La llegada del frío impacta en los hábitos de los gatos. Por eso, es frecuente observar cambios en ellos, especialmente en la cantidad de horas que dedican al descanso y en su nivel de actividad.
En el marco del Día del Animal, que se celebra este 29 de abril en Argentina, diversos estudios internacionales y especialistas coinciden en que el descenso de temperatura y la reducción de luz solar inciden directamente sobre el comportamiento felino.
Por qué los gatos duermen más en invierno
En invierno, los gatos pueden llegar a dormir hasta 20 horas diarias, superando el promedio de 12 a 16 horas que suelen registrar en otras estaciones del año, según el Hospital Veterinario Broadway Oaks de Texas.
Las bajas temperaturas y la reducción de horas de luz modifican el ritmo biológico de los felinos, favoreciendo períodos de sueño más prolongados. Los gatos son animales crepusculares, por lo que su actividad máxima ocurre durante el amanecer y el atardecer. El ciclo de luz natural regula su comportamiento, y al haber menos horas de luz durante el invierno, el organismo de los gatos responde con una mayor tendencia al descanso.
La organización británica Cats Protection indicó que la reacción al frío y a los cambios lumínicos varía entre individuos, aunque la tendencia general es un aumento en el tiempo de descanso.
Algunos gatos pueden mostrar solo un leve incremento en las horas de sueño, mientras otros extienden notablemente sus períodos de reposo. Esta conducta es una adaptación natural que permite conservar energía y mantener la temperatura corporal en condiciones ambientales adversas.
¿El frío cambia la alimentación y el gasto energético de los gatos?
Durante el invierno, los gatos que permanecen en exteriores requieren mayor aporte calórico para mantener su temperatura corporal, ya que el gasto energético aumenta con el frío. Estos felinos incrementan su consumo de alimento, dado que necesitan generar más calor interno mediante la metabolización de nutrientes. En contraste, los gatos que viven en el interior de las viviendas suelen reducir su nivel de actividad, lo que puede derivar en un aumento de peso si la dieta no se ajusta a esta nueva condición.