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Se cumplen 185 años de la muerte del general Lavalle

Los soldados del jefe unitario cargaron el cuerpo por la Quebrada de Humahuaca hasta Potosí.

Viernes, 09 de octubre de 2026 00:00
FOTO ANTIGUA | CASA DE LEOCADIA DE ZENAVILLA DE ALVARADO, EN EL BARRIO SAN FRANCISCO, EN LA ACTUAL CALLE LAVALLE.
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Plinio López

Una casa vacía, una puerta cerrada a las apuradas y unos pocos disparos. Así terminó, el 9 de octubre de 1841, la vida del general.

Juan Galo Lavalle, jefe del Partido Unitario. El escenario fue la casa de doña Leocadia de Zenavilla de Alvarado, en el barrio San Francisco, en la actual calle Lavalle. Pero el final de Lavalle fue también el comienzo de otro recorrido: el de sus restos.

Una noche en una casa sin lumbre. Tras la derrota de Famaillá, Lavalle y su escolta llegaron a Jujuy y encontraron la vivienda desocupada. No había comida ni fuego y un soldado fue enviado a comprar velas a una pulpería frente a la casa. El general se acostó en un catre en la tercera pieza interior. Félix Frías y Pedro Lacasa descansaron en otra habitación cercana al zaguán y la escolta se acomodó en el patio.

El amanecer del 9 de octubre. Mientras tanto, los federales comandados por el exunitario Domingo Arenas enviaron una partida al mando del teniente Fortunato Blanco. Antes del amanecer llegó a San Pedrito y mandó a un civil, Florencio Ramos, a recorrer la ciudad. Al volver, informó que no había patrullas unitarias. El objetivo declarado era apresar al doctor Elías Bedoya, a quien suponían en esa casa.

Cerca de las seis de la mañana, la partida llegó frente a la vivienda. Se oyó el "íQuién vive!" del centinela. Lacasa salió al umbral, vio a unos veinte metros a hombres armados con la divisa roja federal, cerró la puerta y gritó "íA las armas!". Lavalle respondió que ensillaran los caballos, porque "nos hemos de abrir paso".

Blanco ordenó a cuatro tiradores bajar de sus caballos y disparar contra la cerradura. Salieron solo tres tiros, y los federales se retiraron a toda prisa sin saber qué habían causado. Una de esas balas alcanzó a Lavalle cuando se acercaba al zaguán. Cayó en el patio y quedó sin vida bajo el arco. Sus soldados, creyendo que se trataba de un ataque mayor, huyeron por el fondo y la casa quedó en silencio.

GENERAL JUAN GALO LAVALLE | FUE ASESINADO EL 9 DE OCTUBRE DE 1841.

Una muerte con versiones distintas. Los detalles no son unánimes. El relato de la casa habla de un impacto en la garganta, mientras que otros textos históricos mencionan la cabeza. Una cartelera del museo, junto a la puerta original, reconoce que circulan versiones diferentes sobre lo ocurrido.

El viaje del cuerpo hacia Bolivia. El coronel Juan Esteban Pedernera, como segundo jefe, decidió que la tropa seguiría hacia Bolivia y ordenó llevarse el cadáver para que no cayera en manos de los federales. En esa época era común exhibir la cabeza del enemigo en una pica en algún lugar público, y eso es lo que sus leales querían evitar.

Cubrieron el cuerpo con un poncho, taparon el rostro con un pañuelo, lo colocaron cruzado sobre un caballo y marcharon por la Quebrada de Humahuaca rumbo a Potosí. Según un testimonio recogido por La Gaceta, el cortejo se detuvo unas dos horas en la iglesia de Tumbaya para intentar sepultarlo, pero huyó con el cadáver cuando se acercó una pequeña partida enemiga.

El descarnamiento. El trayecto superaba los 300 kilómetros a unos 3.000 metros de altura, bajo el calor agobiante de octubre. A unos 100 km de Jujuy, en Huacalera, el estado del cuerpo obligó a tomar una decisión drástica. Ante la descomposición, decidieron descarnarlo a orillas del arroyo Huacalera. Otras versiones sostienen que se hizo dentro de la capilla del lugar, y el organismo oficial de monumentos históricos señala que el cadáver fue descarnado en este sitio histórico.

Retiraron la carne, la enterraron cerca de la capilla y limpiaron los huesos. El cráneo fue colocado en un recipiente con miel. Algunos relatos agregan que el corazón se conservó en aguardiente. Fue una práctica extendida para trasladar a jefes militares fallecidos lejos de su tierra.

Llegada a Potosí. Según el relato de Lacasa, el grupo con los restos llegó a Potosí el 22 de octubre a las nueve de la noche, y poco después el prefecto Manuel Terán los convocó a la Casa de Gobierno. Los huesos fueron depositados en la iglesia de la ciudad. Los sobrevivientes llegaban agotados, pero habían cumplido su objetivo: los restos de su jefe no cayeron en manos enemigas.

Del Alto Perú a la Recoleta. Años después los restos volvieron a Buenos Aires, con una escala previa en Chile, y hoy están en el cementerio de la Recoleta. Algunos autores sitúan el paso por Valparaíso en 1842 y el regreso a la Argentina en 1861. Este recorrido inspiró el "Romance de la muerte de Juan Lavalle", de Ernesto Sábato y Eduardo Falú.

De escenario trágico a museo. En 1960 el Estado provincial expropió la casa de la calle Lavalle en la que murió el prócer, y desde 1962 es la sede del Museo Histórico Provincial "Juan Galo Lavalle". El museo, declarado Monumento Histórico Nacional por el Decreto 95.687/1941, pone especial énfasis en la historia de la muerte del general. También recorre los períodos prehispánico, colonial y republicano de la región. Entre las piezas se destaca la puerta original de la casa, que conserva las marcas de aquella mañana. En el patio hay un busto de Lavalle.

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