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El cuerpo empieza a decir lo que el alma ya no sostiene

Miércoles, 27 de mayo de 2026 00:00

José está irritable. Hace poco se jubiló. Todos le dicen lo mismo: "Ahora tendrías que estar feliz" ."Ya no tenés que trabajar". "Hiciste una buena economía". "No tenés de qué preocuparte". Pero lejos de aliviarlo, esas frases lo hacen sentir más culpable. Desde hace un tiempo duerme mal. Muy mal. Cada noche toma más whisky "para relajarse". La familia cree que simplemente se acostumbró a tomar.

María, su esposa, también se jubiló, ella no para un segundo. Ordena, limpia, organiza, ayuda a todos, está pendiente de todo. Todos creen que ella está fuerte. Todos creen que el deprimido es él. Y ahí aparece algo importante: la depresión tiene muchas caras. No siempre aparece como llanto o aislamiento. A veces se disfraza de hiperactividad, exceso de trabajo, perfeccionismo, irritabilidad, adicciones, consumo compulsivo, hipercontrol, dificultad para descansar, agendas permanentemente saturadas. Hay personas que parecen fuertes... y están profundamente agotadas por dentro. Muchas veces el síntoma aparece cuando durante demasiado tiempo alguien sostuvo más de lo que emocionalmente podía procesar.

El cuerpo tiene memoria. Y lo que no encuentra palabra, muchas veces busca salida a través del organismo. Entonces ¿qué es la depresión? La depresión no es simplemente tristeza. La tristeza es una emoción humana natural y necesaria. Aparece frente a pérdidas, frustraciones, cambios o decepciones. Tiene movimiento. Incluso en medio del dolor, la persona puede conectar por momentos con el afecto, el deseo o la esperanza. La depresión, en cambio, suele sentirse como un apagamiento más profundo y persistente: pérdida de energía, sensación de vacío, agotamiento constante, dificultad para disfrutar, desconexión emocional, alteraciones del sueño y el apetito; sensación de que todo pesa demasiado.

No es debilidad. No es falta de voluntad. La neurociencia muestra que los estados depresivos involucran alteraciones en circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional, el estrés y la motivación, afectando estructuras como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal, además de sistemas neuroquímicos vinculados con serotonina, dopamina y noradrenalina (Damasio, 2010; Davidson&Begley, 2012). Por eso muchas personas no pueden simplemente "poner ganas" y salir adelante. El organismo entero está comprometido. Aunque cada persona es única, muchas veces la depresión se expresa de manera diferente según la historia emocional, cultural y los mandatos aprendidos.

En muchas mujeres suele aparecer de forma más emocional y visible: angustia, llanto, sensación de desborde, agotamiento afectivo, culpa, sensación de no poder más. En muchos hombres, en cambio, puede aparecer más encubierta: irritabilidad, enojo constante aislamiento, sobreexigencia, conductas de riesgo, consumo de alcohol u otras sustancias, síntomas físicos persistentes. Dolores gastrointestinales, hipertensión, contracturas, agotamiento extremo o problemas cardiovasculares pueden ser, en algunos casos, formas silenciosas de sufrimiento emocional. Muchos varones crecieron aprendiendo que sentir era signo de debilidad. Entonces el cuerpo termina expresando lo que la emoción no pudo decir.

El síntoma también habla de historia. Ninguna persona se deprime en el vacío. Detrás de muchos estados depresivos aparecen historias de: pérdidas no elaboradas, exigencia excesiva, vínculos donde hubo poco sostén emocional, años enteros priorizando a otros antes que a sí mismos, silencios prolongados, sensación de no pertenecer, duelos acumulados, cargas emocionales sostenidas durante demasiado tiempo.

A veces la depresión no habla solo del presente. También expresa historias familiares, mandatos aprendidos, dolores no nombrados o modos antiguos de atravesar el sufrimiento. El cuerpo muchas veces expresa lo que la conciencia todavía no logra poner en palabras. No para romantizar el dolor. Ni para negar tratamientos médicos o psicológicos. Sino para comprender que detrás del síntoma suele existir una historia que necesita ser escuchada. Muchas depresiones aparecen luego de períodos prolongados de estrés, tensión emocional o sobreexigencia. Desde la biología del estrés, hoy sabemos que la sobrecarga crónica impacta sobre el sistema nervioso, inmune y endocrino, aumentando cortisol e inflamación sostenida. Por eso la depresión no es solamente "mental". Es profundamente corporal. A veces el organismo reduce energía, motivación y capacidad de acción como mecanismo extremo de protección. No siempre es falla. A veces es supervivencia.

Tal vez la pregunta no sea solamente: "¿Cómo hago para dejar de sentir esto?" Tal vez también sea ¿Qué parte de mí llevo demasiado tiempo descuidando? ¿Cuánto hace que vivo desconectado de lo que siento? ¿Qué pérdidas nunca pude elaborar? ¿Qué exigencias estoy sosteniendo? ¿Qué necesita cambiar en mi manera de vivir?

Escuchar estas preguntas no reemplaza tratamientos médicos ni psicológicos cuando son necesarios.

Pero puede abrir un camino más humano y profundo hacia la recuperación. Si acompañás a alguien con depresión hay frases que lastiman más de lo que ayudan: "Poné voluntad" . "Todo está en tu cabeza". "Tenés que salir". "Hay gente peor".

La depresión no se resuelve con presión. A veces no hace falta tener grandes respuestas.

Muchas veces alcanza con: escuchar sin juzgar, no minimizar el dolor, acompañar, ayudar a buscar apoyo profesional, permanecer presente.

Porque a veces sanar empieza cuando alguien deja de sentirse solo en lo que le pasa.

(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop-Ficop 3903). Integra psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Su enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

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