Roberto Carlos, la figura más representativa de la música popular y uno de los grandes ídolos en un país de grandes ídolos como Brasil, cumplió ayer 85 años.
Su trayectoria abarca más de seis décadas y supera los 100 millones de discos vendidos en todo el mundo, lo que lo convierte no solo en un fenómeno comercial, sino en un símbolo de identidad cultural. Su obra es relevante porque ha transformado la música brasileña, atravesando idiomas, generaciones y clases sociales.
Su legado reúne éxitos que han definido el gusto popular, reflejando la evolución social y musical de un país que vive para la música, e influyendo en la cultura latinoamericana con un repertorio conocido por varias generaciones.
Nacido en Cachoeiro de Itapemirim, un pequeño pueblo del pequeño estado de Espíritu Santo -al sur de Bahía, al norte de Río de Janeiro- Roberto Carlos vivió una infancia influida por la música antes de alcanzar la fama en los años 60.
Su consagración definitiva llegó al encabezar la Jovem Guarda, un movimiento de música pop juvenil que impulsó cambios en el comportamiento de una generación y modernizó la percepción de la juventud en Brasil. Junto a su hermano Erasmo Carlos, cocompositor de buena parte de sus grandes éxitos de todos los tiempos, se erigió como la voz de una juventud expuesta al influjo de ritmos internacionales como el rock y la música pop.
Aunque este movimiento implicó ruptura, Roberto Carlos mantuvo una imagen de "buen muchacho", lejos del escándalo y fiel a valores tradicionales, característica que luego marcaría la línea temática de su obra.