Australia volvió a encontrar en un Mundial una alegría de esas que quedan grabadas en la memoria de sus hinchas. Nestory Irankunda abrió el triunfo por 2-0 sobre Turquía en Vancouver y celebró con una imagen cargada de historia: golpeó el banderín del córner para recrear el icónico festejo de Tim Cahill en el Mundial 2006, cuando el histórico delantero marcó el primer gol de los Socceroos en una Copa del Mundo, remontó el partido y encaminó la primera victoria mundialista del país. La FIFA rescató la referencia y lo definió como una “auténtica herencia australiana”.
El resultado también tuvo algo de reivindicación para una selección que en Qatar 2022 alcanzó los octavos de final antes de caer por 2-1 ante la Argentina. En su estreno en el Grupo D, Australia se apoyó en una actuación colectiva tan disciplinada como efectiva para superar a un rival que llegaba con nombres más pesados -como Arda Güler y Hakan Çalhanoğlu, entre otros- y mejores credenciales individuales.
Desde el comienzo quedó claro el contraste entre los planes de los entrenadores. Turquía asumió el control de la pelota de la mano de figuras como Güler, Kenan Yildiz y Çalhanoğlu, mientras que Australia se replegó con una línea de cinco defensores y apostó por esperar en su propio campo. Sin embargo, la circulación turca rara vez se transformó en profundidad y, con el correr de los minutos, los Socceroos empezaron a sentirse más cómodos.
La recompensa llegó a los 27 minutos, cuando Irankunda aprovechó una transición rápida para marcar el 1-0. A partir de entonces, Turquía insistió por todos los caminos posibles, pero nunca logró desarmar el entramado defensivo australiano. El segundo gol, convertido por Connor Metcalfe a los 75 minutos tras una corrida y una definición precisa, terminó de confirmar el éxito de un plan ejecutado con disciplina y convicción.