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"Te lo digo con el corazón en la mano, para nosotros es una total humillación y sentimos que lo vuelven a matar a Miguel, que minimizan su muerte y se burlan de nuestro dolor". Así lo definió en la entrevista exclusiva con El Tribuno de Jujuy Gabriela Coria, hermana de Miguel Coria (37), el odontólogo jujeño asesinado el pasado 25 de abril en la ciudad boliviana de Tarija.
Por el crimen se encuentra imputado Moisés Márquez Calani (42), señalado como el supuesto autor de "asesinato agravado por motivos fútiles y bajos y por alevosía y ensañamiento", según el Código Penal del Estado Plurinacional de Bolivia. El hombre cumple prisión preventiva en una cárcel tarijeña.
Tal como lo informó este diario en la edición del pasado 30 de agosto, la investigación de los hechos ocurridos hace poco más de cinco meses, fue concluida con la recolección de las evidencias que la Fiscalía creyó necesarias para formalizar la acusación y solicitar la elevación a juicio. Acerca de la fecha de inicio de los debates, las fuentes cercanas a las pesquisas le aseguraron a este matutino que se podría conocer en las próximas dos semanas.
Además, el Ministerio Público solicitó la prórroga de la prisión preventiva para el imputado, planteo al que adhirió la querella, representada por los abogados Ruddy Casas y Cristian Toledo Telles, quienes representan a la familia Coria. Tras esto, el juez de control dispuso cuatro meses más de permanencia de Márquez Calani en el penal de Morros Blancos.
Hostigamiento
No obstante las novedades en el avance de la causa en el vecino país, la familia Coria empezó a recibir mensajes de hostigamiento de personas que se presentaron como cercanas al acusado de asesinato.
"Quiero denunciar públicamente que a partir que comenzaron a correr estos plazos probatorios, del entorno del asesino Moisés Márquez Calani, su familia intensificó las maniobras de hostigamiento hacia nuestra familia. Intentaron acercarse, primero a través de los abogados, que nosotros les dijimos que no queremos saber absolutamente nada con ellos, no tenemos nada de qué hablar", aseguró Coria a este diario.
El dolor atravesado por la muerte de su hermano, no parece ser un límite, al menos para quienes desde finales de septiembre se contactaron con la mujer que desde un principio lucha para se haga justicia. Estos últimos acontecimientos, que violaron la privacidad de su progenitora, también, motivaron la narración de estas situaciones en exclusiva con este matutino.
"Lo que más me indigna y me preocupa es que consiguieron el número personal de mi madre. Un teléfono privado que cuidamos y que mantenemos al margen, precisamente para protegerla de tanto dolor", agregó la mujer.
Llamadas
El pasado 25 de septiembre se cumplieron cinco meses del asesinato de Miguel Coria y como cada 30 días, sus seres queridos concurren a misa para recordarlo y pedir por su eterno descanso en paz. No obstante, minutos después de finalizado el rito religioso el teléfono de Gabriela Coria comenzó a sonar con insistencia. No era un mensaje de WhatsApp, sino una llamada con un número telefónico de Bolivia.
"Nos llamó, se identificó como familiar del señor Calani y nos ofreció dinero, tanto en bolivianos como en dólares para cerrar de una vez con toda esta situación. Con total cinismo, nos dijo que querían arreglar porque la familia (Calani) está afligida", recordó la entrevistada, con una voz que mezclaba bronca y tristeza ante el pedido que le hizo el hombre.
"Para nosotros es una humillación y un acoso insoportable. Una burla tremenda hacia nuestro dolor", calificó. Sin embargo, no fue lo único que los oídos de la entrevistada debieron soportar. En un tramo de la comunicación, el sujeto que llamó le afirmó una frase que aún resuena en su mente. "'Miguel ya está muerto, no hay nada que hacer, pero Moisés Marquez Calani sigue vivo y quiere estar con su familia, no en la cárcel'. Pretenden que le pongamos precio a la vida de Miguel, que aceptemos cambiar la carátula de asesinato a homicidio para que el asesino pase menos años en la cárcel", afirmó en diálogo con este diario.
El detalle del cambio de calificación legal no es un simple detalle. El acusado Márquez Calani está imputado de supuesto de "asesinato agravado por motivos fútiles y bajos y por alevosía y ensañamiento", según los incisos 2 y 3 del el artículo 252 del Código Penal del Estado Plurinacional de Bolivia. En caso de ser encontrado culpable podría recibir la pena de 30 años de prisión sin derecho a indulto.
No obstante, es cuestión de realizar un repaso en el Código Penal boliviano y leer acerca de la figura de "homicidio", que plantea una pena atenuada. El artículo 251 establece "el que matare a otro, será sancionado con presidio de cinco (5) a veinte (20) años". Ese es el objetivo del sospechoso que llamó y envió mensajes a la familia Coria.
"Buscan por todos los medios que le pongamos precio a la libertad de ese asesino. Nosotros, como familia, no vamos a ceder ni un centímetro. No le vamos a poner precio a la vida de Miguel. Tenemos el corazón destrozado y extrañamos profundamente su presencia, pero vamos a seguir hasta el final para que este acusado reciba la pena máxima que le corresponde", cerró Coria con este matutino.
La causa fue elevada a juicio
De acuerdo a lo reconstruido por El Tribuno de Jujuy tras entrevistar al abogado Ruddy Casas, quien representa a la familia Coria, el hecho que se investiga ocurrió el sábado 25 de abril pasado, entre las 6 y 6.55. Las cámaras de seguridad de los domicilios cercanos al escenario del hecho, sobre la avenida Domingo Paz de la ciudad de Tarija, registraron el momento en que la víctima Miguel Coria y el acusado Moisés Márquez Calani llegaron juntos caminando. Mientras estaban a escasos metros del ingreso a la casa de Coria, el imputado comenzó a propinarle golpes de puño al odontólogo que residía en Bolivia.
Ante esto, el fallecido intentó escapar y cruzó corriendo la cinta asfáltica. Sin embargo, el inculpado salió tras él y volvió a golpearlo para tirarlo al piso. A partir de ese momento, el agresor se ensañó propinando golpes de puño en la cara y patadas sobre la humanidad de Coria.
“Se asegura de que muera, porque lo vuelve a agarrar a patadas. Se agacha, se asegura que esté muerto, actúa sobre seguro, y se va. Se retira de lo más normal, como si no hubiera pasado nada, como si esta fuera una conducta recurrente”, subrayó Casas, en un repaso de los hechos acontecidos, en diálogo con este diario tiempo atrás.
Una vez culminado su accionar delictivo, minutos después de las 7 Márquez Calani caminó algunas cuadras antes de abordar un taxi que lo dejó en otro barrio tarijeño, San Bernardo. Sin embargo, dos testigos del crimen y de la posterior fuga del imputado, dieron aviso a la Policía Boliviana. Por esa razón, minutos más tarde se constituyeron los agentes que encontraron el cuerpo de Coria. Tras esto, los efectivos hallaron y detuvieron al acusado a varios kilómetros del escenario del crimen, para ser trasladado a una dependencia y enfrentar la acusación de asesinato que pesa sobre él.
“Las pruebas científicas ya están firmes en el expediente, incluyendo los peritajes genéticos y los forenses que ratificaron los rastros hemáticos de Miguel en el calzado del agresor y nos mantenemos de pie firmes y unidos esperando que la Justicia de Bolivia actúe con todo el peso de la ley”, aseguró Gabriela Coria sobre las evidencias que constan en la causa.