Recorriendo las crónicas de la Historia Argentina narran que, en agosto de 1812, los realistas con una fuerza militar de 3.000 hombres al mando de Pío Tristán, y avanzaban desde el Alto Perú, por el norte de Humahuaca, para llegar a Salta. Belgrano dicta su famoso bando del 29 de julio, donde dice: "Don Manuel Belgrano, General en jefe del Ejército Auxiliar al Alto Perú. Pueblo de la Provincia: ... Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo i de que vengáis a reuniros al Ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres trayéndoos las armas de chispa, blancas i municiones que tengáis o podáis adquirir...".
Y continúa: "Que serán tenidos por traidores a la Patria todos los que a mi primera orden no estuvieren prontos a marchar i no efectúen con la mayor escrupulosidad, sean de la clase condición que fuesen."
El bando de Belgrano obliga al pueblo de Jujuy a llevar todo lo que pudiera, en carretas, caballos o mulas. Los españoles se encontraron con un campo arrasado, las cosechas incendiadas, en las calles ardían todos los elementos que no pudieron transportase.
Manuel Belgrano en el avance hacia Tucumán tuvo que repeler desde su retaguardia a la fuerza realista y logró un triunfo inicial en el combate de Las Piedras (03-09-1812) Dice el historiador Hernán Brienza: "... Las Piedras fue el bautismo de fuego de los Decididos jujeños. Esos pibes de 15, 16 años fueron los grandes héroes de la jornada. Por la tarde los monárquicos habían perdido las armas y veinte hombres, además de otros treinta capturados".
El gobierno central ordenó a Belgrano seguir hasta Córdoba, pero Belgrano, apoyado por el gobernador Aráoz de Tucumán y una fuerza de ciudadanos patriotas de más de 80 reunidos, para apoyar con recursos y hombres, decidieron hacer frente a los españoles, el 24 de septiembre a las 8 de la mañana en el llamado Campo de la Carreras. Por fin ambos ejércitos volvían a medirse después de la batalla de Huaqui.
Belgrano contaba con una fuerza militar de 1.800 hombres y 4 piezas de artillería. Pío Tristán con 3.200 soldados y trece piezas de artillería. Tristán contaba con un ejército de profesionales, en su mayoría era el ejército del Rey. Belgrano con una fuerza militar, casi la 3ra parte del ejército español, pero apoyado por un pueblo en armas. Por fin se produjo el choque inevitable entre las dos infanterías, acompañaba un calor intenso y un polvo huracanado que impedía toda claridad.
Al drama de la lucha se agregó una manga de langosta, que no tenía dueños, ni bandos y a todos atacaban, aunque no mataban.
En ese primer movimiento desordenado parecía que el triunfo era de los realistas, pero del bando patriota salió Manuel Dorrego y sin esperar órdenes de Belgrano, arengó a la tropa a su cargo contra el enemigo y con un cañón, sus soldados con bayonetas desparejas y cuchillo atados a los fusiles y machetes y lanzas maltrechas, atacaban con alaridos ensordecedores terminaban llevándose puesto al enemigo.
Se agregaron a Dorrego las fuerzas reagrupadas de Forest y la caballería de Diaz Vélez y los Decididos de Jujuy, Salta y Tucumán, y los realistas no pudieron sino retroceder. En la tremenda confusión, los clarines de Tristán tocaron a retirada y abandonaron la lucha.
La batalla duro varias horas, quedaron en tierra 400 muertos y 700 soldados prisioneros.
Luego el ejército español que operaba en Salta con 4.000 soldados, esperó a los patriotas de Belgrano para un nuevo enfrentamiento que se produjo el 20 de febrero de 1813. Las armas se inclinaron por tercera vez a favor de la Patria naciente. Después vinieron las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y la entrega del mando a San Martín por Manuel Belgrano en la Posta de Yatasto el 20 de enero de 1814.
Estos son los hechos centrales de la lucha de un hombre, el General Manuel Belgrano y de un pueblo por la Patria. Ya sabemos que esta historia siguió hasta su día más triste, la muerte del héroe, el 20 de junio de 1820, y el pueblo jujeño soportó 10 invasiones más, hasta aquella gesta del Día Grande de Jujuy, en la conocida Batalla de León, el 27 de abril de 1821.
A esta crónica la podríamos llamar: "De cómo se hizo la Patria": si queremos reflexionar desde el presente con una mirada de verdadera justicia histórica.
Veamos por eso el momento de nuestro "Éxodo Jujeño de 1812" en el relato del historiador Brienza: "La Retirada jujeña de agosto de 1812 fue la gran pueblada de nuestra independencia. Pero hay un momento clave en esa asunción de soberanía: la noche en que tucumanos, salteños y jujeños, sumados a la oficialidad bizarra, intiman a Belgrano a presentar batalla a los realistas. Es un instante excepcional en la historia argentina: un líder debe obedecer, contra su propia voluntad, un mandato popular; un mandato popular quiere desobedecer para constituirse como pueblo de una nueva y gloriosa nación. Belgrano, prolijo líder patriota - caudillo insurgente según las palabras de Goyeneche-, se debate entre la legalidad y la legitimidad; entre el respeto a la 'institucionalidad' (el Triunvirato) o a la 'sustantividad' - la decisión soberana de un pueblo". Y para que no hagan la Revolución con su cabeza, Belgrano opta por ponerse a la cabeza de la Revolución.
Quiero cerrar estas Histoletras con un fragmento de "1812 (Romancillo del Juramento)" de Domingo Zerpa: "Erase en el año doce, / un veinticinco de mayo. / El Cabildo, la Matriz, / la plaza con sus naranjos. // ... Ya en el atrio de la iglesia (Gorriti esta a su costado / entre la cruz y la espada / levanta el pendón sagrado: //- ¿Jujeños, por esta enseña / (alta es la voz de Belgrano) juráis entregar la vida? / -Si, General, ílo juramos! // Y así fue como en agosto, / florecidos los lapachos, / marchó Jujuy a la gloria / vestida de azul y blanco".