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Hay gestos que dicen mucho más que las palabras y demuestran que el cariño construido día a día deja huellas que van más allá del aula. Micaela Seguezzo (27), una docente de Rosario, lo descubrió de la manera más inesperada el día de su casamiento, cuando salió de la iglesia junto a su marido, Ignacio Sartori (32), y se encontró con sus alumnos esperándolos con flores para celebrar su amor.
La iniciativa fue organizada en secreto por Ignacio, Ayelén (compañera y mejor amiga de Micaela), y Victoria, la directora de la Escuela El Buen Samaritano, donde ella es docente del segundo grado. Las familias también participaron de la organización y ayudaron a mantener el secreto, incluso frente a los más chicos.
En diálogo con TN, Micaela contó cómo vivió ese momento y por qué el gesto significó mucho más que un regalo: fue una muestra de afecto que la hizo sentir acompañada y valorada por su trabajo.
Una historia que comenzó entre aulas
Micaela e Ignacio se conocieron mientras trabajaban en Ibarlucea, un pueblo de Santa Fe, donde ambos se desempeñaban como docentes. Con el tiempo, la relación creció hasta que llegó la propuesta de casamiento, que él le hizo durante uno de los cumpleaños de ella, en una reunión íntima con familiares.
Cuando habla de su marido, Micaela destaca especialmente su compañerismo y sensibilidad. “Lo que más me gusta de Ignacio es su manera de ser, es muy empático y dulce, muy compañero”, cuenta. Él, por su parte, valora de ella su sencillez, su sentido del humor y la dedicación que demuestra todos los días en su trabajo con los chicos.
Actualmente, Ignacio trabaja como coordinador del área de Deportes de la comuna de Ibarlucea, mientras que Micaela se desempeña como maestra de primaria en la Escuela El Buen Samaritano, la institución donde estudió Di María.
La docente conoce a sus alumnos desde primer grado y este año continúa acompañándolos en segundo. “Actualmente, mis alumnos están en segundo grado conmigo, pero también los tuve en primero. Se generó un vínculo muy cercano con los chicos, más que nada porque son muy pequeños”, explica.
El vínculo con sus alumnos va más allá del aula
Para Micaela, la docencia implica mucho más que enseñar a leer, escribir o resolver una cuenta. También supone estar atenta a cómo llega cada chico a la escuela, acompañarlo y ofrecerle un espacio de contención cuando lo necesita. Por eso, considera que el gesto de las familias fue una forma de reconocer ese trabajo cotidiano.
“Yo siempre digo que la docencia se trata de eso, de muchas veces sostenerlos y acompañarlos, además de enseñar. No queda simplemente en la enseñanza de un contenido, sino en sostener emocionalmente todos los días a ese niño con el que te encontrás”, reflexiona.
En ese sentido, también hizo referencia al momento que atraviesa la profesión en la Argentina y a la importancia de que los docentes cuenten con mayor reconocimiento y protección. “Detrás de una docente que lo da todo por una escuela, siempre hay una familia, hay una mujer que es mamá, que es hija y que necesita que también la cuiden a ella”, expresa.