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Entre ciencia y tradición: el estudio que revaloriza las plantas medicinales

Es farmacéutico, etnobotánico, especialista en Estudios Amerindios y doc‑ torando en Antropología del Centre de Recherche et de Documentation sur les Amériques (Creda) de la Universidad Sorbonne Nouvelle (Francia). El especialista español realizó en 2018 una de investigación -a través de Inecoa- en el Laboratorio de Botánica Sistemática y Etnobotánica dependiente de la cátedra de Botánica Sistemática y Fitogeografía de la Fca-Unju.
Jueves, 14 de mayo de 2026 23:52

¿Cómo surgió tu interés por la etnobotánica y la etnofarmacología?

Mi formación de base es en farmacia, pero actualmente estoy realizando un doctorado en antropología. Entre esas dos disciplinas apareció naturalmente la etnobotánica y la etnofarmacología, que estudian la relación entre las comunidades, las plantas medicinales y las prácticas de salud. Trabajo especialmente con medicina tradicional y con las problemáticas sociales y sanitarias vinculadas al uso de plantas medicinales.

¿En qué consiste tu investigación en Jujuy?

La investigación realizada en la provincia junto a Roxana Guzmán se centra principalmente en la flora medicinal de la Quebrada de Humahuaca y en cómo las comunidades utilizan las plantas medicinales dentro de sus prácticas de salud cotidiana. También analizamos cómo impactan las políticas de salud intercultural, la regulación de las plantas medicinales y las tensiones entre formalidad e informalidad en este campo.

Además, el trabajo tiene una dimensión social muy importante, porque buscamos generar espacios participativos y producir conocimiento junto a la comunidad, respetando sus saberes y experiencias.

¿Por qué eligieron trabajar específicamente en la Quebrada de Humahuaca?

Porque es un territorio muy particular y complejo. Es una zona rural atravesada por procesos de transformación ligados al turismo, al patrimonio cultural y al desarrollo económico. Nos interesaba entender cómo esas transformaciones impactan también en la salud, en las prácticas tradicionales y en el valor que se le da a las plantas medicinales. La Quebrada permite observar cómo conviven la identidad cultural, el turismo, la medicina tradicional y las desigualdades en el acceso a la salud.

¿Qué rol cumplen las plantas medicinales en las comunidades rurales?

Las plantas medicinales cumplen un rol fundamental. Muchas veces estas prácticas sobrevivieron porque eran necesarias y útiles, especialmente en lugares donde los servicios de salud no llegaban de manera suficiente. En ese sentido, las plantas también reflejan desigualdades históricas y limitaciones de acceso a la salud.

Pero al mismo tiempo representan identidad cultural, memoria colectiva y formas comunitarias de cuidado. Hay un conocimiento muy profundo sobre el uso de las plantas que sigue vigente y que forma parte de la vida cotidiana de muchas familias.

¿Qué descubrimientos destaca de la investigación?

Uno de los principales hallazgos es que el uso de plantas medicinales sigue siendo una práctica real y muy extendida. No es algo del pasado ni algo marginal. La gente utiliza plantas para autocuidado, prevención y tratamiento de diferentes dolencias.

También observamos que existe una gran informalidad alrededor de estas prácticas, las personas que producen, venden o recomiendan plantas medicinales trabajan muchas veces sin regulación clara y sin acompañamiento institucional, incluso cuando lo hacen con responsabilidad y con experiencia.

¿Cómo trabajaron el aspecto ético y el respeto hacia los conocimientos comunitarios?

Siempre intentamos trabajar desde metodologías participativas y horizontales. Buscamos generar espacios transparentes, con consentimiento y diálogo permanente con los actores del territorio.

No trabajamos directamente con comunidades originarias con personería jurídica, aunque sí participaron personas pertenecientes a comunidades indígenas en talleres y actividades. También mantuvimos diálogo con agentes sanitarios, médicos y profesionales de salud que trabajan en el territorio.

La idea fue construir conocimiento sin imponer miradas externas y respetando siempre los tiempos, intereses y decisiones de cada actor social.

¿Qué lugar debería ocupar la medicina tradicional dentro de las políticas públicas?

La medicina tradicional debería ocupar un lugar importante dentro de las políticas públicas de salud, principalmente porque es una práctica que ya existe, esta vigente y que la población utiliza diariamente.

Las personas tienen derecho a recibir información segura sobre las plantas medicinales, posibles contraindicaciones, usos adecuados, interacciones y calidad de los productos. Para eso hace falta más formación, investigación y articulación entre los saberes tradicionales y el sistema de salud.

También es necesario avanzar hacia una mayor profesionalización y regulación para que quienes trabajan con plantas medicinales puedan hacerlo con respaldo institucional y mejores condiciones.

¿Por qué muchas veces estos conocimientos son desvalorizados?

Porque existen factores históricos, sociales y culturales muy profundos. En provincias como Jujuy aparecen cuestiones ligadas al centralismo, al racismo, a las desigualdades regionales y a la mirada negativa sobre ciertos saberes populares o indígenas.

Muchas veces la medicina tradicional queda asociada a la pobreza o al atraso, cuando en realidad contiene conocimientos muy valiosos y prácticas de cuidado comunitario que han sostenido históricamente a muchas poblaciones.

¿Qué papel cumplen las mujeres dentro de estas prácticas de salud?

El rol de las mujeres es central. En los talleres que realizamos participaron mayoritariamente mujeres, amas de casa, profesionales de salud, vendedoras de yuyos, docentes y referentes comunitarias.

Históricamente, los cuidados vinculados a las plantas medicinales y a la salud cotidiana fueron sostenidos por mujeres dentro de las familias, los vecinos y las comunidades. Ese trabajo muchas veces no es reconocido institucionalmente, aunque resulta fundamental.

¿Qué mensaje final te gustaría dejar a la comunidad?

Creo que es importante entender que hablar de plantas medicinales no es solamente hablar de tradición o de cultura, sino también de salud pública, derechos y acceso a cuidados.

La medicina tradicional sigue viva porque responde a necesidades concretas de la población. Por eso es necesario generar más diálogo entre la universidad, las instituciones sanitarias y las comunidades, siempre desde el respeto, la ética y la construcción colectiva de conocimiento.

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