El Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°24 condenó a 20 años de prisión al estilista que mató a su compañero de trabajo dentro de una peluquería del barrio porteño de Recoleta, en marzo de 2024. En el debate, la fiscal general Ana Helena Díaz Cano había solicitado una pena de prisión perpetua al considerar que Abel Guzmán (45) había actuado con alevosía.
No obstante, los jueces Javier Esteban de la Fuente, Maximiliano Dialeva Balmaceda y Marcelo Roberto Alvero consideraron a Guzmán responsable de los delitos de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y privación ilegal de la libertad agravada por haber sido cometida con amenazas.
Conflictos antes del crimen
La fiscal relató que Guzmán trabajaba hacía una década en la peluquería "Verdini" y que si bien sus servicios eran muy demandados, desde hacía varios meses venía con roces con sus compañeros de trabajo por la utilización de formol para los tratamientos capilares de las clientas.
"Las quejas de Medina sobre Guzmán se ven reflejadas en el grupo de Whatsapp cuando el jefe incluso le indica que no use más el producto", rememoró la fiscal, que explicó que la víctima era quien lo confrontaba directamente. A ello le agregó que quedó evidenciado que existía un clima de tensión, a lo que se le sumaba la decisión del dueño de recortarle tareas.
Según indicó, el 20 de marzo de 2024 Guzmán llegó a la peluquería y aunque era un día normal, recordó que los testigos mencionaron que el hombre estaba "más aislado y callado que nunca".
Una película de muerte
La fiscal Díaz Cano reconstruyó lo sucedido después de que se terminara la jornada, mientras los empleados se encontraban reunidos y en un ambiente relajado. En ese momento, Guzmán tomó las llaves que estaban en un estante, cerró las puertas y ventanas, se acercó a sus compañeros y se quedó detrás del grupo.
En ese contexto, Guzmán le preguntó al dueño si tenía algo para decirle, a lo que el hombre le respondió que hablarían al día siguiente. "De manera prepotente y desafiante, le contestó que quería hablar ahora y sacó de entre sus ropas el arma", describió la fiscal.
"Lo que era una reunión distendida se volvió una película de muerte: todos fueron apuntados, sometidos, los amenazó de muerte y les ordenó que no se muevan", sostuvo y recordó la amenaza que les propinó, según dijeron los testigos: "No se muevan porque les vuelo la cabeza a todos".
Para la fiscalía, el temor de las víctimas los dejó neutralizados, lo que Guzmán aprovechó para accionar su arma mientras la víctima permanecía totalmente quieta. "Fríamente, sin que se le observe nerviosismo ni duda, dirigió su accionar a Medina, que estaba sentado y no representaba ningún peligro", describió.
"No hubo discusión ni altercado físico: le disparó a escasa distancia sin que nada ni nadie lo obstaculizara. Lo fusiló, lo ejecutó con un disparo que fue directo, preciso y mortal", recalcó la fiscal Díaz Cano al respecto del asesinato. La víctima falleció minutos después, a pesar de que fue trasladado rápidamente al hospital "Fernández".
Para la representante del MPF, Guzmán actuó aprovechándose de la confianza que había en su lugar de trabajo. "No hubo una reacción improvisada. Todo fue planificado y dirigido para culminar en el fusilamiento y muerte de Medina", afirmó y recordó que el propio imputado no negó la autoría de los hechos.
La fiscalía había planteado en su alegato que había quedado comprobado que Guzmán privó de manera ilegal de la libertad de sus compañeros de trabajo.
"El disparo fue opresivo, letal y artero porque si anuncias que si alguien se mueve, lo vas a matar y todos se quedan quietos pero rompes ese anuncio, queda definida la traición y lo artero", recalcó.