La obra es sobre un asesinato, donde hay más de un culpable, testigos que declaran, y una reflexión sobre la vulnerabilidad de las mujeres. La pregunta es "¿a quién mataron?".
"A Rey Muerto", transita entre lo crudo y lo poético, lo realista y lo simbólico.
Es la historia de La Leidy. La obra cuenta el día después que asesinan al proxeneta de la zona.
Del elenco participan además en la técnica, Carmen María Ruiz de los Llanos; la asistencia de Eduardo Gil; las voces en off de Gabriela Vázquez, Natalia Aparicio y Eduardo Gil; y el vestuario de Nia Reniero Prismo.
¿Cuánto tiempo tiene esta obra? ¿Cómo se trabajó?
Tiene un largo tiempo de escrita, pero estaba en mi computadora, sin salir de ahí. Y se la di a Andrea García (la protagonista), que me parece una gran actriz de Salta. Ella contrató como directora a Natalia Aparicio, y ellas hicieron una adaptación de una parte de la obra y me gustó mucho el resultado.
Cada grupo interpreta y hace a su manera algo. Es una suerte de thriller, es un asesinato y es mucho esfuerzo para la actriz, porque van apareciendo como en un juicio, todos los personajes. Entonces la artista tiene que modificarse constantemente, ya que es un trabajo unitario y tiene que interpretar a todos los personajes, el juez, el abogado, el médico que hace la autopsia, etc.
Han usado unos recursos que me parecen originales, y el trabajo de Andrea es muy grande.
¿Te gustaría que se haga con elenco jujeño también?
Sí, por supuesto, me encanta ver que hace cada actriz y cada grupo con eso.
¿De qué habla tu obra, más allá de la puesta? ¿Qué quisiste contar como autora?
Yo hice algo así, como el asesinato simbólico del patriarcado, y hago una referencia a Lady Mac Beth, no ya como una villana de la obra, sino como la que se animaba. En este asesinato, terminaba también teniendo una sensación de pena, porque si vos asesinas al patriarcado, de alguna manera también matas a tu padre y a tu hijo.
En el caso de la puesta de Salta, hay una denuncia acerca de la prostitución y del abuso, y un thriller declarado. Muy interesante.
Por otro lado, yo creo que la pobreza y la prostitución, que en esta versión salteña se potencian, son un símbolo. Yo creo que todas las mujeres, somos pobres y prostitutas, desde la mirada de la sociedad, porque la sociedad es esa que te mira, como la que hace cosas para sobrevivir, y en esas cosas que hacés, vendés. Yo creo que la historia nos ha puesto en ese lugar siempre, no importa que hable de la Reina Cleopatra, de la matrona, o lo que sea, no importa qué personaje, siempre somos prostitutas y pobres, porque aun estando en el poder, no estás en el poder de esa mirada.
Entonces aquí, estas dos cosas, aparecen más tematizados y con una mirada concreta de un asesinato de alguien que molesta en esta circunstancia, porque es un abuso de poder.
¿Podés prever lo que otros artistas pueden hacer con tu obra?
No, nunca se sabe. Tampoco una es la mejor lectora de sí misma, ni la que mejor se interpreta a sí misma. Justamente, si hay algo divertido en escribir teatro, cosa que no pasa cuando los lectores leen una novela, es que inmediatamente vos tenés una devolución de las actrices y los actores o los directores y una lectura que vos podés ver en el momento.
Esto es muy enriquecedor, porque seguramente eso que ellos ven también está en la obra, de hecho, está, y las prioridades pueden ser distintas para el autor y para los actores.
A mí me gusta mucho ver esas interpretaciones, las diferencias. Este es el juego del arte, entonces el teatro a mí me devuelve inmediatamente algo, y yo aprendo mucho de mí misma en esa dinámica y veo en mi obra cosas que a lo mejor no hubiese visto de otra manera.
Por ejemplo, me pasó con la obra "Los lugares cambian", que alguien que la vio me dijo, que le encantó la frase que dice: "todo gesto bien mirado puede interpretarse como un gesto de amor", y yo me quedé pensando si a esa frase la había escrito yo, o era un aporte del director. Y era mía, pero no la tenía tan presente.
Y a veces me pasa en el escenario con las actuaciones de los artistas, que me conmueven, o me muero de risa de algo que lo escribí yo, pero no me acuerdo, y ya pasó a ser propiedad de otro. Es magia.
Es muy bueno cuando veo algo distinto de lo que yo pensé, y es genial que así sea, porque si no podés bancarte eso, más vale que no escribas teatro.