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Las vacaciones también pueden generar ansiedad: cómo evitarla

Aunque se la asocia con descanso y disfrute, esta época del año también puede activar tensiones emocionales. La planificación, los viajes y la ruptura de rutinas explican por qué muchas personas llegan agotadas al verano.

Jueves, 15 de enero de 2026 12:43

Las vacaciones suelen pensarse como una pausa necesaria después de meses de trabajo o estudio. Sin embargo, para muchas personas, este período no siempre trae alivio. Por el contrario, aparecen síntomas físicos y emocionales que sorprenden: irritabilidad, insomnio, inquietud o una sensación persistente de malestar.

Según explica Eduardo Oscar Gigena (M.N. 77.593), médico psiquiatra del INAR y jefe del Departamento de Emergencia del Hospital Neuropsiquiátrico “Braulio A. Moyano”, la ansiedad es una respuesta esperable frente a determinados cambios, incluso cuando esos cambios son deseados.

“La ansiedad es la respuesta psicofísica a factores de estrés o a la incertidumbre”, señala el especialista.

Cuando el descanso empieza antes de salir

Uno de los errores más frecuentes es creer que las vacaciones comienzan al llegar al destino. En realidad, el proceso arranca mucho antes.

“El inicio de las vacaciones no es el día de la llegada a destino, sino que comienza mucho antes, cuando se empiezan a planificar”, explica Gigena.

Esa planificación incluye múltiples decisiones que pueden convertirse en fuentes de tensión: presupuesto, alojamiento, traslados, itinerarios y logística familiar.

“Esta planificación incluye organizar el presupuesto para los días de estadía, buscar alojamiento, planificar el viaje, tanto el itinerario como las situaciones que se generen durante el mismo, como el comportamiento de los hijos, las paradas para comer o la duración del trayecto”, detalla.

En el caso de los viajes aéreos, hay un factor adicional que suele pasar desapercibido: “El miedo a volar es un factor desencadenante común a muchas personas”, advierte el psiquiatra.

Qué pasa en el cuerpo y en la mente

La ansiedad no se manifiesta de una sola manera. Puede expresarse tanto a nivel psicológico como físico.

“Las manifestaciones psíquicas son miedo, insomnio, irritabilidad. Y las físicas, taquicardia, inquietud, temblor”, enumera Gigena.

Además, no toda ansiedad es necesariamente negativa. “Esta ansiedad puede ser positiva, es decir, hace que responda adecuadamente y me ponga en acción, o negativa, alejándome de la situación de estrés y retrayéndome”, aclara.

Desde el punto de vista biológico, estas reacciones tienen una explicación concreta. “Todas estas reacciones están mediadas por neurotransmisores cerebrales como la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, en respuesta al exceso de cortisol que genera el estrés”, explica.

El impacto de romper la rutina

Una vez en el destino, aparece otro desafío: la pérdida de la estructura cotidiana.

“Lo primero a tener en cuenta es la falta de rutina, que si bien puede ser parte del objetivo del viaje, genera ansiedad por la dificultad para organizar el tiempo libre”, señala Gigena.

Paradójicamente, el extremo opuesto también puede resultar problemático.

“El exceso en la planificación de actividades, ya sea por expectativas propias o por cumplir con lo que vemos en redes sociales o consejos de terceros, también puede cargarnos de ansiedad”, advierte.

La presión por “aprovechar cada minuto” puede transformar el descanso en una carrera contra el tiempo.

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