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Pasapalabra jujeño, se rechaza el sentido común

Lunes, 28 de septiembre de 2026 23:26
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A. De Acomodo. Esa misteriosa capacidad para encontrar una silla, un cargo, una foto o una explicación cuando parecía que ya no quedaba lugar para nadie. En política, el acomodo siempre conoce el camino.

B. De Bulla. Hay que hablar fuerte para que alguien escuche, aunque después nadie recuerde qué se dijo. La política convirtió el volumen en argumento y las redes en recinto legislativo.

C. De Casta. Palabra comodín: sirve para señalar al adversario, explicar un privilegio o justificar una alianza. La casta, curiosamente, siempre parece vivir en la vereda de enfrente.

D. De Déficit. Se pronuncia con tono de misa y calculadora en la mano. Todos quieren combatirlo. La pregunta aparece después: ¿menos gasto en... ?

E. De Estudiantes. La FNE cumple 75 años y Jujuy vuelve a demostrar que sabe celebrar. Hay carrozas, creatividad y miles de jóvenes. También adultos empeñados en convertir una fiesta estudiantil en otra batalla cultural.

F. De FNE. Tres letras capaces de producir alegría y, últimamente, discusiones sobre princesas, embajadoras, género y "wokismo". Si llegaran extraterrestres, preguntarían dónde está el problema. Nosotros responderíamos: "Todavía no sabemos, pero ya hay un posteo".

G. De Gasto. Enemigo universal. Hay que gastar menos, sí. Pero cada recorte tiene una consecuencia y cada presupuesto una prioridad. La matemática no tiene ideología; pero sus efectos caen siempre sobre las mismas clases sociales.

H. De Hablamos. "Estamos hablando", "vamos a hablar", "hay diálogo", "se abrió una mesa". En Jujuy existen tantas mesas que cualquier día declararemos patrimonio gastronómico a la democracia. Falta saber cuándo llega el plato principal.

I. De Impuestos. Tema poco simpático y por eso mismo inevitable. Nación, Provincia y municipios discuten quién cobra qué, mientras el ciudadano descubre una habilidad extraordinaria: pagar cosas cuya explicación necesita un traductor... ejemplo, mire la boleta de Ejesa.

J. De Jujuy. Provincia capaz de discutir minería, presupuesto, tarifas, elecciones y FNE en una misma semana, sin perder jamás la oportunidad de agregar una interna. Aquí hasta el silencio puede tener posición política.

K. De Kilos. Los que hacen falta para digerir tanta realidad. Una campaña puede tener menos propuestas que una dieta de agua, pero siempre trae abundantes palabras. Y las palabras, por suerte, no engordan.

L. De Libertad. Palabra enorme, usada como si viniera en envase familiar. Libertad para decir, hacer, emprender y criticar. Magnífica. Pero queda una pregunta: ¿qué hacemos con ella cuando aparece la responsabilidad?

M. De Malvinas, que son y serán argentinas siempre. Lo demás es humo electoral.

N. De Narrativa. Si la realidad resulta complicada, la política siempre puede reemplazarla por una historia cómoda. Así aparecen buenos y malos, patriotas y traidores, iluminados y demás. El país real queda haciendo fila.

Ñ. De Ñoquis. Palabra clásica del vocabulario político argentino. Sirve para acusar al otro de cobrar sin trabajar, pero pierde magia cuando la lupa apunta al propio escritorio. Una regla ayudaría: la misma vara para todos.

O. De Oportunismo. Se reconoce cuando una fiesta, una polémica o un problema se transforma inmediatamente en contenido. Resolver puede esperar; publicar, aparentemente, no.

P. De Presupuesto. Documento aburrido hasta que toca el bolsillo. Entonces se transforma en novela de suspenso. Para 2027 ya está en el centro de la conversación. Detrás de cada número hay decisiones sobre servicios, obras y prioridades.

Q. De Quintar. El diputado nacional quedó en el centro de una controversia por publicaciones vinculadas con la FNE y el "wokismo"; luego explicó que buscaba reclamar rendición de cuentas. Más allá del caso, queda una pregunta: ¿cuánto daño puede hacer una palabra publicada antes de pensarla?

R. De Redes. El nuevo palacio legislativo. Allí se anuncian triunfos, derrotas, denuncias y explicaciones. Pero publicar no equivale a gobernar. La democracia tiene instituciones. X tiene tendencia.

S. De Shenzhen. Ciudad de China y difícil de pronunciar, pero futura capital de todos los jujeños. . .

T. De Tarifas. La palabra que convierte cualquier charla tranquila en reunión familiar. Unos miran a Nación, otros a Provincia, otros al municipio. Todos miran la boleta. La boleta, en cambio, mira el vencimiento.

U. De Unidad. Todos la invocan antes de una elección. Después aparece la letra chica: unidad sí, pero con quién, para qué y hasta dónde. La palabra es preciosa; la práctica suele venir sin garantía.

V. De Voto. La única letra que no admite goma de borrar. Se puede cambiar de opinión, claro. Lo que no se puede es fingir que una sociedad no tiene memoria. El ciudadano escucha, compara y decide.

W. De Wokismo. Término convertido en contraseña de una guerra cultural que pretende explicar demasiadas cosas. Si todo es woke, nada significa demasiado. Discutir políticas concretas quizá sea menos espectacular, pero bastante más útil.

X. De X. Antes era una letra. Ahora también es una plaza pública donde una frase puede incendiar una discusión provincial en minutos. La tecnología multiplicó la voz; todavía aprendemos a multiplicar la prudencia.

Y. De Yo. El pronombre más peligroso de la política: "yo hice", "yo conseguí", "yo advertí". El problema comienza cuando desaparece el "nosotros". Una provincia no se gobierna en primera persona singular.

Z. De Zapping. Saltamos de la FNE al presupuesto, de las tarifas a la minería, de las redes a la casta. Cambiamos de pantalla con velocidad, pero seguimos mirando el mismo programa.

Pasapalabra. Tiempo cumplido No hay premio ni comodín para la pregunta difícil: ¿qué política queremos cuando se agotan las necesidades o la paciencia? La respuesta no la tiene X, ni un bot. La debe construir una sociedad que exija algo antiguo y nuevo a la vez , y de que quienes gobiernan expliquen; quienes opositan propongan; quienes informan verifiquen; y quienes votan no sean tratados como hinchada.

Porque gobernar no es ganar una discusión en X. Es hacerse cargo de las consecuencias. Hacer oposición exige explicar qué se haría distinto. Tal vez por eso este Pasapalabra no tenga ganador: la política no debería ser un concurso en el que vence quien responde más rápido, sino una conversación en la que importa responder mejor.

Y cuando llegue la última pregunta: ¿qué Jujuy queremos dejar? Quizá la respuesta empiece por algo sencillo: escuchar antes de gritar, pensar antes de publicar y recordar que del otro lado de cada consigna hay personas, no una hinchada. Porque quizá a Jujuy no le falten palabras. Le sobran. Lo que escasea es la voluntad de escucharlas hasta el final.

(*) Miguel Ángel Falcón Padilla, doctor en Filosofía.

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