NORA RUIZ- ESPECIAL PARA EL TRIBUNO DE JUJUY
Hay manifestaciones que trascienden el tiempo y se transforman en el latido vivo de un pueblo. Eso fue exactamente lo que se vivió recientemente en el barrio San Cayetano de San Pedro de Jujuy, donde una feligresía multitudinaria y conmovida se congregó de manera gozosa para rendir honras al Patrono del Pan y del Trabajo. La solemne misa, oficiada frente a la capilla homónima, se consagró como una de las festividades religiosas más convocantes y potentes de toda la región, uniendo el clamor de miles de fieles que llegaron desde distintos puntos del departamento para encender sus velas y elevar sus promesas.
La celebración litúrgica tuvo un carácter profundamente regional al ser presidida por el padre Julián Stanfield, párroco de la cuasi parroquia Virgen del Valle de Palma Sola, quien viajó especialmente para acompañar el sentir sampedreño. Al mirar la marea humana que cubrió las calles del barrio, resulta imposible no recordar los orígenes de esta devoción. Lo que hoy es un hito masivo nació hace décadas, cuando el sector era apenas un incipiente poblado y los pioneros, hombres y mujeres que abrieron el monte a fuerza de coraje, celebraban la misa del santo en la intimidad de las casas de familia. Esa memoria histórica hoy da sus frutos en una comunidad que no olvida sus raíces.
Durante su profunda y sentida homilía, el padre Julián Stanfield tocó las fibras más sensibles de la realidad socioeconómica actual, conectando el mensaje del Evangelio con las mesas de cada hogar jujeño. "Hoy todos venimos a pedir a San Cayetano por el pan y el trabajo. En todos nosotros está la preocupación por tener el pan de cada día, por tener un empleo digno y por gozar de la salud necesaria para poder salir a trabajar; porque sabemos perfectamente que el trabajo es lo que nos da dignidad como personas y lo que hace que nuestra comunidad y nuestro pueblo crezcan", expresó el párroco con un tono cercano y pastoral.
Al desglosar la historia del santo patrono, Stanfield trazó un paralelismo histórico revelador sobre los orígenes de su misión. Recordó que cuando San Cayetano realizaba su labor pastoral en Nápoles, Italia, le tocó enfrentar una situación de profunda crisis, rodeado de numerosos enfermos y ancianos abandonados, contando con escasos recursos a su alcance. "Él fue el pionero en confiar plenamente en la providencia de Dios. Puso su trabajo en las manos providentes del Creador haciendo uso de los talentos otorgados por Él, intentó hacer lo que pudo con lo que sabía hacer. Por ello, los santos son ejemplos de cristianos como nosotros, que nos ayudan a poner en práctica las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo", explicó con precisión histórica.
En ese sentido, el párroco exhortó a la comunidad a no caminar en soledad. "No tenemos que olvidar lo mucho que perdemos si nuestros proyectos no quedan en manos de Dios, estamos perdiendo la ayuda del creador del cielo y la tierra. Él hizo todo partiendo de la nada. Después nos toca la tarea a nosotros, haciendo uso de nuestros talentos. Hay personas que ponen a disposición de sus hermanos todas sus cualidades y Dios pone el resto. Ese fue el secreto de San Cayetano: trabajar en equipo con Dios. Él hacía todo lo que podía e iba viendo en el camino cómo la Providencia completaba la obra".
Finalmente, el sacerdote destacó una de las máximas obras del Santo: "Él creó los bancos de caridad para ayudar a las personas. Y como la auténtica justicia consiste en darle a cada uno lo que verdaderamente necesita, comprendió que hay personas que lo necesitan todo, otras menos, y otras un poco menos. Así de exacto y humano era el trabajo de San Cayetano", detalló.
Acción y solidaridad
En el tramo más vibrante de su alocución, el padre Julián convocó a la feligresía a pasar de la contemplación a los hechos concretos. "Hagamos como hizo San Cayetano. Vamos a pasar a la acción con lo que uno puede hacer por otra persona. Trabajemos esa solidaridad de la mano de Dios, poniendo lo que nosotros podemos aportar, pero siempre aferrados de su mano. Y esto nos cabe sobre todo a los que tenemos una responsabilidad con la comunidad, porque la gente depende de lo que uno haga. Hay que renovar esas ganas de ayudar al prójimo con la guía del Creador, por la intercesión de San Cayetano, poniendo todo en manos del Señor en primer lugar y después seguir usando los talentos, los equipos y la gente que se nos acerca", instó con firmeza.
El párroco remarcó la importancia de una mirada integradora frente a las vulnerabilidades de la región, "debemos pensar y ver cuál es la mejor manera de atender todas las necesidades que observamos a diario, sean materiales, espirituales, afectivas u otras que proliferan por todas partes. Dios nos necesita a todos y nos asiste con su divina providencia. Hoy pidamos y hagamos también la promesa de que, por intercesión de San Cayetano, vamos a ofrecer nuestro tiempo, nuestros talentos y, si poseemos recursos, también los brindaremos para ayudar a quien lo necesite. Si nos multiplicamos, es impresionante lo que podemos lograr. Que todos nos unamos en esta tarea tan hermosa de llevar dignidad de vida a todas partes", concluyó.
El milagro compartido
Finalizada la santa misa, el sacerdote impartió la bendición solemne para luego dar comienzo a la tradicional y emotiva procesión. Llevada en andas, la sagrada imagen recorrió las calles del sector vecinal al son de profundos rezos, alabanzas y cánticos populares. Cabe acotar que al paso procesional se sumaron numerosas imágenes particulares que fueron portadas con devoción por los propios vecinos del barrio.
Como corolario de la celebración, el padre Julián Stanfield procedió a bendecir la gran cantidad de panes que acercaron los feligreses. En ese instante supremo, se vivió como siempre el milagro de la solidaridad, actuando como un signo inequívoco de prosperidad para luego compartir en comunidad, coronando una jornada que quedará grabada en las páginas de la fe del Ramal.