Una organización con estructura empresarial garantizaba a cerca de 50 futbolistas de equipos de la Serie A —tanto del Inter y del Milan como de equipos que jugaban como visitantes en la ciudad— una relajante fiesta postpartido "todo incluido".
La jornada empezaba en los locales más exclusivos de la vida nocturna milanesa y, para quienes lo deseaban, que eran muchos, continuaba en compañía de una joven escort en la habitación de un hotel. Todo ello tras haber inhalado, en algunos casos, gas de la risa: una sustancia de efectos embriagadores que cuenta con la ventaja no despreciable para un atleta de no ser detectada en los controles antidopaje.
Los cuatro gestores de la organización, que lograron recaudar más de un millón de euros mediante este sistema, han sido puestos bajo arresto domiciliario acusados de asociación ilícita dedicada al favorecimiento y explotación de la prostitución, entre otros delitos.
Tanto las jóvenes como la mayoría de los atletas eran de corta edad; no así los empresarios, dispuestos a rascarse el bolsillo al mismo nivel que los futbolistas. El encuentro entre la "oferta" y la "demanda" de compañía era promovido por relaciones públicas vinculados a una agencia de Cinisello Balsamo, dirigida por los dos principales investigados. En su objeto social figuraba la organización de eventos en locales de moda de Milán y otros lugares, incluido el extranjero.
En total, reclutaron a un centenar de modelos de imagen cuya tarea era entretener a los invitados en las pistas de baile y en los reservados durante fiestas publicitadas en redes sociales como exclusivas. A los futbolistas y empresarios les correspondía, por supuesto, pagar facturas astronómicas de miles de euros por mesas donde, junto a los cócteles, se acumulaban botellas del champán más costoso.
Una cosa es el acompañamiento de las modelos de imagen y otra muy distinta el de las escorts que prestaban servicios sexuales previo pago de otros miles de euros. Lo primero no constituye delito, y no habría nada ilegal en lo segundo si no fuera porque alguien, además de las mujeres, se lucraba con ello. La investigación de la Fiscalía de Milán, dirigida por la fiscal adjunta Bruna Albertini, señala a dos de los cuatro investigados como el núcleo de la trama.
Según documentos de la acusación revelados por el Tg1, las jóvenes que trabajaban para la pareja eran instadas a mantener relaciones sexuales remuneradas con los clientes, seleccionados principalmente entre futbolistas profesionales. Para garantizar la máxima discreción y evitar el riesgo de ser reconocidos en hoteles comerciales, la organización ponía a disposición sus propias estancias.
El piloto de F1 y el gas de la risa
"Tengo un amigo piloto de Fórmula 1 que viene a Milán esta noche y quiere a una chica", se recoge una de las escuchas telefónicas. Menos de una decena de mujeres ejercían la prostitución —italianas y extranjeras de entre 18 y 30 años—, quienes recibían el 50% de los beneficios obtenidos tanto en la zona de Milán como en la isla griega de Mykonos.
El consumo de sustancias representa un gran riesgo para los futbolistas. Para animarse utilizaban protóxido de nitrógeno, conocido como "gas de la risa". Empleado habitualmente como anestésico, provoca euforia y, según los investigadores, "se usa como sustancia psicoactiva porque no es detectable en los test antidopaje convencionales", lo que lo hacía muy atractivo para los atletas de élite.
La Guardia di Finanza, encargada de ejecutar la orden de custodia cautelar, ha realizado diversos registros y el embargo preventivo de más de 1,2 millones de euros, considerados beneficios de delitos que incluyen blanqueo de capitales y tráfico de estupefacientes. Según una nota del fiscal Marcello Viola, los investigados poseían ingresos reales totalmente desproporcionados respecto a los declarados oficialmente, los cuales procedían exclusivamente de este lucrativo negocio vinculado a la organización de eventos.