Manuel Belgrano, desde la cuna de su nacimiento, la gran aldea colonial de Buenos Aires, el 3 de junio de 1770, llegó al seno de una familia adinerada y de muchos hijos, la del matrimonio Domingo Belgrano Pérez y María Josefa González Casero.
"La ocupación de mi padre fue la de comerciante, y le tocó el tiempo del monopolio, adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la mejor educación de la época..." Escribió Belgrano en su autobiografía.
A los 13 años ingresó al Colegio San Carlos, que con el paso del tiempo sería el Colegio Nacional de Buenos Aireso. En el mismo establecimiento estudiaron la mayoría de los patriotas. En 1786, Belgrano se graduó como licenciado en Filosofía. El diploma le permitió el ingreso a la Universidad de Salamanca, la de mayor prestigio en España. Su carrera universitaria fue rápida y brillante, en 1789 se recibe de Bachiller en Leyes y luego de abogado en la Cancillería de Valladolid.
Al final no cumplió con el mandato de su padre de formarse en la práctica comercial y retornó como un alto funcionario virreinal. En 1794 se creó el Real Consulado de Buenos Aires, que defendía los intereses de los más importantes comerciantes.
Belgrano fue elegido secretario y debía presentar una Memoria Consular proponiendo medidas de fomento a la agricultura, de promoción de la manufactura y protección del comercio. Desde el comienzo su acción fue resistida por la mayoría de comerciantes españoles, con ideas monopolistas, excepto unos pocos, nada sabían más que de su comercio, de: "comprar por cuatro para vender por ocho, con toda seguridad".
Mientras la posición de Belgrano era librecambista, única forma de contribuir a la liberación económica de las colonias y al mejoramiento de la agricultura, industria y comercio. Los comerciantes peninsulares son mayoría y ven que el joven secretario se apoya en la minoría que propugna la libertad de comercio, cuando señala en sus escritos: "El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para poder reportar utilidad". Dice J Newton: "Estas palabras, pronunciadas a fines del siglo XVIII por un funcionario de la Corona, representan entonces un desafío inaudito y tiene el carácter de un anticipo con relación a los sucesos revolucionarios que han de producirse una década más tarde".
Como vemos, fue un luchador permanente, su rol de secretario del Consulado, un continuo bregar por sus ideas, opuestas a la mayoría de los miembros del mismo. A fines del siglo XVIII y comienzo del XIX se lo ve a M. Belgrano defendiendo los intereses de los nativos, junto a Castelli, los hermanos Nicolás y Saturnino Rodríguez Peña.
En 1801, participa como principal colaborador, cuando Francisco Cabello organiza la Sociedad Patriótica y funda el Telégrafo Mercantil, Político e Historiográfico del Río de la Plata. La participación de Belgrano se muestra en El Telégrafo cuando se realizan campañas a favor de creación de escuelas y academias, de teatros, publicaciones y otros medios destinados a la difusión de la cultura. No paró nunca de actuar y realizar tareas hasta que llegó el 25 de mayo de 1810 y fue elegido vocal de la Primera Junta de Gobierno y luego con la misión de difundir la Revolución, cambió su rol civil por el militar y recorrió el país, primero por el Litoral y luego por el Norte. Agregado a misiones diplomáticas viajando a Europa y participando luego en el Congreso de Tucumán, y después continuar al mando del Ejercito Patriota, hasta enfermar y retornar a su tierra de Buenos Aires, a morir por su amada Patria.
En homenaje por el nacimiento del Padre fundador y creador de nuestra Enseña azul y blanca, el fragmento del Canto al General Belgrano y su Bandera, de nuestro recordado Poeta Domingo Zerpa: "He aquí tu bandera, / General Belgrano: / lirio y paloma, / paloma y lirio en nuestros brazos. Como en el primer día, / tu corazón, intacto. / Tu voz cada mañana, / con el canto del gallo, / une los cuatros puntos cardinales del alma / y torna a ser tu antigua voz de mando. / Sí, General Belgrano, es ésta tu bandera, / la tenemos nosotros, no soñamos, / bien que parezca un sueño que fuera ésta / la que estuvo en tus manos, / la que en el año doce, frente a nuestro cabildo, / en el día más alto de la Patria: 25 de Mayo, / nos la enseñaste así, como está ahora, / pura como tu nombre, General Belgrano... // Rememoremos esto / con el alma en los labios, / que las palabras vengan sin llamarlas / y vayan enhebrando, / como en la prosa de las viejas crónicas, / entre una flor y un ángel, las cuentas del relato."
Para cerrar esta Histoletras por el Natalicio del General Belgrano y como un homenaje de vida y de plena actualidad en lo personal, para mis atentos lectores, quiero agregar un olvido involuntario a la Histoletras del 25 de Mayo, al pie y en el cierre de la misma, a mi Nieta, Ana Luz Gallardo que también fue alumna Belgraniana y abanderada de la Escuela que lleva el nombre del Creador, y que hoy está estudiando la carrera de Medicina en la Ciudad de Córdoba.