Un productor de Palma Sola comenzó una experiencia experimental de caficultura con 200 plantas implantadas en las Yungas jujeñas, con la expectativa de avanzar hacia la producción del primer café jujeño. Considera que las Yungas presentan condiciones climáticas favorables, incluso potenciada por el cambio climático, y estimó que puede desarrollarse especialmente bajo la protección del bosque nativo.
El productor agroforestal y periodista del departamento Santa Bárbara, Ignacio Jorge, inició hace tres años la producción de frutos exóticos tropicales y actualmente se encuentra dando sus primeros pasos en el cultivo de café. La iniciativa surgió inspirado en la experiencia de la productora Graciela Ortiz, quien retomó un cafetal heredado en cercanías del Parque El Baritú, en Salta, con buen resultado.
Sostuvo que el contexto actual representa una oportunidad para apostar a ese cultivo, teniendo en cuenta que el café de especialidad posee mayor valor en los mercados internacionales y una demanda creciente también en el país. "Desde que arranqué la caficultura, estoy esperando resultados en ambas latitudes para luego dar el paso", explicó Jorge y destacó la importancia de evaluar el comportamiento del cultivo en climas similares.
Según explicó, este tipo de producción se caracteriza por lotes pequeños, manejo manual y estándares internacionales que priorizan el cuidado del ambiente, con uso de fertilizantes orgánicos y sistemas productivos en sinergia con el bosque nativo. Además, la cobertura boscosa permite mitigar los efectos de las heladas y las amplitudes térmicas, factores que pueden resultar determinantes para un cultivo sensible como el café.
La variedad que eligió implantar es "bourbon rojo", proveniente de plantas adaptadas a las Yungas del Norte, lo que favorece su aclimatación. "Decidí ir por esa variedad por una cuestión de acostumbramiento de las plantas, que ya traen una memoria genética frente a las condiciones climáticas", explicó.
Destacó que se trata de una actividad que demanda mano de obra intensiva y que se basa en prácticas agronómicas sustentables. "Nosotros dependemos de la sombra de los árboles para producir café y otra característica es que los cafés que podemos llegar a producir en el Norte son exclusivamente cafés de especialidad", afirmó.
Además, ponderó el valor ecológico de la actividad, que favorece la biodiversidad ya que entiende que el sistema atrae polinizadores como colibríes y aves nativas, que no representan una amenaza pero que contribuyen al control natural de plagas. "Todos los cafés que podamos producir en el Norte argentino, en yungas, son cafés de especialidad y con manejo bajo sombra estrictamente", dijo y aseguró que la protección del bosque resulta clave para la estabilidad productiva.
Jorge consideró que la caficultura puede generar un "triple impacto": ambiental, social y económico. En lo social, por la generación de empleo, en lo agronómico por el desarrollo de conocimiento técnico, y en lo económico por su articulación con otras actividades como el turismo rural.
"Es un cultivo que genera turismo, porque mucha gente visita fincas cafetaleras, que además ofrecen senderismo y recorridos por el bosque", expresó, al destacar el potencial de las Yungas jujeñas como atractivo natural.
Actualmente, su ensayo se desarrolla en Palma Sola con 200 plantas implantadas en febrero de este año. "Son lotes en crecimiento, con manejo bajo cobertura boscosa, y ahora que llegan los meses de otoño debo definir sistemas de riego y algunos manejos para que se aclimaten", explicó.
Sostuvo que la etapa actual que lleva adelante es experimental, ya que una escala productiva comercial requeriría entre 5.000 y 10.000 plantas por hectárea, lo que implica otro nivel de manejo y una mayor demanda de mano de obra en tareas como poda, desinfección y cosecha. A esto se suma el proceso posterior a la recolección, que incluye el despulpado y tratamiento del grano, etapas que forman parte de una cadena productiva con valor agregado.
El productor aclaró que se trata de una actividad que no promueve el desmonte, sino que se integra al bosque nativo, fortaleciendo su equilibrio. Además, destacó que existen perspectivas de exportación en la región, con avances en provincias como Tucumán, donde ya se registran experiencias productivas más consolidadas.
En su caso, el trabajo se realiza con el acompañamiento de técnicos del Inta Yuto, por un equipo encabezado por Ceferino Flores, Jorge Wolberg y Matías García, con quienes participaron también de una jornada de caficultura organizado por esa entidad. "Estamos trabajando en sinergia con técnicos del Inta en cuanto a los fitosanitarios. Todavía no han ingresado plagas que son comunes al café porque son pocos inminentes los cultivos, pero hay que estar preparados al futuro para poder hacer un manejo de algunas inclemencias y plagas que tiene el café que son devastadoras realmente", dijo.
Hasta el momento, su producción estaba centrada en frutales exóticos como maracuyá, pitahaya y acerola, con una incipiente incursión en la elaboración de pulpas congeladas y para Jorge la caficultura aparece como una alternativa productiva promisoria, con potencial para sumar a más productores en la región. También impulsa un ensayo de yerba mate, al considerar que la zona de Yungas tiene características de suelo y clima similares a las de la selva misionera.
El impulso en el NOA
Por otro lado, el productor local Ignacio Jorge se refirió a los avances que hay actualmente en torno a la caficultura en la región y recordó que en el NOA tuvo un impulso clave en Tucumán, donde la actividad comenzó a consolidarse hace unos cinco años a partir de viveros e implantaciones a campo.
Actualmente, existe un convenio entre el gobierno de la provincia de Tucumán y también de productores privados vinculados a la empresa cafetera Cabrales, que permitió avanzar con alrededor de 20 productores distribuidos en las Yungas tucumanas, varios de los cuales ya están obteniendo sus primeras cosechas. Además, destacó que recientemente el café tucumano logró un sello de origen y concretó su primer lote productivo, lo que refuerza las perspectivas regionales.
En esa línea, Jorge consideró que las condiciones agroclimáticas del Norte argentino son favorables, incluso teniendo en cuenta que Tucumán se encuentra más al sur que Salta y Jujuy, lo que permite proyectar un potencial aún mayor en estas provincias.
Hay antecedentes históricos en Jujuy
Ignacio Jorge también contextualizó la actividad desde una mirada histórica aclarando que la caficultura no es nueva en la región ya que los primeros cultivos fueron introducidos por los Jesuitas en el siglo XVIII, con implantaciones en la misión San Lorenzo, actual departamento Ledesma y en distintos puntos de Salta, aunque posteriormente esos cafetales quedaron abandonados. Un siglo más tarde, esa experiencia fue retomada por el hacendado jujeño Salvador Villar, quien impulsó un proyecto productivo en la zona, viajó hasta Brasil para traer semillas y plantas,que luego implantó en las laderas del actual Parque Calilegua. Esa iniciativa logró exportar café jujeño a Europa hacia mediados del siglo XIX, dejando un antecedente en la provincia.
En la década de 1970 se desarrolló el denominado plan “Argentina Café”, con nuevas implantaciones en Ledesma que si bien se alcanzó a exportar, el contexto internacional con mercados orientados a café estándar y producción a gran escala, dificultó la competitividad con países como Brasil, por lo que se abandono.
Destacó el papel de la productora Graciela Ortiz, quien recuperó cafetales implantados por su familia. Consideró que la provincia cuenta con amplias superficies de Yungas y condiciones climáticas incluso más favorables que en el pasado, producto de cambios en las fronteras agroclimáticas.