"Escribir es mi pasión. Las palabras y las ideas tocan lugares íntimos. Es encender la chispa y, a veces, la hoguera. Te regalo una perspectiva: no como verdad absoluta, sino como el aleteo de la mariposa, para que resuene -o no- en tu ruido y en tu silencio. Que al leer estas líneas no encuentres respuestas ajenas, sino el eco resonante de tu propia voz".
"No tengo tiempo". "Se me pasó la vida volando". "Ya es tarde para empezar". "Cuando tenga tiempo, lo voy a hacer".
Las repetimos como verdades absolutas, automatizadas en la prisa cotidiana. Vivimos atravesados por la tiranía del reloj, corriendo detrás de una aguja que nunca se detiene. Pero, ¿qué es en realidad el tiempo?
Desde la física clásica y la mirada newtoniana, heredamos una concepción lineal del tiempo: una flecha implacable de causa y efecto donde el pasado determina el presente y este, de forma directa, empuja hacia un único destino. Bajo este paradigma, somos prisioneros de lo que ya ocurrió; cada herida o antecedente fija nuestro techo.
En la vereda de enfrente, las filosofías ancestrales y las tradiciones que intuyeron la concepción cíclica o en espiral del tiempo nos recuerdan que la vida no avanza en línea recta, sino en círculos concéntricos que se elevan. Cada ciclo nos devuelve al mismo lugar, pero con una conciencia transformada. Aquí entra en juego el tiempo subjetivo: la vivencia íntima de que los minutos se estiran en la angustia o se desvanecen en el gozo, recordándonos que el tiempo cronológico es una convención, pero el tiempo psicológico es pura emoción y significado.
Estamos culturalmente entrenados para mirar el presente como una exclusiva consecuencia del pasado. Sin embargo, ¿qué pasaría si el presente fuera, también, la consecuencia de un futuro?
Lewis Carroll introduce en "A través del espejo" otra provocación extraordinaria. La Reina Blanca parece recordar acontecimientos que todavía no sucedieron. Alicia se sorprende: ¿cómo sería posible recordar algo antes de que ocurra? La escena es absurda. Y, sin embargo, psicológicamente resulta inquietantemente familiar.
Porque los seres humanos tenemos una extraordinaria capacidad para sufrir anticipadamente futuros que todavía no existen.
"¿Y si no llego?". "¿Y si fracaso?". "¿Y si pierdo esta oportunidad?".
"¿Y si decepciono a alguien?".
El acontecimiento todavía no ocurrió, pero el cuerpo empieza a responder ahora. El corazón se acelera, los músculos se tensan, la respiración cambia. Un futuro imaginado y catastrófico comienza a producir consecuencias fisiológicas en un presente real. Corremos con miedo para evitar una sombra.
Frente a esta proyección anticipatoria y limitante, existe otra manera de habitar el tiempo que aún no ha llegado. Es la mirada del futuro que, cual faro, ilumina y redefine nuestro hoy. No se trata de la ansiedad por el control, sino de la brújula de nuestro "yo futuro" mostrándonos el camino, tirando de nosotros hacia nuestro propósito con esperanza y magnética inspiración.
Carroll juega, pero nosotros también lo hacemos sin advertirlo. Sufrimos hoy por mañana, sacrificamos el presente para algún día, postergamos la vida. Y un día descubrimos que hemos pasado buena parte de nuestros días preparándonos para vivir, en lugar de habitarlos.
¿Desde dónde estás construyendo tu presente hoy? ¿Te empuja el peso del pasado, te paraliza el miedo al mañana, o te llama un futuro que ya empezó a inspirar tus pasos?
(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop-Ficop 3903). Integra psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Su enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.