La historia de Jujuy dentro del proceso independentista argentino tiene capítulos profundamente significativos, pero pocos alcanzan la dimensión simbólica y patriótica de su vínculo con Manuel Belgrano y las celebraciones de Mayo. La provincia no solo fue escenario de hechos decisivos para la consolidación de la naciente patria, sino también depositaria de uno de los símbolos más valiosos de la construcción nacional.
El profesor David Mareño sostiene que "los jujeños poseemos la Bandera Civil o Ciudadana, la primera del país. El General Manuel Belgrano nos la legó y debemos sentirnos orgullosos, porque fuimos fieles defensores de la causa revolucionaria. Hicimos nuestro aporte durante quince años para que la patria se consolidara como Nación. Es el símbolo que nos perpetuará como un pueblo de héroes y es nuestro deber, como jujeños, tener conciencia y memoria histórica para nuestro porvenir y progreso".
Más que un emblema, esta bandera representa el reconocimiento al sacrificio de un pueblo que acompañó de manera decidida la lucha por la libertad y la independencia.
Los 25 de mayo en Jujuy
"25 de Mayo de 1812", Jujuy y la primera conmemoración de la Revolución de Mayo de 1810: La presencia del General Manuel Belgrano en Jujuy marcó uno de los acontecimientos más trascendentes de la historia provincial. El 25 de mayo de 1812 se realizó en la ciudad la primera conmemoración protocolar de la Revolución de Mayo de 1810, con una ceremonia cargada de fervor patriótico.
Desde el amanecer, Jujuy vivía una jornada distinta. El repicar de las campanas de los templos y las salvas de artillería anunciaban una celebración fuera de lo común. La ciudad bullía entre rumores, expectativa y movimiento. Artesanos, campesinos, militares, esclavos y vecinos se congregaban en torno a la Plaza de Armas para participar de un acto que marcaría la historia.
La jornada comenzó con una misa solemne y el tradicional Tedeum, ceremonia que en tiempos coloniales se reservaba para acontecimientos de importancia institucional, como aniversarios reales o fundacionales. Sin embargo, esta vez el homenaje estaba destinado a la patria naciente.
En medio de 15 cañonazos, el Barón de Holmberg, acompañado por una escolta de honor, trasladó la Bandera Nacional hacia el Cabildo. Tras la ceremonia religiosa, y ante la presencia del canónigo Juan Ignacio Gorriti, Teodoro Sánchez de Bustamante y destacadas familias jujeñas, ingresó Manuel Belgrano portando la enseña patria.
El acto adquirió un carácter profundamente solemne. La bandera fue bendecida por el canónigo Gorriti, quien desde el púlpito destacó el significado del símbolo como representación de libertad y unidad. Posteriormente, fue colocada en el balcón del Cabildo, donde permaneció visible ante toda la comunidad.
Por la tarde, Belgrano llevó el estandarte hasta el centro de la plaza y, frente al ejército y al pueblo reunido, pronunció un encendido discurso patriótico. Allí recordó el eco de la libertad que había comenzado a resonar dos años antes y convocó a defender el nuevo símbolo con honor y valentía.
Aquel momento no fue solo ceremonial. En un oficio remitido al gobierno el 29 de mayo de 1812, Belgrano dejó constancia de la ceremonia, considerada por muchos historiadores como el primer juramento patriótico vinculado a la bandera.
La respuesta popular fue inmediata y contundente. Según los testimonios de la época, el pueblo expresó con fervor: "Nuestra sangre derramaremos por esa Bandera".
Principio de sangre derramada, sostenido por quince años de lucha
La frase pronunciada por el pueblo jujeño, “Nuestra sangre derramaremos por esa Bandera”, sintetizó el profundo compromiso de la provincia con la causa revolucionaria. No fue una expresión circunstancial, sino una convicción que se sostuvo durante quince años de lucha, sacrificio y entrega en defensa de la libertad y la independencia.
Jujuy tuvo un rol determinante en el proceso emancipador. Su territorio fue escenario de combates, reorganizaciones militares, retrocesos estratégicos y sacrificios colectivos que marcaron el rumbo de la historia nacional. Sin distinción de clases sociales ni jerarquías, la sociedad jujeña acompañó con decisión al Ejército del Norte, aportando hombres, recursos y una inquebrantable vocación patriótica.
25 de Mayo de 1813, creación y entrega de la Bandera Nacional
Un año después de aquella histórica conmemoración, Jujuy volvería a ser protagonista de un hecho trascendental. En 1813, en el marco de las disposiciones de la Asamblea que impulsaban el abandono de los símbolos monárquicos y la adopción de emblemas vinculados a la libertad, el General Manuel Belgrano creó la Bandera Nacional de Nuestra Libertad Civil. El 25 de mayo de ese año, tras el solemne Tedeum celebrado en la Iglesia Matriz, la enseña fue bendecida por el canónigo Juan Ignacio Gorriti ante la presencia del pueblo.
Luego, Belgrano la entregó formalmente al Cabildo de Jujuy como reconocimiento al valor demostrado por los jujeños en las campañas patrióticas, especialmente en las batallas de Tucumán y Salta. En su mensaje dirigido a Feliciano Chiclana, Belgrano dejó en claro el sentido de aquel gesto: la bandera debía ser preservada con el mismo honor y valentía que habían demostrado los hijos de esta tierra. El acta del Cabildo del 29 de mayo de 1813 dejó constancia de este acontecimiento, destacándolo como un hecho destinado a perpetuar la memoria de quienes lucharon por la patria.
Durante toda la jornada, la bandera permaneció expuesta en la galería del Cabildo, despertando fervor, admiración y aclamaciones populares. A más de dos siglos de aquel acto, la Bandera Nacional de Nuestra Libertad Civil continúa siendo uno de los mayores símbolos identitarios de Jujuy: memoria viva de un pueblo que hizo del sacrificio, el honor y la defensa de la patria parte de su historia.