Según antiguos manuscritos perdidos -o posiblemente olvidados en algún despacho público debajo de expedientes, carpetas y facturas de café institucional- existió una escuela filosófica dedicada exclusivamente a estudiar un fenómeno extraordinario: la anatomía metafísica del político/funcionario ser jujeño. Dichos manuscritos, redactados, aparentemente por un conductor de los carromatos de pasajeros de la época; detallaba algunos aspectos muy interesantes de la vida cotidiana y de facetas diversas de un grupo de seres, que habitaba las instancias del Palacio Real, entiéndase, el habitáculo donde se hacía la política. Los sabios de aquella escuela llegaron a sostener una teoría fascinante. Planteaban que el funcionario/político ser jujeño no era un hombre común. Era un ser metafísico, en toda la expresión filosófica de la palabra. Una criatura suspendida entre dos mundos: el mundo real y el mundo del acto público, que a su vez tampoco era el mundo material.
En el mundo real existen baches, problemas, demoras, trámites y ciudadanos haciendo filas interminables. Procesos burocráticos extensos e infinitos, casi extraterrenales. Basureros a cielo abierto a lo largo de cualquier ruta de la antigua provincia estudiada. Paisajes tupidos de "pasto cubano", que de cubano tiene solo el nombre, pero igual, adornaba los límites de la urbanidad con su amarillo intenso. Y un sinfín de cosas reales, que parecen irreales, pero no.
En el mundo del acto público existen micrófonos, aplausos, carpetas con hojas que nadie leerá y personas mirando con cara solemne algo que todavía no comprenden del todo. Posturas erguidas. Sobre maquillajes en los rostros para salir bien en la portada del diario. Peinados con estilos y colorimetrías frescas. Y las marcas visibles de una barbilla recién afeitada con crema y cuchilla "Gillette". El político/funcionario ser jujeño habita simultáneamente ambos universos.
Platón, Sócrates o el mismísimo Aristóteles jamás llegarían a conocer este fenómeno porque vivieron demasiado temprano. Una verdadera lástima para el saber filosófico contemporáneo. De haber visitado Jujuy probablemente habría agregado una nueva categoría filosófica a su obra: el "Funcionario/político ser". Es importante señalar, que no existía, uno solo "Funcionario/político ser". Las facetas de estas figuras, se exhibían en diferentes estados, surrealistas y metafísicos. Describamos algunos.
Funcionario/político ser anunciativo. El ser anunciativo no realiza las cosas, anuncia la proximidad conceptual de las cosas. Por ejemplo: "No inauguramos una obra". "Inauguramos el comienzo del inicio de la futura etapa previa a la planificación estratégica de la obra". Y con el anuncio, todos aplauden. Porque uno no aplaude lo que entiende; uno aplaude por miedo a ser el único que no entendió. Esta figura aún prevalece en la escena pública y política. No desaparece, se supera cotidianamente en su labor de seguir anunciando.
Otra figura significativa del Funcionario/político ser, es el migratorio: "El Funcionario/político ser migratorio" aparece únicamente en periodos electorales. Como ciertas aves exóticas o los cometas. Que llegan en determinados periodos y luego desaparecen. Cuando no hay elecciones, no permanecen, no existen, es una ausencia invisible. Pero llegado el momento de elegir, como el Ave Fénix renace desde las cenizas, se deja ver sin sombras, emergen misteriosamente abrazando vecinos y preguntando: ¿Cómo anda la familia? ¿Y el abuelo? ¿Ya qué edad tiene la niña? ¿Te acordás cuando... ? Lo notable es que hace cuatro años no recordaba ni su propio barrio, ni su calle, ni el número de la puerta de su casa.
La figura del "Funcionario/político ser acústico" es especial, su principal actividad consiste en producir sonidos. Habla entre cuarenta y cinco minutos y una hora de corrido. Dice trescientas palabras difíciles y no se equivoca. Respetuoso de la oralidad formal, de las palabras complejas y bien moduladas. Menciona siempre vocablos complejos como "transformación", "territorialidad", "paradigma" y "sinergia". Y al terminar uno descubre que entendió menos que al principio. Los sabios que estudiaron a esta figura en particular, advierten que el uso de algunas palabras políticas posee propiedades narcóticas. Y alertan a los estudiosos sobre el tema que escuchar "fortalecimiento institucional" durante varios minutos puede provocar sueño, confusión o deseos repentinos de mirar el celular.
Existe además una especie particularmente fascinante: "El Funcionario/político ser inaugural". Su hábitat natural son las cintas, las placas y las fotografías grupales. Algunos especialistas creen que podrían sobrevivir únicamente cortando cintas. Incluso en situaciones cotidianas. Imagino una escena doméstica:
-Papá, ya está lista la mesa para comer.
Y el funcionario responde: -Esperen un momento... falta el acto protocolar. Se acomodan los familiares frente a la mesa, de la misma forma que se acomodan todos en la Casa gubernamental. Porque la familia es importante, tanto en la mesa como a su lado haciendo política. Aparecen asesores. Alguien acomoda las sillas. Se escucha música. Hay un discurso de treinta minutos. Y finalmente se corta una cinta para ingresar al comedor.
Por ultimo aparecen en los estudios, el "Funcionario/político ser adaptado". Entre todos este "ser" es muy difícil de reconocer. Cuando rastreas su historial político e ideológico, te puedes percatar que su discurso es muy adaptable a cualquier escenario. Algo así al principio fundamental de la ética humana: "estos son mis principios, pero si no te gustan los cambio por estos otros".
Esta figura pudo haber sido miembro fundador de "acción revolucionaria radical" de los años 70. Lo podés encontrar disertando dentro de las filas de "por la Democracia siempre", de los años 80. Alzando las banderas de "Por la Patria primero" en los 90. En primera plana de las protesta de la década de los 2000, bajo el lema "Seremos más" y hoy dirige la cartera ministerial de políticas públicas del partido "Olvidemos todo". Lo más interesante es que cambia de bandera política, a la misma velocidad que aumenta los registros monetarios de su cuenta bancaria.
Sin embargo, detrás del supuesto "humor", existe una pregunta profundamente real, tal vez filosófica. ¿En qué momento la política dejó de parecerse a una herramienta para resolver problemas y empezó a parecerse a una obra teatral itinerante? Platón soñaba con gobernantes filósofos, nosotros evolucionamos el concepto: "tenemos filósofos del micrófono, pensadores del acto, poetas del anuncio, artistas de la conferencia y cambiadores de principios".
Quizás por eso el ciudadano jujeño desarrolló una sabiduría silenciosa: escucha, observa, calla y no suele sonreír. A la hora de ejercer su voto, simplemente no sabe si sostiene una boleta electoral o una boleta para una puesta en escena. Por ello cuando regresa a su casa y trata de entender, no sabe si: "pienso, luego existo" o simplemente, "existo y no debo pensar"... y ahí, frente a los cerros que rodean tanta belleza natural, recuerda que ayer fue 25 de mayo, y se pregunta: ¿Dónde están los próceres?
PD: Si alguno, se viera reflejado en este escrito, sépase que se hace con ese objetivo, cualquier similitud con la realidad no es pura coincidencia.
(*) Miguel Ángel Falcón Padilla, doctor en Filosofía.