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Están en continentes distintos pero tienen la misma pasión

Florencia Santillán, construye comunidad en Bahrein, y Luis Lobo Borovia elige encuentros puntuales en EEUU.
Lunes, 06 de julio de 2026 00:00
CLUB DE ESPAÑOL | FLORENCIA SANTILLÁN ENCABEZA UN ENCUENTRO PARA VER EL PARTIDO CON SUS ALUMNOS.

Entre Bahrein y Dallas, la distancia con Jujuy se mide en miles de kilómetros, y durante un partido de la Selección, esa distancia parece acortarse. Para Florencia Santillán y Luis Lobo Borobia, dos jujeños que viven en el extranjero, el Mundial se vive diferente, marcados por el lugar que eligieron para construir sus vidas.

Florencia Santillán reside desde hace seis años en Bahrein, un pequeño reino del Golfo Pérsico donde los argentinos son pocos, pero la pasión por Lionel Messi y la Selección argentina atravesó fronteras. Allá los horarios no siempre acompañan, algunos partidos los obligó a madrugar y otros terminan entrada la noche pero nada le impide seguir al equipo nacional.

"Estamos siguiendo todos los partidos de Argentina, algunos son a las cinco de la mañana, otros a las una, pero aquí los seguimos como sea. Por donde voy, voy con mi remera argentina y todo el mundo me felicita, me saluda y se quiere tomar fotos", contó.

Uno de los partidos de la Selección, disputado a las ocho de la noche, permitió organizar un encuentro especial. El horario ayudó y la convocatoria reunió a personas que llegaron incluso desde Arabia Saudita. Hubo venezolanos, peruanos, nicaragüenses y habitantes de Bahrein que se sumaron con camisetas y banderas para alentar a la Argentina.

La escena no fue casual. En estos años, Florencia creó una comunidad alrededor del Club Español, un espacio desde el que enseña el idioma, pero también difunde costumbres y expresiones culturales de la Argentina y Latinoamérica. Las clases incluyen mucho más que gramática: allí se habla de música, tradiciones y hasta se enseña a tomar mate.

JUJEÑA | FLORENCIA SANTILLÁN DESDE BAHREIN.

La propuesta encontró una respuesta que superó sus expectativas. La comunidad creció, sumó alumnos de distintos ámbitos y llegó incluso a integrantes de la familia real de Bahrein. Los profesores que trabajan con ella son argentinos y participan de manera virtual, lo que permite mantener un vínculo directo con el idioma y con la cultura que buscan transmitir.

"Tenemos una comunidad grande que sigue el Club Español y está aprendiendo realmente el idioma. Enseñamos español, pero también, y sobre todo, la cultura argentina y latinoamericana", explicó.

Así el Mundial encontró en Bahrein una comunidad que ya venía reuniéndose alrededor del español y de la cultura latina pero la Selección agregó otro lenguaje compartido en un lugar donde no abundan los argentinos, la camiseta celeste y blanca es un puente inmediato con personas de otras nacionalidades.

En un contexto regional complejo, Santillán llegó recientemente a Bahrein para continuar con su trabajo, luego de haber permanecido un tiempo en Estados Unidos, donde viven sus padres y hermanos. La expectativa de que el conflicto en Oriente Medio termine convive con la vida cotidiana y con ese pequeño espacio de celebración que abre el fútbol.

Desde Estados Unidos

LUIS LOBO BOROBIA | EN SU HOGAR EN EEUU, LO VIVE EN FAMILIA.

A más de doce mil kilómetros, Luis Lobo Borobia vive el Mundial desde otro escenario. Radicado desde hace años en Estados Unidos, actualmente reside en Dallas, una de las áreas donde se juega la competencia. Llegó al país por la empresa para la que trabajaba cuando todavía vivía en Buenos Aires y gracias a su formación en informática, se estableció allí y más tarde llevó a su hijo desde la Argentina.

Podría suponerse que vivir en un país sede garantiza estar cerca de la Copa, pero la experiencia de Luis muestra otra realidad. Las distancias, los precios de las entradas y la propia dinámica de una gran área metropolitana hicieron que eligiera una forma más doméstica de acompañar el torneo. "Me encanta el fútbol y amo la Copa del Mundo, pero no me parece que valga dos mil dólares una entrada. Yo prefiero verlo tranquilo en mi casa, con mi hijo o con amigos argentinos", explicó.

Dallas-Fort Worth es un enorme conglomerado de ciudades conectado por autopistas y el estadio está en Arlington, por lo que llegar hasta allí implica desplazamientos y a eso se suma el costo de las entradas, que terminó por alejarlo de la idea de presenciar un partido.

La pasión argentina, sin embargo, encontró otros puntos de reunión. En Irving existe una importante comunidad de argentinos, con una presencia llamativa de mendocinos, mientras que el grupo de WhatsApp "Argentinos en Dallas" sirve para coordinar actividades. Algunos locales gastronómicos se transforman en puntos de encuentro durante los partidos y también se organizan fiestas y previas para reunir a quienes quieren vivir el Mundial en grupo.

La Copa también modificó algunos rincones de la ciudad. Arlington concentra buena parte de la ambientación, mientras que en Deep Ellum, una zona conocida por sus bares, murales y graffitis, apareció una intervención dedicadas a la Copa y hubo controversia. Borobia contó que la llegada del torneo obligó además a cambiar temporalmente nombres comerciales de estadios y a adaptar escenarios deportivos que habitualmente reciben fútbol americano, básquet, hockey y grandes conciertos.

Pese a ello, Lobo Borobia se mueve entre encuentros ocasionales, alguna previa y los partidos en casa. También sigue una agenda cultural argentina que creció alrededor del Mundial, con músicos que aprovecharon la presencia de miles de compatriotas para presentarse en distintas ciudades, entre ellos Ciro y los Persas y Los Ratones Paranoicos, y en la previa Catriel y Paco Amoroso.

"Por ahí he ido a fiestas y a algunas previas, y capaz vaya a otra para el próximo partido. Se están haciendo actividades que juntan a los argentinos y también han venido varios artistas aprovechando la cantidad de gente", relató.

Santillán y Lobo Borobia viven el mismo Mundial desde realidades opuestas, ella en un país donde casi no hay argentinos pero logró construir una comunidad que se acerca al país a través del idioma, el mate, la música y ahora también el fútbol. Él está en un país anfitrión, rodeado por la infraestructura para la Copa, pero decidió vivirla lejos de las tribunas y más cerca de su hijo, sus amigos y los pequeños rituales de la comunidad argentina.

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