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El verdadero trofeo

Domingo, 28 de junio de 2026 20:01

Cada cuatro años, el mundo cree que se detiene para mirar fútbol. Pero, detrás de la pelota, se mueve una de las mayores industrias globales del planeta. El Mundial no es solamente un torneo deportivo: es una plataforma de negocios, diplomacia, turismo, publicidad, tecnología, seguridad, apuestas, derechos televisivos y posicionamiento internacional.

Esta edición rompe el récord de cantidad de países y el formato es de tres sedes. La única vez que un Mundial se había compartido entre varios países fue en 2002, cuando Corea del Sur y Japón organizaron el torneo de manera conjunta.

La organización del Mundial 2026 implica un costo total estimado entre US$ 12.000 y 14.000 millones de dólares. La distribución de esa carga muestra el verdadero modelo de negocios: Fifa administra el torneo, comercializa la marca y captura la mayor parte de los ingresos (estimados en torno a US$ 8.900 millones solo por el Mundial y cerca de US$ 13.000 millones en todo el ciclo 2023-2026).

Mientras tanto, las ciudades sede asumen buena parte de los costos territoriales: seguridad, infraestructura, transporte, logística, servicios urbanos y adaptación de estadios; sin embargo, si se descuentan los costos operativos propios de Fifa, el margen bruto del torneo podría ubicarse aproximadamente entre US$ 5.000 y 5.400 millones; a la vez que el espectáculo es global, pero la factura es local.

La Fifa no es solamente una organización deportiva, es una multinacional del entretenimiento global con estructura federativa, capacidad normativa y una marca que ningún Estado puede fabricar por sí solo. Genera de manera directa unos 185.000 empleos en sus operaciones organizativas. Sin embargo, el impacto de su principal evento -la Copa del Mundo- es mucho mayor: se estima que durante los ciclos mundialistas se crean hasta 290.000 puestos de trabajo en los países anfitriones.

Vende emoción, pertenencia, identidad nacional y espectáculo. Pero también derechos audiovisuales, patrocinio corporativo, exclusividad comercial, datos, hospitalidad premium y acceso a audiencias masivas.

Los sponsors lo saben... Por eso Adidas, Coca-Cola, Visa, Hyundai-Kia, Qatar Airways, Lenovo y Aramco integran la primera línea de socios globales. A ellos se suman patrocinadores específicos del Mundial 2026 como Bank of America, McDonald's, Hisense, AB InBev y Lay's. No pagan solo por aparecer en una cancha, pagan por ingresar en la conversación emocional más grande del planeta. Los patrocinios del Mundial se dividen en tres niveles según el grado de inversión y exclusividad global. Las grandes marcas pagan entre 20 y 200 millones de dólares por ciclo mundialista para asociarse con la Fifa y utilizar la identidad visual del torneo.

En este punto, el Mundial se parece cada vez más a una economía paralela. Hay un mercado de entradas, de televisión, de marcas, de turismo, de apuestas, de tecnología, de seguridad. Cada partido activa cadenas de valor que involucran aerolíneas, hoteles, restaurantes, plataformas digitales, casas de apuestas, marcas deportivas, bancos, medios, gobiernos y empresas de datos. El fútbol se juega en el campo y el negocio se juega alrededor.

Por eso también existe una disputa silenciosa por el control simbólico del evento. Fifa impone reglas estrictas sobre marcas, nombres de estadios y publicidad. Durante este Mundial 2026, incluso empresas con derechos habituales de naming (proceso para diseñar el nombre de una marca, empresa o productos en estadios), debieron cubrir o retirar logos por no formar parte del ecosistema oficial mientras dura el evento. Algunas marcas transformaron esa obligación en campañas de marketing propias, demostrando que incluso quedar fuera del Mundial puede convertirse en una oportunidad comercial.

Por ejemplo, Qatar en la copa mundial 2022 proyectó poder blando (capacidad de un país para influir, persuadir y atraer a otras naciones mediante medios sutiles e intangibles, como su cultura, sus valores políticos y su política exterior), para reposicionarse frente a Occidente y mostrarse como actor global. Rusia hizo lo mismo en 2018 antes de quedar atrapada en una nueva etapa de confrontación con Occidente. Estados Unidos, México y Canadá utilizan 2026 para mostrar integración norteamericana, capacidad organizativa, infraestructura y liderazgo continental. Arabia Saudita, que organizará el Mundial 2034, busca algo todavía mayor: reconfigurar su imagen internacional y consolidarse como potencia deportiva, turística y geoeconómica.

Aquí aparece un concepto clave: la geoeconomía del deporte (el uso de los grandes eventos deportivos internacionales como instrumentos para generar poder económico, atraer inversiones, fortalecer la imagen internacional, proyectar influencia política y consolidar relaciones entre Estados, empresas y territorios). El deporte deja de ser solo competencia atlética para convertirse en plataforma de negocios, diplomacia y posicionamiento estratégico.

El Mundial es una cumbre global sin formato diplomático tradicional donde reyes, príncipes, jefes de gobierno y empresarios circulan alrededor del mismo espectáculo. Entonces podemos afirmar que este deporte abre puertas que a veces la diplomacia formal no logra abrir.

Desde esta mirada, el Mundial 2026 es mucho más que una fiesta deportiva. Es una operación geoeconómica para América del Norte: Estados Unidos concentra la mayor parte de los partidos y, por lo tanto, la mayor parte del flujo turístico, mediático y comercial; México gana visibilidad histórica como primer país en albergar tres Mundiales; y Canadá refuerza su imagen de país moderno, multicultural y seguro. Las ciudades anfitrionas compiten entre sí por visitantes, inversiones, cobertura internacional y reputación.

El hincha no está equivocado: quiere que gane su país, se emociona con su bandera y vive el deporte con una pasión legítima. Pero mientras millones celebran un gol como una alegría nacional, otro núcleo de poder celebra algo distinto: contratos cerrados, audiencias capturadas, datos acumulados, mercados abiertos y marcas instaladas.

El pueblo levanta la emoción. Los verdaderos dueños del espectáculo levantan el negocio.

(*) El licenciado en Relaciones Internacionales Alejandro G. Safarov es director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Ucse Jujuy, miembro del Departamento de América Latina y el Caribe del IRI- Universidad Nacional de La Plata e integrante del Consejo Federal de Estudios Internacionales (Cofei).

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