Hace 66 millones de años, justo antes de que un meteorito pusiera fin a la era de los dinosaurios, un depredador bípedo recorría los bosques del extremo sur del actual territorio de la Patagonia argentina.
Sus restos permanecieron enterrados en la provincia de Santa Cruz hasta que un grupo de paleontólogos de Argentina y Japón los identificó como una especie que hasta el momento no se había descrito.
Su hallazgo en el extremo sur de la Patagonia reduce la brecha geográfica entre los dinosaurios raptores conocidos en Argentina y los registrados en la Antártida, donde existe otro posible miembro de la misma familia de los unenlágidos.
Era un dinosaurio de tamaño mediano, comparable a un ñandú grande de hoy, con una masa estimada en torno a los 27 kilos. Caminaba sobre dos patas, llevaba una garra curva levantada en cada pie y tenía dientes cónicos muy distintos a los de su famoso pariente del hemisferio norte, el velociraptor, que se mostró en la película Jurassic Park de Steven Spielberg, estrenada en 1993.
La nueva especie recibió el nombre Kank australis. “Kank” proviene de la mitología del pueblo originario aonikenk o tehuelche y hace referencia al “Ñandú anciano” que creó la constelación Choiols, conocida como la Cruz del Sur. “Australis” significa “del sur”, en alusión a la latitud donde los restos fósiles fueron encontrados.
Los resultados del estudio de los restos fueron publicados en la revista Journal of Vertebrate Paleontology por investigadores del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN), la Fundación Félix de Azara y la Universidad Maimónides de la Argentina y el Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la Ciencia de Japón, dirigidos por el paleontólogo Fernando Novas.
“La descripción de Kank australis es importante por varios motivos. En primer lugar, estamos sumando una nueva especie de dinosaurio unenlágido, una familia poco representada en el registro fósil ya que sus huesos son muy gráciles y delicados, por lo que son de difícil preservación", explicó en diálogo con Infobae el primer autor del estudio el doctor Matías Motta, del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados del MACN.
Por otra parte, aclaró: “Se hallaron únicamente dientes, vértebras y falanges, pero nos muestran que este dinosaurio, así como otros unenlágidos, se diferencian claramente de raptores del hemisferio Norte, como Velociraptor, por portar dientes cónicos y con pequeñas estrías a sus lados, y por tener vértebras del cuello con particularidades únicas".
Las características de Kank australis
Los estudios de los restos —vértebras, falanges del pie y dientes sueltos— revelaron rasgos únicos, entre ellos una vértebra cervical con tres pequeños orificios en su superficie inferior y una fosa profunda en la epipófisis —una protuberancia ósea en la parte posterior de la vértebra— ausente en cualquier otro unenlágido conocido.
El estudio también confirmó que Kank australis portaba la característica garra en el segundo dedo del pie, llevada levantada al caminar, y que sus dientes cónicos con estrías laterales lo alejan anatómicamente de los grandes depredadores del hemisferio Norte.
Tras la publicación, el doctor Motta resaltó: “El dinosaurio fue hallado en rocas del Cretácico Superior y esto es importante porque expande el registro de la familia de dinosaurios unenlágidos. Demuestra que ya estaba ampliamente distribuida en tiempos justo antes del impacto del meteorito hace 66 millones de años”.
Los ejemplares de la especie descripta habitaron en un ecosistema muy diferente a lo que hoy se puede observar en Santa Cruz. Era un lugar con ríos, lagunas y mucha vegetación, y allí se han encontrado también fósiles de ranas, tortugas, peces, serpientes, mamíferos, el dinosaurio carnívoro Maip macrothorax y el dinosaurio de cuello largo Nullotitan glaciaris.
Los investigadores reconocen que la escasez de material —solo dientes, vértebras y falanges— impide precisar con exactitud el lugar de Kank australis dentro del árbol evolutivo de los unenlágidos.
Sin embargo, destacaron que el descubrimiento expande el registro de los dinosaurios unenlágidos hasta el extremo sur de Sudamérica y tiende un puente geográfico entre los registros del norte de la Patagonia y los de la Antártida. Allí habría habitado otro posible miembro de la familia, que se llamó Imperobator antarcticus.
Los restos de Kank australis permanecen en préstamo en el MACN y, según contó Motta, “volverán pronto a Santa Cruz y formarán parte del repositorio del Museo Padre Molina de Río Gallegos”.
Además de Motta, el estudio fue firmado por Alexis Aranciaga Rolando, Sebastián Rozadilla, Federico Agnolín, Federico Brissón Egli, Gerardo Álvarez Herrera, Nicolás Chimento, Gastón Lo Coco, Takanobu Tsuihiji, Makoto Manabe, Diego Pol y Fernando Novas.