la presencia de tantos profesores, preceptores y personal caracterizados. Todos serios, respetuosos, y muchos rígidos donde temblábamos con algunos y reíamos con otros. Y por lógica los apodos con sus apodos. siempre usando el artículo el: el "Pollo Gordo", "el Fiero", "el Ñato, "el Coya,", "el Colorao, "la Chata", o "la Teacher" o "Madame, "Sobaco Ilustrado", o "la Mocha", "Mojarra", "Pocholo" , Carrasco Mocha, y preceptoras como la conocida por "Pisa Huevo". De ese mundo está un puente de encuentros de generaciones pasadas en el tiempo con sus particularidades y apodos y aunque no estén hoy, marcaron una época y un sentido recordatorio. (Autoría Fernando Zurueta).

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