El incremento de la inflación en Estados Unidos, impulsado por las subas en los combustibles, obligó a los inversores a vender sus bonos de forma masiva. Esto elevó la tasa de interés del Tesoro americano al 4,66% anual, un movimiento que sacudió a los mercados globales. Ante un rendimiento más atractivo y seguro en el norte, los capitales abandonaron los activos de mayor riesgo, afectando incluso a opciones populares como el Bitcoin, que cayó por debajo de los 77.000 dólares, y al oro.
La Argentina sintió el impacto de este escenario internacional adverso, que además coincidió con la confirmación de que el cepo cambiario corporativo continuará vigente en el corto plazo. Los bonos soberanos locales sufrieron un retroceso leve, pero suficiente para hacer rebotar el riesgo país hasta los 547 puntos básicos. La peor parte se la llevaron las acciones de los bancos locales que cotizan en Wall Street, como Galicia, Macro y Supervielle, cuyas cotizaciones se hundieron entre un 5% y un 6% en una sola jornada.
A pesar de las turbulencias financieras, la dinámica cambiaria local se mantuvo aislada del problema. El Banco Central logró comprar otros 144 millones de dólares, elevando las reservas brutas por encima de los 46.000 millones. Hacia adelante, el Gobierno cuenta con el respaldo de la cosecha gruesa: los analistas estiman que aún restan ingresar unos 35.000 millones de dólares por exportaciones agrícolas antes de que termine el invierno.
Esta acumulación de reservas le permite al Tesoro asegurar los fondos para los vencimientos de deuda de 4.300 millones de dólares en julio, financiándose mediante el mercado local. No obstante, la suba de las tasas internacionales aleja la posibilidad de conseguir créditos en el exterior y enciende algunas alarmas entre los inversores de cara a los exigentes compromisos financieros previstos para 2027.