Considero al "Ultimo Éxodo de Belgrano", como el más triste de su vida; y tiene que ver con su vida misma... Antes de partir de Tucumán hacia Buenos Aires, en los primeros días de febrero de 1820, se encuentra padeciendo una enfermedad que le causará mucho dolor y trastornos durante el largo viaje a la tierra de su nacimiento. Padecía de hidropesía, cáncer de hígado y cirrosis.
Con el pensamiento fijo en el ansiado viaje y sin recursos económicos para realizarlo, pues calcula la cantidad de dos mil pesos para cubrir sus gastos. No busca que nadie le regale el dinero, pide un adelanto de la deuda que el gobierno nacional tiene con él. Envía una solicitud al gobernador Aráoz convencido que accederá a su pedido. Grande será su sorpresa cuando el mandatario tucumano le hace saber en una comunicación que refrenda el doctor Serrano, antiguo amigo y favorecido que no puede responder a su pedido, "porque el tesoro provincial se halla exhausto, por haber invertido todos sus recursos en gastos de guerra".
En un comentario que hace Jorge Newtón, ya Belgrano le había expresado a su amigo Balbín, sin poder ocultar la angustia que le produce la situación en que se encuentra: "Yo quería a Tucumán como a la tierra de mi nacimiento; pero han sido aquí tan ingratos conmigo, que he determinado irme a morir a Buenos Aires, pues mi enfermedad se agrava cada día más". Pero no cuenta con recursos propios para su fin y le expresa a Balbín sobre la respuesta del gobernador Araoz y entonces su amigo lo saca de la preocupación y pone a su disposición los dos mil pesos plata para el viaje. Belgrano acepta a título de préstamo sujeto a devolución, tan pronto como llegue a Buenos Aires y el gobierno nacional le pague algo de lo mucho que le debe.
Una última voluntad antes de partir, comenta Federico Andahazi en "Argentina con pecado concebida": "Sabido es que Belgrano murió pobre, alejado de Dolores, la mujer que amaba y sin poder ver a sus hijos como lo hubiese deseado, a quienes, contra su voluntad, nunca reconoció. Enfermo, traicionado y abatido por las circunstancias políticas, cuando Manuel Belgrano ya nada tenía que hacer en Tucumán, sólo pidió una voluntad antes de partir: ver a Manuela, quien por entonces todavía no había cumplido los dos años. Resulta conmovedor el relato de esta escena, que fuera rescatado por fray Jacinto Carrasco: "La víspera de la partida, postrado en una cama como estaba, hizo que le llevarán a su pequeña hija por la noche para acariciarla por última vez. Fue una escena que poquísimos amigos presenciaran, con lágrimas en los ojos."
En el mismo libro de Andahazi se habla de un documento contundente, sobre la paternidad de Belgrano. Se trata de un escrito enviado al Ayuntamiento de Tucumán en el que, desmintiendo su propio testamento confiesa: "La cuadra del terreno contenida en la donación con todo lo en ella edificado por mí, pertenece por derecho de heredad a mi hija Mónica Manuela del Corazón de Jesús, nacida el cuatro de mayo de 1818, en esta Capital...".
A partir de estos momentos comenzará su viaje y último éxodo, mientras su Patria querida se desangra en una guerra interior, entre federales y unitarios, se produce la batalla más corta de ese tiempo, dura 10 minutos, el 31 de enero de 1820. Se encuentran las fuerzas federales de los caudillos del litoral, con Ramírez a la cabeza y de la de Buenos Aires, con Rondeau y Balcarce, cuando se produce el primer choque la caballería porteña se desbanda y realiza una desordenada fuga y su comandante Rondeau huye hacia Buenos Aires, y dejando a Balcarce con la artillería e infantería sin ninguna dirección. A partir de ese momento Ramírez intima rendición, bajo amenaza de pasar a degüello al resto de la tropa directoral, cree que Balcarce a muerto. Manda emisario con mensaje de rendición y el mismo regresa e informa que Balcarce no se rinde y marcha hacia San Nicolás. Ramírez toma cañones y armas y da a conocer el triunfo obtenido.
Lo tremendo de todo esto para nuestro estimado Manuel Belgrano que estas tropas en lucha llevan de consigna su bandera azul y blanca, el bando perdedor y el bando ganador son hermanos de una misma Patria y el ser creador pasa sufriendo su derrotero de muerte y pregunta en cada posta: -Qué pasa con su Patria amada?
Cuando llega a Córdoba y desde una posta situada en una serranía baja envía al comandante Helguera a solicitar apoyo económico, pues sus recursos se han agotado. La contestación la da el gobernador interino Díaz: "el tesoro público no tiene dinero para esas cosas, ni para otras". Pero como una cuestión de milagros, aparece un vecino que ni conoce a Belgrano y le presta lo que puede: 418 pesos, que permitirán continuar su viaje.
íííPobre Belgrano!!! Tanta lucha, tanta entrega por la Patria amada, no se merecía este éxodo final para su vida. Pasar medio país sin reconocimiento, enfermo y en las peores condiciones pidiendo, como si fuese una limosna, para completar un viaje de sufrimiento y muerte...
Sólo me vienen estas palabras como un sueño: "Ya bajarán sus armas, porque Belgrano es un hombre de paz y no de guerra / ya bajarán sus amas en Paraguarí y Tacuary, Piedras, Tucumán y Salta; / en Vilcapugio y Ayohuma / Y el clarín tocará a silencio / por el general más noble de los nobles / el más argentino de los argentinos / será recibido envuelto / en un manto de cielo azul y nubes blancas / en el lejano firmamento de los buenos.
Mientras en la ciudad anarquizada de los ocho periódicos, "sólo se acordó uno, sobre la muerte de un hombre llamado Belgrano".
Desde Histoletras rendimos el más profundo homenaje a uno de los fundadores de la Patria Don Manuel Belgrano y con sus propias palabras la única preocupación antes de su fin: íAy, Patria Mía!