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Fue muy importante conocer el proceso de sanación de las mujeres que participaron de la Diplomatura de la Formación Integral de Empoderamiento ¿Cómo fue para Ud. acompañarlas desde una mirada vinculada con la sanación holística y qué encontró cuando comenzó a trabajar con ellas?
Antes que nada, nosotras, como mujeres de conocimiento de la provincia de Jujuy, recibimos de nuestras abuelas y abuelos una enseñanza muy profunda: primero está el alma o el espíritu. Luego eso se traslada a lo emocional y con el tiempo puede manifestarse en lo físico.
A veces hablamos de un susto o de una situación que vivimos y sentimos que, de alguna manera, "se nos fue el alma". En el caso de las mujeres que participaron de esta Diplomatura encontramos principalmente mucha impotencia, tristeza y situaciones difíciles y complejas que atravesaban, sin encontrar una salida.
Muchas veces una persona va al médico y recibe un diagnóstico, pero otras veces se le recomienda hacer terapia psicológica. Todo eso es importante, pero nosotras entendemos que también hay que mirar esa otra parte nuestra, el espíritu, la esencia, aquello que nos pasa internamente.
Por eso decidimos ir un poco más a fondo y utilizar las herramientas que tenemos como mujeres de nuestra provincia.
Hace muchos años, alrededor de 2012, tuvimos una primera experiencia de formación en este sentido. Algunas hermanas tuvieron la posibilidad de viajar fuera del país y conocer formas de sanación utilizadas por mujeres de otras culturas y comunidades.
También entendimos que muchas situaciones de violencia se van transmitiendo a través de las generaciones. Hay dolores que quedaron en nuestras abuelas, pasaron a nuestras madres y, de alguna manera, también llegan a nosotras.
Por eso, cuando estas mujeres llegaron a la Diplomatura, buscamos trabajar con esas herramientas para abordar la tristeza, el decaimiento y esas situaciones en las que una siente que no encuentra una salida.
No se trata solamente de sanar el cuerpo. Tenemos que mirar la mente, las emociones y también el espíritu. Ahí buscamos un empoderamiento integral de reconocer nuestra parte física, emocional, mental y espiritual y encontrar un equilibrio.
¿Cómo se trabajó ese proceso de reconocimiento y sanación?
Antes que nada, aprendiendo a hablar y a pedir ayuda. Porque muchas veces decimos: "Yo estoy bien, no tengo nada, no necesito ayuda". Pero llega un momento en que el alma te habla y te dice que algo está pasando. Sentís que no estás bien, que no estás cómoda.
El primer paso es pedir ayuda y, después, reconocer qué necesitamos. Reconocer que hay algo que no nos nutre, algo que ya no va con nosotras, algo que no está bien en nuestro ser. Ese reconocimiento nos permite decir: "Acá es donde debo concentrarme, conectarme y empezar a mirarme".
Muchas veces, cuando empezamos a mirarnos y a darnos tiempo, sentimos que estamos siendo muy egoístas. Pero no es egoísmo. Si yo estoy bien, mi entorno también va a estar bien. Si yo me siento bien, voy a tratar mejor a quienes tengo alrededor y en mi contexto.
Todo repercute. Entonces comienza todo un proceso de introspección. A veces no queremos mirarnos, pero cuando lo hacemos podemos reconocer cómo estamos y encontrar la herida que necesita ser sanada.
Después vamos trabajando las emociones, la mente, transformando y cambiando pensamientos y patrones que ya no necesitamos. Vamos hablándonos, mirándonos, queriéndonos y, de alguna manera, también sanando nuestro cuerpo físico.
Muchas de las mujeres que participaron dieron testimonios muy fuertes. ¿Qué fue lo que más te movilizó de esas historias y qué fue lo que más trabajaron?
Principalmente, situaciones vinculadas con enfermedades o traumas que quedaron a partir de golpes muy fuertes que recibimos cuando éramos niñas. Ahí es donde duele el alma.
