A catorce años del definitivo vuelo de Héctor Tizón, ocurrido el 30 de julio de 2012, la Revista Capricornio en su Nº 16 le realizó un Homenaje recordando su importante Obra y un ensayo sobre "La narrativa de Héctor Tizón" por la escritora Herminia Terrón de Bellomo.
En página número dieciocho de la mencionada revista, hay una foto que muestra una sonrisa manifiesta del Escritor, porque sabía de su tarea cumplida y de su entrega indiscutible a la Literatura del País y de su Patria Chica Jujuy, elegida con la fuerza de su corazón y de su mente cuando dijo en una entrevista lo siguiente: "Cuando muera - si es que no estuviera forzadamente lejos- seré enterrado en Yala, debajo de un árbol".
Después de la foto se recordó su obra y reconocimientos por la misma: "Héctor Tizón, hombre político, jurista, diplomático, periodista y escritor. Sobre esta última tarea con una dedicación de más de 30 años, logró una importante obra narrativa, de amplio conocimiento en el país y en el extranjero".
En 1960 publicó: "A un costado de los rieles", luego, "Fuego en Casabindo" (1969); "El cantar del profeta y el bandido" (1972); "El jactancioso y la bella" (1972); "Sota de bastos, caballo de espada (1975); "El traidor venerado" (1978); "La casa y el viento" (1984); "Recuerdo, Antología personal" (1984); "La España Borbónica" (1985); "El hombre que llegó a un pueblo (1988); y "El gallo blanco" (1992).
Esta obra narrativa le reportó a Tizón reconocimientos y valiosas distinciones, entre las mismas mencionaremos: en 1993, el Gobierno de Francia lo distinguió con el grado de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras; en 1995, Premio Consagración de la Secretaría de Cultura de la Nación y en 1996, designación como miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras, con residencia en Jujuy.
A continuación, transcribo un fragmento de "La narrativa de Héctor Tizón" por Herminia Terrón de Bellomo: "La importancia de la obra narrativa de Héctor Tizón se debe, entre otras razones, a que ella da una nueva versión de una tradición regionalista existente en la literatura argentina que logra cambiar de función algunos motivos: el paisaje deja de ser pintoresquismo, la inclusión de la oralidad que representan las voces de la cultura popular de la región noroeste del país y la presencia de la relación hombre-tierra como sentimiento.
Su escritura se conforma y ordena en torno a un eje central: la búsqueda, de un lugar, de la verdad, del destino del hombre en si mismo. Esa búsqueda, materializada en muchos relatos a través de un viaje adquiere rasgos míticos y simbólicos.
En la última novela de Tizón, hay dos viajes fundamentales y los dos configuran el itinerario de una búsqueda, que transcurre por el espacio y el tiempo.
La elección del título puede ser interpretada como una manifestación de la intención narrativa: la alusión al verso de Borges implica la repuesta literaria a un planteo sobre la realidad del país, que en Borges significaba la crueldad ejercida por las provincias como reacción a un proyecto político que las desplazaba, pero que en la obra de Tizón son las provincias las que padecen esa crueldad vencida por el mismo proyecto político. La tierra es sólo un espacio y no un lugar que se defiende épicamente, y el hombre, antes un luchador guiado por ideales, ahora sólo se deja estar en la pasividad, todo esto entretejido por hechos cotidianos que conformaron la historia del país: la inmigración, la falta de puestos de trabajo que constituyen, en definitiva, la desolación del hombre frente al mundo...
El otro viaje, desde Buenos Aires hacia una provincia del noroeste, servirá para mostrar un país desolado y extenso y el afincamiento en un pueblo servirá para tomar conciencia de la realidad: la esperanza, que fue la que motivó este viaje se verá frustrada porque si bien se accede a la tierra, ésta no brindará lo esperado, porque el proyecto político -otra vez- organiza desde un poder lejano y mantiene a los hombres y a su producción en un nivel primario que les impide acceder a la industrialización.
Así la novela, desde otra perspectiva y con un lenguaje renovado vuelve a presentar la historia de estos pueblos como la derrota, como la de una zona condenada al atraso o al estancamiento, que es una forma de muerte.
Un narrador sumamente reflexivo, a veces en exceso, acude a la oralidad, no sólo en los registros de habla, sino en la búsqueda de la "sabiduría" popular para tratar de encontrar una razón para ese destino.
El hijo de los inmigrantes, que llega a ser juez, lo que es una decepción más, pues ejerce en un lugar donde la justicia no se cumple, es el encargado de asumir la realidad: no hay posibilidad de cambio en estas crueles provincias y la última resistencia que opone al destino es la negativa a vender las tierras al extranjero.
Como en todas sus obras, Tizón propone una reflexión aguda sobre el país, sobre la condición humana y sobre el destino de estas 'crueles provincias'".