Tenía que cumplir y lo hizo. Por la diferencia de jerarquías (individual y colectiva). Por el peso mismo respecto a una pobre Irak. Senegal debía ganar, más allá de cualquier especulación con la clasificación a los 16avos de final del Mundial. Y Senegal lo logró. Sin tanto esfuerzo constante, sino con arranques de sus jugadores más desequilibrantes, como Sadio Mané, Ismaila Sarr y Pape Gueye, que la rompió toda tras su ingreso en el segundo tiempo con sus dos goles (uno mejor que el otro).
El objetivo para los africanos estuvo siempre claro: no bastaba ganar, había que golear. Porque en ese juego matemático que significó sacar la calculadora para evaluar las chances de meterse en la próxima ronda de la Copa del Mundo, Senegal sacó la mayor diferencia posible para aumentar las probabilidades de concretar esa meta.
Una roja que complejizó todo para Irak
Por casualidad o causalidad, los de Medio Oriente no fueron una medida demasiado fuerte para los Leones. Y si 11 vs. 11 se notaba los escalones que separaban a ambos, con la temprana expulsión de Rebin Sulaka todo se agigantó con el correr de los minutos y terminó siendo una goleada.
Un 5-0 que sirve mucho para quedar bien parado en la lucha por ser uno de los mejores terceros y, así, jugar por segunda vez consecutiva la fase eliminatoria.