Bolivia atraviesa un escenario de fragmentación del poder político. Mientras el gobierno de Rodrigo Paz conserva la conducción formal del Ejecutivo desde La Paz, en distintos puntos del país se consolidó una estructura paralela de hecho, articulada por organizaciones sindicales, sectores indígenas y espacios vinculados al Movimiento Al Socialismo (MAS), con capacidad de incidir sobre rutas, comunicaciones y el abastecimiento de bienes esenciales.
Para el consultor político boliviano Iván Pinto, esta situación no responde a un episodio coyuntural, sino a un quiebre más profundo del funcionamiento institucional. En diálogo con Perfil, afirmó: “Bolivia vive una crisis de régimen, no sólo una crisis de gobierno”. En esa línea, describió la coexistencia de “un Estado formal en La Paz y un Estado fáctico con capacidad de control sobre rutas y bloqueos”, en un contexto en el que, según señaló, “nadie puede avanzar ni retroceder”.
Con más de cuarenta cortes en ejes viales estratégicos, las protestas derivaron en faltantes críticos en las principales ciudades del país y un impacto directo en el abastecimiento. En ese marco, Pinto sintetizó la situación con una definición contundente: “El presidente Paz no cayó, pero ya no gobierna”.