Desde los estantes de madera, asoman en trazos llamas, lunas y cactus con esencia rupestre que se dejan ver a simple vista. Es el arte jujeño que se muestra en piezas únicas convertidas en objetos que cuentan historias a través de una técnica especial.
En el universo donde vasijas, tazas, macetas y mates, se congregan para develar el trabajo genuino, lucen bien torneadas y sin raspaduras con el brillo propio de un elemento tan noble que permite la fusión de diseño y funcionalidad, sin perder el alma de lo hecho a mano. En honor a la Madre Tierra inclinaron su trabajo, pues la arcilla es el material que se trabaja para elaborar cada pieza y que proviene de Palpalá y Alto Comedero.
Fernando Horacio Arce es el artesano que busca la materia prima pero tiene la ayuda incondicional de su esposa Mariela Mónica Gutiérrez, quien brinda lo mejor de sí al compartir este saber que, en todo momento, honra a la Pachamama.
"La arcilla se limpia, se moldea la tierra que queda como un chocolate y se deja reposar, se vacía hasta llegar a la anchura deseada y luego dejar en el molde para que repose. Cuando está listo, sólo hay que desmoldar. Si hace calor, es más rápido", expresó Gutiérrez con el orgullo propio de amar su saber autóctono jujeño.
Cada obra tiene su proceso, ya que luego del desmolde tiene que ser raspada con gran cuidado, observando siempre que no presente hendiduras o grietas y así pasar a la "esponjeada", técnica manual para que la superficie de la pieza quede alisada, sin fisuras hasta dejarla secar.
"Trabajamos la pieza con cariño y con las manos le vamos dando forma, no usamos tornos. Después, mi marido lo pinta y entra al horno eléctrico para cocinarse la arcilla", detalló la trabajadora encantada de haber aprendido este oficio que en el presente es su medio de vida.
Desde hace tres años que llegó al taller, la sorpresa al ver la cantidad de piezas, fue inmensa. Y desde allí, abrevó de este arte que, a través de la práctica, lleva a cabo cada día. "A las tazas que se utilizan para tomar té o café, se las cura con leche. Una vez secas, se les pone leche y se deja media hora para que se humecte y después se puede usar como siempre. También esta arcilla es apta para horno microondas, no se hace nada, ni tiene problemas con el calor", explicó.
Un manojo de obras en diferentes tamaños que brinda, se puede apreciar listo para adquirir. Desde cazuelas, bandejas, sahumadores, platos y floreros hasta licoreras que esta época son importantes para homenajear a la Madre Tierra.
Los adornos, los colgantes y las ollas en miniatura no faltan en esta suerte de despliegue andino que emerge como tradición de manos jujeñas.
Las compoteras y los vasos también se exponen para este mes tan místico como respetable. "Nosotros en casa acostumbramos a darle de comer a la Pachamama, hacemos la comida y la preparamos en las cazuelas que nosotros mismos creamos", reveló como una manera de rendir tributo al elemento que les permite progresar.
"Somos de creer que este mes hay que agradecer por todo. Siempre trabajamos porque hay que agradecer que tenemos la posibilidad de hacer esto para mejorar", comentó Gutiérrez, resaltando que para la feria de invierno en la plaza España, participó su esposo ofreciendo su labor en conjunto.
En cada momento del año de a dos vuelcan su creatividad para sorprender, contemplando la posibilidad de hacer nuevas obras que dejen una impronta con especial hincapié en el hacer minucioso, revelando cada detalle al máximo.