Durante décadas, cuando se hablaba del futuro de Asia, todas las miradas apuntaban hacia China. El gigante asiático aparecía como la gran potencia emergente destinada a disputar el liderazgo global a Estados Unidos. Sin embargo, mientras el mundo observaba a Beijing, otro actor crecía silenciosamente. Hoy ese actor comienza a ocupar el centro del escenario internacional, ese actor es la India.
Con 1.476 millones de habitantes, India se ha convertido en el país más poblado del planeta, superando incluso a China. Pero la diferencia no radica solamente en el tamaño de su población. Mientras China enfrenta un acelerado envejecimiento demográfico, India posee una de las poblaciones más jóvenes del mundo. Más del 65% de sus habitantes tiene menos de 35 años. En un siglo donde el talento, la innovación y el conocimiento serán los principales motores de crecimiento, la demografía se transforma en una ventaja estratégica.
El país en cuestión, también referenciado con la palabra"Bharat"-deriva del nombre del legendario rey de la mitología hinduista Bharata-, fue percibido como una nación marcada por la pobreza, las desigualdades y los desafíos del desarrollo. Esa imagen ya no alcanza para explicar la realidad actual. Hoy es la quinta economía del mundo y diversos organismos internacionales proyectan que podría convertirse en la tercera economía global durante la próxima década. Su crecimiento económico, la expansión de su clase media (cerca de 330 millones de ciudadanos integran esta categoría, cuyo poder adquisitivo y hábitos de consumo se asemejan a los estándares de clases medias globales), el desarrollo tecnológico y la consolidación de sectores industriales estratégicos la posicionan como uno de los grandes protagonistas del siglo XXI.
La India contemporánea se apoya sobre varios pilares. Conocida como la "farmacia del mundo", es el principal proveedor mundial de medicamentos genéricos, produciendo el 20% del total. Es líder global en servicios informáticos, software y tercerización tecnológica; cuenta con más de 200.000 empresas emergentes, consolidándose como el tercer mayor ecosistema de startups del mundo. De este total, más de 125.000 están oficialmente reconocidas por el gobierno a través del Departamento para la Promoción de la Industria y el Comercio Interior (Dpiit). Ha desarrollado una importante industria espacial convirtiéndose en el primer país en aterrizar en el polo sur lunar. Además, mantiene una sólida base industrial en sectores como automóviles (tercer mercado más grande del mundo), acero, petroquímica, energía y manufacturas (segundo mayor productor mundial de teléfonos móviles, de acero, aluminio y carbón).
A diferencia de otras potencias emergentes, India combina modernidad tecnológica con una identidad cultural profundamente arraigada. Su civilización tiene miles de años de historia. Allí nacieron religiones como el hinduismo, el budismo, el jainismo y el sijismo. Incluso existe un dato poco conocido: según la tradición cristiana, el apóstol Santo Tomás llegó a la costa de Malabar, en Kerala, alrededor del año 52 después de Cristo, llevando el cristianismo a la India siglos antes de que se expandiera plenamente por gran parte de Europa.
Esa combinación entre tradición y modernidad constituye una de las fortalezas más singulares del país.En términos geopolíticos, desarrolla una estrategia diferente a la de China. Mientras Beijing construye una influencia global basada en infraestructura, financiamiento y expansión comercial, Nueva Delhi busca proyectar poder a través de asociaciones estratégicas múltiples. Mantiene excelentes relaciones con Estados Unidos, participa del Quad junto con Japón y Australia, integra los Brics junto con China, Rusia y Brasil entre otros países y al mismo tiempo conserva una importante autonomía diplomática.
India no quiere convertirse en un satélite de ninguna potencia, quiere ser una potencia por derecho propio y esa ambición también se refleja en América Latina.
Para India, la región representa una fuente estratégica de alimentos, energía, minerales críticos y oportunidades comerciales. Necesita cobre, litio, petróleo, gas, fertilizantes y productos agroindustriales para sostener el crecimiento de su economía y de su población. Por eso ha fortalecido sus vínculos con Brasil, México, Chile, Perú y Argentina.
En el caso argentino, la relación bilateral atraviesa uno de sus mejores momentos históricos. El comercio entre ambos países supera los 7.000 millones de dólares anuales. Argentina exporta aproximadamente 5.500 millones de dólares hacia India e importa cerca de 1.500 millones, generando uno de los superávits comerciales más importantes de su relación externa.La mayor parte de las exportaciones argentinas se concentra en aceites vegetales, agroindustria y productos vinculados a la cadena alimentaria. Sin embargo, el futuro de la relación parece orientarse también hacia sectores estratégicos como energía, minería, tecnología, transición energética y cooperación científica.Y aquí aparece un aspecto especialmente relevante para el Norte Argentino. La creciente demanda india de minerales críticos puede generar nuevas oportunidades de negocios.
Por otro lado,la comunidad india en la Argentina es pequeña, pero está en constante crecimiento; conformada principalmente por profesionales expatriados, especialistas en tecnología y cocineros. La presencia de indios en el país data desde finales del siglo XIX, contando en la actualidad con aproximadamente 2.000 residentes permanentes, concentrados principalmente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Córdoba, Salta y Jujuy.
No resulta casual que el embajador Ajaneesh Kumar haya visitado Jujuy. Las grandes potencias observan los territorios donde se encuentran los recursos que necesitarán durante las próximas décadas.
Sin embargo, el ascenso de India también enfrenta desafíos importantes que no deben subestimarse. Todavía convive con elevados niveles de pobreza y profundas desigualdades sociales y territoriales; amplias regiones rurales continúan mostrando déficits en infraestructura, educación y acceso a servicios básicos. Al mismo tiempo, la enorme juventud de su población representa una ventaja estratégica, pero también una obligación: la economía india deberá generar millones de nuevos empleos cada año para evitar tensiones sociales futuras.A ello se suman desafíos vinculados a la convivencia religiosa y cultural en una sociedad extraordinariamente diversa, las persistentes tensiones geopolíticas con Pakistán y China, y problemas ambientales cada vez más visibles, como la contaminación urbana, la presión sobre los recursos hídricos y los efectos del cambio climático. En definitiva, el gran interrogante es si la India será capaz de transformar ese crecimiento en desarrollo equilibrado, cohesión social y prosperidad.
En ese escenario, India no aparece como una promesa futura, aparece como una realidad presente.Y los países que comprendan a tiempo su importancia estarán mejor posicionados para aprovechar una de las transformaciones geopolíticas más relevantes de nuestro tiempo.
(*) El licenciado en Relaciones Internacionales Alejandro G. Safarov es director de la carrera de Relaciones Internacionales de la Ucse Jujuy, miembro del Departamento de América Latina y el Caribe del IRI- Universidad Nacional de La Plata e integrante del Consejo Federal de Estudios Internacionales (Cofei).