La creación artesanal siempre formó parte de sus días porque desde que era una niña de nueve años aprendió a tejer gracias a Petronila Martínez, su abuela oriunda de Volcán. Es que se trata de un saber que hoy es su oficio de vida y que valora con el corazón.
Con cada pieza hecha a partir de la técnica, la aplicación y la prolijidad; Marcela Mancilla brinda en sus obras un encanto especial.
Sus manos descubren los secretos que guarda la fibra de lana de llama y revela a partir de la lana de oveja, naturales textiles que para el invierno son abrigos indispensables.
Vierte con cada punto aquél saber heredado y propone distintas tramas que son dedicadas tanto para adultos como para niños o cualquier edad.
Chales, ponchos y boinas en una multiplicidad de tonalidades hacen a su stock que permanentemente renueva porque aprendió que en el trabajo está lo valioso de brindar lo mejor de sí misma.
"Mi familia de artesanos, la mayoría de la Quebrada, me acuerdo de mi abuelita que sabía traer la lana de oveja al Xibi Xibi para lavarla y dejarla ahí, en las piedras a que se seque; incluso volvíamos a la tarde a retirarlas", relató Marcela Mancilla, una tejedora que ofrece el alma en cada prenda pensada para atravesar el invierno.
Como cada labor artesanal, tejer conlleva un proceso en el que se tiene que seleccionar y ovillar la lana para que el resultado final sea una prenda hermosa con técnica pero sobre todo donde sea notable la dedicación.
Entre beiges y marrones, caramelos y grises; se encuentra la gama de obras naturales que nacen de su talento, como una constante manera de expresar que la tarea puntillosa siempre es su motivación.
Su trabajo abarca las tullmas vibrantes hechas de vellón de lana de oveja junto a los atrapasueños decorados con un tejido especial y plumas; que forman parte de un stock con el principal objetivo de compartir su habilidad que considera como una gran combinación entre la aptitud que es la facilidad para comprender patrones y formas; en complemento con la destreza manual desarrollada con la práctica. "Este es un producto artesanal que no es tan valorado, capaz lo sea más lo industrializado; pero enseguida se nota, se llena de pelotitas, se estira o se agranda por el uso", destacó Mancilla afirmando que la excelencia en el tejido en realidad se construye con disciplina, paciencia y perseverancia.
Como un consejo de la tejedora jujeña, aseguró que por el cuidado de la trama en la pieza, es preferible lavarla a mano y con agua fría porque si se utiliza agua caliente, la lana se apelmazaría. Además remarcó que no se debe colocar en lavarropas ya que puede perder su forma, al ser delicada la lana.
Así es que para que persista en el tiempo, se deberían tener precauciones. "El jabón tiene que ser en pan, en polvo o líquido pero sí es importante que se lave aparte porque son tejidos que necesitan una protección especial", remarcó la artesana a quien le gustaría ver florecer con más fuerzas este saber en los jóvenes de hoy.