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La Historia detrás de la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya

El culto comenzó hace más de tres siglos, marcada por la presencia de Pedro Ortiz de Zárate y un antiguo relato.

Miércoles, 07 de octubre de 2026 00:00
FOTO HISTÓRICA | DE LA CAPILLA VIRGEN DEL ROSARIO DE RÍO BLANCO.
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La devoción a Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya es una de las expresiones religiosas más arraigadas de Jujuy. Su celebración central tiene lugar cada 7 de octubre, aunque las actividades en su honor se extienden durante todo el mes y convocan a miles de fieles en el santuario de Río Blanco.

El origen del culto se remonta al siglo XVII, cuando la zona de Paypaya, donde actualmente se encuentran el pueblo de Río Blanco y su santuario, estaba vinculada a la familia de don Gonzalo de Tapia. El territorio pertenecía a la encomendera doña María de Tapia y Loaysa, cuya familia mantenía una capilla dedicada a la Virgen.

Desde la década de 1660, el sacerdote Pedro Ortiz de Zárate atendía el culto en Río Blanco. Durante aproximadamente diez años permaneció vinculado a la comunidad de los paypayas y celebraba las fiestas del Rosario durante octubre, a las que concurrían nativos, españoles y criollos.

Según consta en el testamento de María de Tapia y Loaysa, el sacerdote destinaba sus estipendios a la reedificación de la capilla. También trasladaba la imagen de la Virgen en una carreta de dos ruedas tirada por bueyes, entregada por el obispo Melchor Maldonado y Saavedra.

Los paypayas habían desarrollado distintas actividades productivas en la zona. Contaban con un molino harinero, una fragua para fabricar herramientas y campanas, un aserradero destinado a trasladar madera hacia las minas de Chichas, un trapiche para moler caña de azúcar y una almona para fabricar jabón.

PATRONA DE LA PROVINCIA

La comunidad llegó a tener más de doscientas cabalgaduras y la devoción a la Virgen comenzó a extenderse por distintos puntos de Jujuy. Ortiz de Zárate, por su defensa de los pueblos originarios, fue conocido como el "queredor de los indios" y el "Defensor de los Paypayas".

El culto también creció en un contexto marcado por los ataques de grupos provenientes de la región chaqueña. Durante el siglo XVII, distintas poblaciones sufrieron incursiones que dejaron muertos, destrucción y personas tomadas como cautivas.

En 1669, uno de esos ataques alcanzó la chacra de los paypayas en Río Blanco. Es precisamente en ese episodio donde se ubica uno de los relatos más importantes de la tradición vinculada a la Virgen.

La aparición de 1669

Según la tradición, mientras los atacantes cruzaban el río Grande, una mujer apareció sobre un árbol pacará. Llevaba una niña en brazos y sostenía un objeto interpretado como un rosario. La aparición habría provocado el retroceso de los atacantes y actuado como un escudo protector para los habitantes de Río Blanco.

A partir de este relato, la Virgen del Rosario quedó asociada a la protección de la comunidad frente a los peligros y las dificultades. La historia se transmitió a través de generaciones y se incorporó a la identidad religiosa de la región.

En los años siguientes, la situación de los pueblos originarios continuó siendo motivo de conflicto. En 1671, el gobernador Ángel Peredo y el sargento Diego de Pineda, conocido como "Charabusú", ingresaron al Chaco y reunieron a más de dos mil nativos para distribuirlos en distintas ciudades de la Gobernación.

Ortiz de Zárate se opuso a esa práctica y cuestionó al gobernador por la desnaturalización y el reparto de los indígenas.

Una tradición que permanece

La devoción a la Virgen continuó entre los paypayas y llegó hasta nuestros días. Una de las huellas materiales más antiguas es una pequeña campana conservada en la Iglesia Parroquial de Jujuy, fechada en 1696, cuya inscripción señala: "Soy de Nuestra Señora de Paypaya".

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