Yo soy una persona que primero se observa a sí misma. A mí también me pasaron muchas de esas cosas. Yo también tuve que salir de esas situaciones y fui construyendo mis propias herramientas, transformándome y estudiando. De alguna manera, pude transformar ese dolor en amor.
La superación es posible, pero requiere mucha paciencia, amor, capacidad de escucha y empatía. No significa decir "yo sé exactamente lo que te pasa", porque no es lo mismo. Significa intentar comprender a la otra persona.
Cuando observo esos dolores en otra mujer y también los reconozco en mí, me pregunto qué necesitaba yo en ese momento, cuánto necesité esas herramientas. Y hoy ya al tenerlas puedo transmitírselas a mis hermanas, puedo ofrecérselas.
Pero también hay algo fundamental, hay que tener voluntad de querer salir. A veces creemos que estamos bien así porque determinadas situaciones se vuelven normales o comunes. Y no, no todo lo que naturalizamos es normal.
También se trabajó mucho la recuperación de la unión, la comunidad, la hermandad y la solidaridad entre mujeres. ¿Por qué es importante sanar juntas?
Porque cuando una se desmorona, está la otra para ayudarla. Y cuando la otra se desmorona, hay otra mujer para sostenerla.
Nosotras somos una comunidad. Si observamos la naturaleza, vemos que las plantas se ayudan, que los animales colaboran entre ellos, que las aves se cuidan. Incluso las piedras se sostienen unas a otras.
Tenemos que cambiar nuestra manera de mirar la naturaleza. Nos han enseñado que la naturaleza es salvaje, pero también es amorosa. Hay una forma de cuidarnos entre todos y de entender que somos necesarios unos para otros. Por eso es fundamental recuperar la comunidad.
A veces nos reunimos y terminamos hablando mal de otra mujer. Yo siempre les digo a las chicas: Imagínense si nos juntáramos para construir. Podríamos hacer grandes cosas. Podríamos sanarnos y cuidarnos unas a otras sin competir.
¿Competir para qué? Todas somos mujeres. Todas hemos sido hijas, muchas hemos sido hermanas, madres o cuidadoras de distintas maneras.
La idea es abrazarnos, sostenernos, admirarnos y poder mirarnos de igual a igual.
Estamos viviendo tiempos de cambios y muchos paradigmas se están transformando. Se trata de volver a esa esencia que nos transmitieron nuestros abuelos, pero incorporando también las herramientas que tenemos hoy.
¿Qué herramientas utilizaron para lograr esa reconexión y que muchas mujeres hoy se sientan más libres y fortalecidas?
Una de las herramientas fundamentales es la identidad, nuestra cultura, todo aquello que tenemos en nuestra tierra y saber quiénes somos y de dónde venimos.
También están nuestras herramientas medicinales: las hierbas, las formas de curarnos y sanarnos, las diferentes plantas, la conexión con los animales y con la tierra, y las ceremonias ancestrales.
Otra herramienta fundamental es la alimentación. No solamente cómo comemos, sino cómo nos alimentamos y cómo nos nutrimos. Hablamos también de soberanía alimentaria y de tener una alimentación saludable, pero también de preguntarnos cómo cocinamos, si lo hacemos con amor, con tiempo y dedicándonos a nosotras mismas.
Dentro de las terapias holísticas también aparecen la meditación, los aromas, los sahumos, los baños y el reconocimiento de nuestra propia energía.
Todo sirve cuando entendemos que debemos sanar de manera integral. No enfocarnos solamente en la mente, ni solamente en el cuerpo o en las emociones, sino mirar el todo.
Ahí es donde comenzamos a recuperarnos y a mirarnos nuevamente de igual a igual.
Después de haber acompañado a tantas mujeres en este proceso, si tuviera que hablarle a una mujer que hoy se siente perdida ¿qué le diría?
Que sí se puede, que tenemos que frenar esas formas de cuestionamiento y discriminación que muchas veces tenemos entre nosotras.
Porque sí se puede volver a empezar, cuando decidimos escucharnos, reconocernos, pedir ayuda y recuperar esa conexión con nuestra propia esencia.