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Todo tiempo pasado ¿fue mejor?

Jueves, 26 de marzo de 2026 00:05

"La frase 'todo tiempo pasado fue mejor' no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido". Ernesto Sábato, El túnel.

Durante los convulsionados años de mi vida universitaria de grado (1975 - 1981) en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, nos enfrentamos a muchos dilemas y circunstancias económicas, políticas y ecológicas, que de distinta manera mostraban un escenario complejo de cara al futuro.

Circunstancias distintas a las de hoy en día y que merecen algunas reflexiones de cara a lo que terminó sucediendo finalmente. Tomo cuatro instancias que vienen a mi memoria naturalmente, sin esfuerzo alguno de recordar, porque me han acompañado durante estos 50 años... de estos recuerdos surgieron a través del tiempo resultados, en muchos casos (y afortunadamente) en la dirección opuesta a lo que podríamos haber previsto en aquellos años, "cuando éramos tan pobres y tan felices..." diría Hemingway.

La crisis energética

La crisis del petróleo de 1973 comenzó a raíz de la decisión de la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (que agrupaba a los países árabes miembros de la Opep más Egipto, Siria y Túnez) con miembros del Golfo Pérsico de la Opep (lo que incluía a Irán) de no exportar más petróleo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra de Yom Kipur (llamada así por la fecha conmemorativa judía Yom Kipur), que enfrentaba a Israel con Siria y Egipto. Esta medida incluía a Estados Unidos y a sus aliados de Europa Occidental. El aumento del precio que este proceso desencadenó, unido a la gran dependencia que tenía el mundo industrializado del petróleo, provocó un fuerte efecto inflacionario y una reducción de la actividad económica de los países afectados. Este proceso nosotros lo vivimos con la clara convicción que el mundo del petróleo llegaba a su fin, surgieron ideas y libros sobre un nuevo orden mundial basado en la "quietud" de las poblaciones, el ferrocarril como el gran movilizador de gentes y productos por el mundo y el abandono de las rutas asfálticas. El avión era aún por aquellos años sólo para algunas élites y muy alejado de la intensa y bastante popular movilidad aérea de los días actuales...

El gobierno militar

El terrorismo de Estado en Argentina en la década del '70 fue un período convulsionado que culminó con la última dictadura cívico-militar autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", que gobernó desde el 24 de marzo de 1976 hasta la restauración de la democracia en 1983. Durante este tiempo el Estado aplicó un régimen de represión ilegal, violencia indiscriminada, persecuciones, tortura sistemática, desaparición forzada de personas, manipulación de la información y demás formas de terrorismo de Estado. Las dictaduras militares que ejercían el poder en la mayoría de los países de América Latina en esa década, unieron sus servicios de inteligencia para la persecución ilegal de activistas y opositores en los distintos países más allá de las respectivas fronteras. Esa estructura de gobierno dictatorial que pensábamos, llegó para quedarse, tuvo que traspasar el poder a la ciudadanía tras perder una guerra inconducente y trágica, iniciándose un proceso democrático, que con las consabidas dificultades perduró hasta nuestros días. Nada hace presumir un retorno a esos oscuros años, por más que se esfuercen algunos grupos en vincular decisiones democráticas con abusos de poder dictatoriales, minimizando en definitiva a estos últimos.

¡No es muerte es vida!

Una revista de importante circulación nacional publicó en aquellos años de la década del ´70 una portada donde se veía la selva en llamas bajo el título "íNo es muerte, es vida!" y más abajo se veía un plantín de pino como reflejo de los cambios que se venían en la región de la Selva Misionera. A partir de los años '70, con la promoción de leyes de incentivos forestales, se comenzó un proceso de expansión forestal con especies de coníferas en la provincia de Misiones que hoy alcanza unas 400.000 hectáreas de plantaciones forestales de rápido crecimiento. Esta política de forestación, con altibajos, se continuó hasta nuestros tiempos, ahora encarnada en la Ley Nacional 25.080 de Promoción Forestal. Paulatinamente se fue generando un escenario controversial acerca de la sostenibilidad de este modelo de producción forestal a gran escala, aunque se debe reconocer que la expansión forestal en Misiones representa sólo el 25% del cambio de uso del suelo (selva por espacios de intensificación productiva) en relación a otros cultivos como yerba mate, té, tabaco y desarrollos ganaderos que ocupan en conjunto el 75% restante de tierra cultivada provincial.

Sin embargo, hoy proponer el reemplazo de selva por plantaciones forestales es impensable, e incluso dejaría estos espacios productivos fuera de los procesos de certificación forestal que los consumidores reclaman. A la vez, los subsidios estatales que beneficiaron desmontes y plantaciones en aquella época, hoy no se aplican a áreas que provengan de deforestación. Adicionalmente, las empresas forestales mantienen en la actualidad importantes espacios selváticos como garantía de la sostenibilidad ambiental de la actividad, protegiendo eficientemente una proporción significativa de selvas.

Drenar el Iberá

En un Congreso Nacional de Ecología que se realizó en la Provincia de Corrientes en la década del ´70 un conocido técnico regional planteó la idea de drenar el Iberá a través del Río Corriente y en la superficie ganada a los esteros y bañados, realizar plantaciones de eucaliptus, lo que generaría importantes ingresos económicos a la provincia. Tal propuesta fue recibida con beneplácito por muchos participantes locales de dicho Congreso que aplaudieron de pie, ante la mirada absorta nuestra, noveles estudiantes universitarios de ecología y conservación de recursos naturales renovables...

Los Esteros del Iberá son un extenso humedal que abarca unos 13.000 km2 en la provincia de Corrientes, sólo superado en extensión por el Pantanal (brasileño, boliviano y paraguayo) con el cual forman el segundo humedal más grande del mundo, siendo parte de un sistema hidrográfico mucho más extenso: el macrosistema del Iberá, de cerca de 45 000 km2, en el que se desarrolla un ecosistema subtropical y tropical de enorme diversidad. Hoy una parte de dicho humedal se lo asocia con todo un programa de puesta en valor e impulso económico del humedal, basado en el ecoturismo, prácticas agropecuarias sustentables y restauración ecológica.

Cuatro ejemplos que muestran para donde parecía que iba el mundo en aquella -hoy lejana- década del ´70. Sin duda nuestros paradigmas actuales han cambiado y por supuesto enfrentamos nuevos dilemas, como la inestabilidad económica e inequidad social de nuestros países, el cambio climático impulsado por los combustibles fósiles y la necesidad creciente de compatibilizar las prácticas productivas con la conservación de la naturaleza. Sin embargo la historia reciente nos demuestra también que tenemos la capacidad para revertir tendencias, para encontrar nuevas alternativas y fundamentalmente para realizar esfuerzos colectivos, que más allá de muchos fracasos, generan un espacio creciente de articulación y proyección. Sin negar las dificultades del presente, debemos (creo) confiar más en nuestro presente y en nuestra capacidad para construir paulatinamente un mundo mejor. Tenemos esa capacidad y nuestro futuro sin duda depende de ello.

 

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