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POR MARÍA FÁTIMA CHAÑI
En estos días en nuestro país festejamos el Día de la Madre. Ello lleva inevitablemente a pensar no solo en nuestras madres, sea que estén presentes o ya hayan partido, sino también en que existen madres de tantos estilos diferentes en la realidad que traspoladas a las de la ficción nos llevan a preguntarnos por ejemplo ¿qué tienen en común Marge Simpson, Morticia Addams y Alex (de la serie de Netflix de "Las cosas por limpiar")? Sus estilos de crianza no podrían ser más distintos. También sus personalidades. Ni hablar de sus hijos y el vínculo que tienen con ellos. Ellas son madres, es cierto. Y, de cierta forma, representan un recorrido muy similar en la maternidad.
En Argentina, la mayoría de las mujeres somos madres. El 78% de las mujeres de entre 35 y 45 años convive con al menos un hijo. El 97% de los niños, niñas y adolescentes conviven con sus madres. Sin embargo esta mayoría de mujeres argentinas no llegan a la maternidad con el mismo recorrido. Existe una diversidad respecto del momento en el que son madres por primera vez, de las configuraciones familiares en las que viven, y de los recursos con los que se cuenta para criar a sus hijos, entre otros aspectos. Es enorme la multiplicidad que existe en la realidad acerca de las formas de experimentar la maternidad y de ejercer el derecho a cuidar.
Para muchas mujeres conciliar el estudio con la crianza fue una misión imposible ya que 4 de cada 10 madres que conviven con sus hijos en edad escolar no completó el tramo de escolarización obligatorio. Cuanto más jóvenes fueron madres y cuantos más hijos tuvieron, más improbable es que hayan terminado el secundario. El 60% de las mujeres que fueron madres en la adolescencia y el 55% de las madres de 3 o más hijos de hasta 17 años interrumpieron su trayectoria escolar antes de finalizar la secundaria. En contraste, más de la mitad de las mujeres que fueron madres después de cumplidos los 30 años accedieron a estudios de nivel superior.
El 70% de las madres en Argentina convive con el padre de sus hijos. Pero solamente 6 de cada 10 de ellas (61%) conforma una familia nuclear tradicional: una pareja que convive solo con sus hijos. El 22% de las mujeres que conviven con el padre de sus hijos se declaran jefas del hogar y el 16% restante convive con sus padres o los padres de sus parejas. Esta última configuración familiar es más frecuente entre las madres con bajo nivel de instrucción.
Pero, no podemos olvidarnos de las madres que crían solas pues 3 de cada 10 madres no conviven con el padre de sus hijos. Sólo una de cada cuatro de ellas cuenta con los ingresos de la cuota alimentaria.
La mayoría de las madres que no conviven con el padre de sus hijos formó una nueva pareja o residen con sus padres u otros familiares. Y, la realidad, es que lo más probable es que no pueda criar sola. Esta "madre soltera" es muy probable que conviva con sus padres (abuelos de sus hijos) o que forme una nueva pareja. En nuestro país, solamente 28% de las madres que no conviven con el padre de sus hijos encabezan el hogar sin el apoyo de otros adultos. La inmensa mayoría de ellas son mujeres con alto nivel de instrucción, trabajan en forma remunerada y acceden a ingresos suficientes para cuidar. El 43% de ellas suma la cuota alimentaria que aportan los padres de sus hijos al ingreso total del hogar, lo que no significa precisamente que puedan cubrir los gastos de los hijos con ese aporte.
Las políticas públicas tienen un enorme potencial para mitigar este impacto no deseado de la maternidad. El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento brinda tres ejemplos concretos en los cuales se podría avanzar: ampliar la red de espacios de crianza, enseñanza y cuidado gratuito y de calidad para los niños pequeños. Universalizar el régimen de licencias adaptadas a las diferentes configuraciones familiares y tender hacia un ingreso universal para que todas las familias con responsabilidades de cuidado cuenten con ingresos suficientes para cuidar.
Nos queda así el interrogante ¿se podría revertir parte de este impacto a partir de políticas que promuevan una mayor corresponsabilidad social en los cuidados y que posibiliten una distribución más equitativa en el trabajo no remunerado y remunerado entre varones y mujeres? Fuente: elaboración propia en base a Engho-Indec (2017-2018)
(*) María Fátima Chañi es abogada prosecretaria en el Juzgado de Violencia Nº 1.