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Mundial de Fútbol 2026: el partido detrás del marcador

Miércoles, 22 de julio de 2026 00:00

Con el corazón en la boca, la respiración entre suspendida y entrecortada, estábamos listos para gritar un gol de último minuto.

El tiempo se agotaba. Todos queríamos llegar a los penales. Sentíamos esa posibilidad. Cuando aparece el "Dibu", todo podía cambiar. Porque hay futbolistas que consiguen algo extraordinario: cuando la pelota les llega la tocamos con nuestras manos.

Pero el empate no llegó. Y ¿Qué mostró este partido, ente otras cosas?

Por ejemplo que un resultado es un dato. Un partido es un proceso. Que el marcador no explica el partido.

Porque este es la consecuencia de cientos de decisiones tomadas en segundos.

Cómo se ocupa un espacio, se libera una marca, se interpreta una presión, se elige un pase. Cómo se responde cuando el plan inicial deja de funcionar.

El resultado no fue una casualidad. Fue la expresión de un conjunto de procesos que, durante gran parte del encuentro, España logró controlar mejor que Argentina.

El fútbol ya casi nunca se define únicamente por quién juega mejor. Muchas veces se define por quién logra hacer que el otro deje de jugar como sabe.

Eso fue exactamente lo que hizo España. No necesitó hacer veinte goles. Le redujo las posibilidades. Eso es táctica. Eso dicen hoy la mayoría de los análisis internacionales.

La pregunta es cómo se consigue que un rival deje de jugar como sabe.

En psicología conocemos muy bien este fenómeno. La respuesta no está solamente en las piernas. Está también en el cerebro.

Hace tiempo que el fútbol de élite dejó de entrenar únicamente la potencia física. Hoy también entrena la percepción, la atención, la velocidad para procesar información y la capacidad de decidir bajo presión.

Cuando una persona permanece demasiado tiempo bajo presión, el cerebro comienza a reducir el campo perceptivo. Deja de explorar alternativas. Empieza a repetir respuestas conocidas. Y las decisiones se vuelven cada vez más previsibles.

La presión reduce el tiempo, las posibilidades percibidas. Y eso no siempre se observa en una mala entrega o en un pase equivocado. A veces comienza a verse cuando la atención deja de estar completamente al servicio del juego.

Paredes comenzó a perder eje y se mostró más reactivo y eso disminuye la construcción del juego. Y esto impacta en el equipo. Porque ninguna emoción queda confinada a quien la siente. Cada reacción modifica el funcionamiento del equipo. Cuando un jugador pierde amplitud en su mirada, también puede reducir las posibilidades del sistema del que forma parte.

Durante muchos años el fútbol se construyó alrededor de grandes individualidades buena parte de su identidad. El talento extraordinario de jugadores como Diego Maradona podía cambiar el destino de un partido casi por sí solo. Ese legado sigue siendo invaluable. Sin embargo, el juego continuó evolucionando.

Sin perder el valor de las individualidades, se destaca la inteligencia colectiva: automatismos, velocidad perceptiva, ocupación de espacios y decisiones compartidas.

Argentina viene recorriendo ese camino desde hace años. Son los 26 jugadores, todo el equipo técnico, la familia. Todos, un equipo, no en el discurso, sino en el fluir como un cuerpo.

Y aquí es donde el partido deja de hablar solamente de fútbol.

Porque el estrechamiento atencional no ocurre sólo dentro de una cancha.

Aparece cuando atravesamos presión económica, conflictos familiares, crisis laborales o vínculos que nos desbordan. Poco a poco dejamos de explorar alternativas y volvemos a las respuestas de siempre. Controlamos más. Confiamos menos. Reaccionamos antes de comprender. Nos aferramos a una única salida, como si fuera la única posible.

Quizás por eso esta final también nos invite a mirar el juego de nuestra propia vida.

¿Qué está estrechando hoy tu campo atencional? ¿Es el miedo, la incertidumbre, la exigencia o el enojo? ¿Estás reduciendo posibilidades por sentirte seguro? ¿Estás predecible no porque hayas perdido capacidades, sino porque la presión te limita ver las otras jugadas?

Todos hubiéramos querido volver a ser campeones. Quizás todos esperábamos que el "Dibu" nos salvara en los penales. Pero la mayor enseñanza de esta final llegó mucho antes: las mejores jugadas empiezan mucho antes de que la pelota llegue a nuestros pies. Empiezan en la manera en que miramos el campo, pensamos las posibilidades y elegimos responder cuando la presión parece quitarnos el horizonte.

(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop-Ficop 3903). Integra psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Su enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

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