Su primer acercamiento con el arte fue cuando su mirada de niño se llenó de asombro al ver la simpleza de la naturaleza y los seres que la habitan, pero también de aquella observación de un simple tenedor superpuesto en una cuchara sobre la mesa.
Hasta que la madera entró en sus retinas de una manera especial y lo obnubiló para siempre en el corazón de una carpintería. Casi sin querer, José Alberto Pérez había impregnado su destino como artista interesado en aquello que puede ser creado a partir del elemento natural desde El Talar, departamento de Santa Bárbara.
Entonces, en su infancia la fascinación por la noble materia prima lo cautivó a través del aroma, la textura y el color; así, llegó a un aserradero donde tomó contacto con herramientas de tallado y llegó a aprender de técnicas muy sencillas.
Y fue en una clase de actividades prácticas que su maestra le acercó un utensilio. Era un buril, el primero que llegó a sus manos y con el que incursionó en la talla propiamente dicha.
"Cuando fallece mi abuelo, yo estaba enojado con la vida y agarré un hacha y le di forma a un tronco", reveló Pérez quien a raíz de esta escultura, descubrió un camino que lo condujo a brillar en una artesanal labor, para admirar.
La primera figura que marcó su arte fue la Virgen de Guadalupe, luego un Cristo que lo lanzó a ser más conocido, siendo que, previamente, realizaba labores en el cementerio.
"Mi primer salida fue en el año 2014, hacia Colón, Entre Ríos. A partir de ahí, obtengo menciones y premiaciones hasta que en el año 2022 logro obtener un campeonato nacional y el último fue en el año 2024", indicó el escultor jujeño que participó de encuentros en Perú, Chile e Italia.
El estado de contemplación permanente hace que su óptica sea particular, donde la naturaleza se muestra plena; o ver que se mueve una línea junto a las profundidades de una simple hoja movida por el viento y tratar de reproducirlo con cuidado en el detalle.
Para esta labor, la paciencia es imprescindible a fin de llegar lejos. Pero sus raíces se encuentran en la formación educativa talareña en la escuela 66 "Martín Miguel de Güemes", donde apreció lo que le daría el motivo para ser escultor.
"Yo no podía vivir si no tenía contacto con la madera. De hecho en la escuela donde estudiaba Agronomía, había una carpintería abandonada, hasta que fui y me la pasaba horas y horas usando esas máquinas; arreglaba los placares, las mesas, las sillas, las bancas las arreglaba porque era lo mismo", resaltó.
Es que la madera tiene algo que exige a quienes la trabajan, que es conocerla previamente, comprenderla y amistarse con la pieza para tener una conexión especial, según el criterio del artista.
Lo espiritual estuvo vinculado con su pensamiento y accionar a partir de que su madre se enfermó, eligió la protección de San Francisco esculpiendo su figura en madera para reafirmar su fe y agradecer el milagro con su obra, desde la sensibilidad.
"Es una forma de poder estar en contacto con la oración, con Dios. De hecho, la mayoría de mis trabajos son de características religiosas", aclaró Pérez quien no deja de aprender nunca sobre su trabajo.
"Si no se puede ser el árbol más grande en esta vida, hay que convertirse uno en una semilla. Lo que considero es que hay que ser siempre agradecido y constante a la vida", dijo Pérez que recientemente fue parte del XX Aniversario de la Fiesta Nacional de la Artesanía y del campeonato nacional de escultores en Colón, Entre Ríos; donde representó a Jujuy.
"Para mí es gritar desde lejos para que los que están cerca me escuchen, amo lo que hago pero no puedo vivir de esto en mi pueblo. La mayoría de mis trabajos no quedan en mi pueblo y eso es lo que me duele a mí", remarcó quien tiene una pequeña hija y por quien encuentra el motivo para ser feliz.